El saliente presidente se despide con un despliegue de símbolos, la reiteración de su denuncia de fraude electoral y la advertencia de una huelga general si se revierten sus reformas sociales

El presidente Gustavo Petro llegó este lunes, día nacional de Colombia, al populoso sur de Bogotá con un sombrero en las manos. La entrega de la icónica prenda del asesinado jefe guerrillero Carlos Pizarro a la hija de este, la exsenadora María José Pizarro, fue el gesto de apertura de su último discurso público como mandatario, uno cargado de muchos de los simbolismos que ha agitado a lo largo de sus cuatro años de gobierno. Acompañado de su gabinete y otros altos funcionarios, el mandatario anunció que sacará de la Casa de Nariño, el palacio presidencial, varias piezas representativas de la izquierda, y reiteró su narrativa no probada de un fraude electoral en las presidenciales de junio: “Descubrimos cómo fue el apoyo que brindó Netanyahu [el primer ministro de Israel] para imponerse sobre la libertad mayoritaria legítima de Colombia”, afirmó entre vítores. “Colombia pierde su soberanía el 7 de agosto”,

Petro sostuvo el sombrero que perteneció al último comandante de la guerrilla del M-19, a la que él perteneció, y que afirmó que “entró a la Casa de Nariño a firmar la paz y convocar la constituyente de 1991” junto al presidente liberal Virgilio Barco. También señaló, con algo más de retórica que de exactitud, que la entrega a la política lo salvaba de ser quemado en el mandato del ultraderechista Abelardo de la Espriella, que inicia el 7 de agosto. “Quemar la paz es volver a asesinar al candidato Carlos Pizarro”, declaró sobre quien era aspirante presidencial al momento de ser asesinado en un avión. El sombrero, dijo, “le pertenece al pueblo y a la paz”, y su hija lo conservará “hasta cuando la bandera de la libertad, de nuevo, se ice en la Casa de Nariño”.