La coreografía se ha repetido con la pompa y precisión de la que siempre hacen gala los británicos. Andy Burnham ha llegado al palacio de Buckingham este lunes, donde Carlos III le ha encargado la formación de un nuevo Gobierno. Oficialmente, en ese momento el exalcalde de Mánchester se ha convertido en primer ministro del Reino Unido, el séptimo de la década que inauguró el Brexit.Decenas de colaboradores, familiares amigos esperaban ya al nuevo inquilino y su esposa en Downing Street, la histórica calle londinense donde se encuentra el número 10, la residencia y lugar de trabajo oficiales del jefe de Gobierno del Reino Unido.Burnham y Marie-France Van Heel han intentado saludar a todos los que aplaudían su llegada, antes de pronunciar en medio de la calle (sin atril, haciendo gala de un estilo que pretende ser más natural y espontáneo) su primer discurso como primer ministro.“Soy muy consciente de que soy el séptimo primer ministro desde 2016, por lo que este debe ser un momento de reflexión y de nueva determinación. Nuestra generación de políticos debe elevar su nivel y ponerse a la altura de los nuevos retos. El Reino Unido necesita demostrar al mundo que podemos reconquistar nuestra estabilidad. Ese es nuestro desafío”, anunciaba Burnham en sus primeras palabras. Burnham quería dejar claro que el Reino Unido vive un momento que no debe ser de triunfalismo sino de reflexión y honestidad, y señalaba sus dos prioridades, anticipadas durante las últimas semanas: recuperar la confianza de los ciudadanos en el Gobierno y darles “más espacio para respirar”. Se refería con esto último a la necesidad de aliviar las presiones del coste de la vida que agobian los bolsillos de los británicos. “Ayudaremos a que más jóvenes accedan a un empleo, cambiando el sistema educativo y ofreciéndoles más apoyo; construiremos más viviendas sociales”, anunciaba Burnham. “Ayudaremos a la gente a vivir mejor y construiremos un Estado más previsor, que invierta más en ayudar a las personas a tener éxito que en pagar sus fracasos”, explicaba el nuevo primer ministro, consciente de que necesita cuanto antes desplegar políticas concretas y tangibles, para sostener todas las expectativas generadas con su designación como primer ministro.“Mi primera orden será la de poner fin al hecho de que haya tantas personas durmiendo en la calle. Se trata de situar en el corazón del Gobierno los principios estándares correctos. Y de situar el cuidado de las personas en el centro de todo lo que hagamos”, ha prometido Burnham.Promesas a corto y largo plazoEl exalcalde de Mánchester, la gran esperanza del Partido Laborista para frenar su acelerado declive en las encuestas electorales, es consciente, como dice la expresión anglosajona, que “debe hacer contacto con el suelo sin dejar de correr”. Por eso ha desplegado esa batería de promesas a corto plazo, junto al propósito de elaborar en lo que queda de 2026 un plan para una década, capaz de dar la vuelta a la situación que vive el Reino Unido.“Un nuevo modelo político y un nuevo modelo económico”, ha anticipado Burnham en un discurso ambicioso, que no daba la sensación de que el partido con mayoría parlamentaria hubiera cambiado de líder sino más bien que hubiera ganado las elecciones y obtenido un nuevo mandato.El recién designado primer ministro recuperaba a las puertas de Downing Street su idea motriz durante sus años como alcalde y como político: revertir los daños de cuatro décadas de neoliberalismo impuesto por la revolución conservadora de Margaret Thatcher.“En los ochenta, el Reino Unido vivió una serie de giros erróneos. Se centralizó el poder político, se privatizó el poder económico y fueron desindustrializadas amplias partes del país que todavía no se han recuperado. Muchos creen que sufren un declive del que no se han recuperado, y que no tienen la capacidad para darle la vuelta. Por eso debemos cambiar la política, para hacerla más colaborativa y menos competitiva”, ha proclamado.El padre de Burnham, Roy Burnham, será la única persona de su entorno afectivo que nunca sabrá que su hijo se convertía este lunes en el 59º primer ministro del Reino Unido. Sufre de la enfermedad de Alzheimer, y por eso el nuevo jefe de Gobierno ha situado como una de sus prioridades la mejoras de la atención a la dependencia. Su madre, Eileen, estaba entre los presentes en Downing Street, y el abrazo entre ambos, antes de que el político entrara definitivamente en su nueva residencia, ha sido el más largo de todos.Apenas hora y media antes, de la mano de su esposa, Vicky Starmer, su predecesor se despedía de las decenas de colaboradores que le aplaudían en las puertas de Downing Street. “El Reino Unido es hoy un país más fuerte y más seguro que hace dos años”, ha defendido Keir Starmer en el mismo atril que usaría poco después su sucesor. “Mi trabajo ha terminado. En seis años y medio, tomé las riendas de nuestro partido [laborista] tras una derrota histórica en 2019, lo cambié para que resultara aceptable de nuevo para el país y ganamos con una victoria arrolladora las elecciones generales de 2024″, ha defendido Starmer, después de asegurar que se va con una sonrisa y orgulloso de sus logros.