Todo comenzó en silencio. Un apellido mal escrito, un viaje fugaz, una aparición sorprendente. Desde entonces, Lionel Messi construyó la carrera más fascinante en la vida de la selección argentina. Viernes 25 de junio de 2004. Una fecha cualquiera para tantos, pero especial para Messi. Y cómo imaginarlo, para un país futbolero también. Ese día la selección entró en su vida y él, en la de todos. Ese día, el desconocido catalán atravesó por primera vez el portón del predio de la AFA. Domingo 19 de julio de 2026, se apaga una fábula bordada de épica, un recorrido que nunca fue lineal porque obedeció a los temblores de un corazón que jamás aceptó resignase. Por eso la idea del final parece irreal, absurda. Engañosa. Porque nos muestra los bordes del desamparo. Otra vez en los Estados Unidos, y no es Boston sino en Nueva Jersey. Es Lionel y no Diego, los escenarios no pueden ser más diferentes. Pero la sensación de vacío de nuevo asfixia. Messi había desembarcado desde Barcelona hace más de dos décadas abrazado al operativo blindaje. Por él se jugaría un amistoso relámpago con Paraguay para espantar reglamentariamente cualquier esfuerzo de España por convencer al chavalito. Messi tenía 17 años, los había cumplido un día antes de aterrizar en el país que tiempo después lo tendría bajo sospecha. Él no cambió, terco y enamorado. Desde entonces, casi todos los 24 de junio que siguieron lo encontraron en la selección. Fueron seis mundiales, mil travesías, años de angustias, otros de resistencia y finalmente la redención. ¿Cómo explicarles a las emociones que esta historia se terminó? Las lágrimas de Messi, las lágrimas de un paísStephanie Scarbrough - APNo se despidió bicampeón. Hubiese sido sublime, el cuento de hadas en un punto de paroxismo. Se marcha por el pasillo inmortal después de mostrarse más terrenal que nunca: lloró por dolores íntimos y vergüenza deportiva, porque siempre sufrió la idea de decepcionar a alguien. Exagerados, los argentinos que lo sometimos a exámenes de todo tipo, en 2026 le pedimos lo imposible y él se las ingenió para regalar respuestas inexplicables. Nadie se quiere ir del lugar donde es feliz, pero el juego decide y el reloj es cruel.Será inevitable añorarlo porque ya todos saben que en el próximo Mundial no estará. En la selección, quizás, todavía se reserve algunos partidos. Dejemos al genio tenaz en paz, no apresuremos sentencias en el corto plazo porque a él siempre algo se le ocurrió para sorprender. En cambio, es inevitable remar contra el tiempo y, hasta para Messi, 2030 es una dimensión imposible.La Emoción De Messi De Cara A La Hinchada Argentina Tras La Final Del MundialNinguno perdió tanto, y no abandonó. De sus 207 partidos hasta hoy en la selección, necesitó recorrer 172 para coronarse campeón del mundo. Contra todo, y contra tantos, no se rindió. Y vale repetirlo ahora, cuando volvió a perder. Él, y todos con él para compartir la angustia. Porque su construcción reluce por Qatar 2022, claro, pero especialmente por un trayecto tapizado de sospechas que no lo desanimó. Discutirlo a Messi fue una imprudencia que la sensatez tardó más de lo aconsejable en reparar. Ahora todo se cubrirá de nostalgia y evocación. Reacciones naturales y merecidas, pero podríamos haberle ahorrado los disgustos.Ya no habrá mundiales, pero quizás Messi se reserve algunas actuaciones más en la selecciónMichael Regan - FIFA - FIFADiego Maradona se alejó de los mundiales de la mano de una enfermera. Culpa, sadismo, desconcierto. Vaya si las despedidas saben causar dolor. La selección ha retratado con insensibilidad el último paso de sus protagonistas principales. Con Messi, no.Su obra, luminosa por el fulgor de su talento, se volvió inmensa por la resistencia, por la perseverancia. Lealtad en la adversidad, que es el momento en el que los sentimientos se ponen a prueba. Nunca se conformó con lo suficiente y uno a uno pulverizó todos los prejuicios que lo rotulaban. Desde apático y amargo. Ahora que la eliminación es lacerante, ahora que la derrota contra esta España amante del pase es más honda porque incluye el adiós de Messi de los mundiales, conviene resaltar que la selección argentina alcanzó la cima por la infatigable obsesión de Messi. Dos décadas que cambiaron la historia. Esa misión merece una eterna gratitud. Prohibido olvidar: hubo años en los que Messi sostuvo a la Argentina en el mapa. Lionel Messi se lamenta sobre el césped del estadio de Nueva Jersey tras la derrota en la final (AP Photo/Yuki Iwamura)Yuki Iwamura - APDomesticó cada cruzada, convenció a un país. Las peores sensaciones de su carrera están asociadas con la selección. Él lo olvidó, pero en la Argentina silbaron a Messi. Nadie debió superar tantas pruebas, a nadie se lo llevó al límite como a él. La conquista de la Copa América de Brasil 2021 fue el salvoconducto al romance. Qatar 2022 desató la pasión para siempre. Finalmente trajo la Copa del Mundo al país, algo así como el único visado que lo cubría del destierro, y jamás hubo venganza. Nada postergó su fanatismo por el ser argentino, esa obsesión por representar a la gente. Por eso, también, las lágrimas. Cuando Messi empezó a jugar en la selección, el papa era Juan Pablo II, Rafael Nadal no había ganado ninguno de sus 14 Roland Garros, el hombre más rápido del planeta era Asafa Powell y todavía poco se sabía de un tal Usain Bolt. Valentín Barco y Nicolás Paz no habían nacido y Julián Alvarez iba al jardín de infantes. Contundente, ¿no? Messi, resumen de época. En esta Copa del Mundo estaba tan obsesionado como en todas, rebelde contras sus 39 años, vino a los Estados Unidos por el bicampeonato y no a recibir homenajes. Porque no ha perdido los súperpoderes ni colgará la capa, el futbolista no se retira. Messi y la selección, a través de los añosDel adiós hablaron todos, menos él. El adiós se anticipó y paralizó a un país cuando renunció en el invierno de 2016, y por suerte duró un suspiro. Esa vez a la Argentina la atravesó un escozor que le dejó enseñanzas. Después, se especuló con que la eliminación ante Francia, en Rusia 2018, había sido el cierre, pero él tenía otros planes. Menos mal. Nadie sabe muy bien si se cerró un círculo simbólico entre el chico anónimo que se marchó exiliado a Barcelona a principios de siglo y el hombre convertido en un patriota por su pueblo. En leyenda. Sí se acabó la estela mundialista, con todos los récords posibles que precisamente a él nada le importan. El mito flameará por siempre en cada bandera, pero ¿no estará en la cancha vestido de selección? Quizás haya nuevas funciones, pero ya no otro Mundial. La historia acaba de vivir un quiebre, nada será igual. El héroe pasa a ser centinela de una gran enciclopedia que deja de escribir. Trazos que no podrán borronear ni tantas lágrimas de emoción. Selección argentinaMundial 2026El fenómeno Messi
Entre los laureles de Lionel Messi asoma una sensación de vacío que asfixia
No habrá 2030 para el mito, que se marcha por el pasillo inmortal después de mostrarse más humano que nunca














