Cinco días y cuatro noches después, los evacuados por el incendio de Orés (Zaragoza) han empezado este lunes a volver a sus casas. Más de un millar de vecinos, de cinco pueblos de las Cinco Villas zaragozanas y uno de Navarra, tuvieron que ser desalojados ante unas llamas sin control que cercaban peligrosamente sus municipios. La lucha contra el fuego ha sido a brazo partido y hasta este lunes, las autoridades no se han atrevido a dar este paso. El domingo por la tarde, el incendio se dio por estabilizado, tras afectar 15.700 hectáreas y arrasar 14.400 en un perímetro de casi 80 kilómetros. “Lo hemos decidido ante la previsión meteorológica y tras conocer la opinión del director de Extinción”, explicaba tras la reunión del centro de crisis el consejero de Emergencias del Gobierno de Aragón, Roberto Bermúdez de Castro. La vuelta será escalonada, en función de las condiciones de los municipios. Los vecinos de Luesia, Uncastillo y Malpica de Arba son los primeros en poder volver. “Estos pueblos ya tienen agua, luz y todos los servicios básicos, por tanto pueden volver ya”, anticipaba este responsable, quien añadía que los de Asín y Orés tienen que esperar unas horas más “porque están unidos por una carretera interior atravesada por el fuego y ahora hay que revisarla”. Pero al final de la mañana ya se ha dado la luz verde a que puedan volver a sus hogares. Todo está siendo coordinado por los trabajadores sociales de la comarca y la Cruz Roja, especialmente el regreso del centenar de abuelos que tuvieron que ser trasladados de cuatro residencias de la zona a un centro de Zaragoza. Ellos tendrán que esperar para volver, después de ser evaluada su salud y la situación de sus residencias. La de Asín, por ejemplo, quedó afectada por las llamas. El fuego entró en el casco urbano y alcanzó a 10 viviendas. Por todo esto, esta vuelta tiene, además, un gran componente emocional. María Luisa fue la última en salir de Luesia. “Recibí el ES-Alert en el móvil, pero mi marido no llegaba del trabajo, y no sabía qué hacer con dos niños pequeños, de nueve y seis años. Fue un susto enorme”, relata. Ella y su familia han estado realojados en el polideportivo de Ejea de los Caballeros, donde no les ha faltado de nada, agradece, pero las horas se les “han hecho eternas”. “Yo no me quería ir ―reconoce Antonio, de Orés― porque nunca quieres abandonar tu casa, pero la Guardia Civil nos obligó”. A Nati, de Malpica de Arba, no le produjo tanta impresión cerrar su casa, “al ver que todos se iban, pero dejar el pueblo, sí”. Por eso, el dispositivo cuenta también con psicólogos y trabajadores sociales como Elisa Causín, de la comarca. “Vamos a hacer un primer apoyo, y también valorar necesidades a futuro”, explica. Y eso es precisamente lo que le preocupa al alcalde de Orés, el municipio donde empezó todo, presuntamente por la chispa de una cosechadora. Paco Auría, edil, vecino y también desalojado, habla con pena y con preocupación: “El miedo es el mes que viene, porque somos un pueblo pequeño, con pocos recursos, la mayoría agrícolas, y los campos se recuperarán, pero el entorno se va a perder, las especies cinegéticas ―aquí la caza es importante― también, por eso al trauma de ver todo abrasado, nosotros añadimos una pregunta, ¿y ahora qué?”. Y se encoge con impotencia y pide una reflexión, “una pensada”, y que “expertos de esto ayuden a los que legislan para ver qué medidas hay que tomar para evitar incendios como este, que por una chispa acaban desalojando cinco pueblos de Aragón y hasta un pueblo de Navarra”. La alcaldesa de Ejea de los Caballeros, Teresa Ladrero, también abunda en esta línea y pide reflexionar por “lo que esté por venir” y porque “hay que dar viabilidad al territorio, pero cambiando de modelo, hay que evitar incendios como este que son monstruos”. Pero todo esto irá después. Ahora, en esta vuelta a casa, la preocupación inmediata de Willy, que lleva con su socia el albergue en la localidad de Uncastillo, es saber qué ha pasado con la luz en su pueblo, también evacuado. “Tenemos seis congeladores y una cámara muy grande que justo llenamos de comida antes de la evacuación”. Tenían reservas para estos días que también tuvieron que anular. Con más alivio empiezan la semana los agricultores, tras todos estos días de intensa colaboración en la extinción del incendio labrando campos, haciendo cortafuegos y defendiendo cascos urbanos. Sus tractores se convirtieron en fortaleza, como el de Jorge Giménez, que acudió con el suyo desde Sádaba: “El primer día acudí con la cisterna cargada de agua y labramos al lado del fuego, es lo mínimo que se puede hacer”. No es el único que ayudó: el incendio desató una importante reacción de solidaridad. Ana Cristina Diez, de Ejea, puso en las redes su oferta para hacerse cargo de animales afectados por el incendio y las evacuaciones:“Pusimos el anuncio y enseguida empezó a llamar gente, nos trajeron hasta siete caballos y varios perros”. Volver a la normalidad y conseguir que todo vuelva a su sitio no será cuestión de días. Y más lento será rebajar el impacto emocional provocado por el fuego. “De todos los evacuados ―explicaba Eva Seros, del grupo de intervención psicológica de emergencias y catástrofes del colegio de psicólogos de Aragón― los que peor lo han pasado son los adolescentes”. Serós ha estado apoyando a los evacuados en el polideportivo de Ejea de los Caballeros, y explica que “a los jóvenes que tienen sentimiento de grupo y de pertenencia les afecta mucho ver su monte calcinado”. “Han sufrido mucho”, reitera.En horas se desalojaron, la semana pasada, hasta cinco núcleos urbanos por este incendio, más de un millar de personas que este lunes empiezan a volver a sus casas. Pero el Gobierno de Aragón recuerda que este acceso está restringido exclusivamente a las personas desalojadas, a los servicios de emergencias y a las empresas suministradoras de servicios esenciales. Y a los vecinos les solicita que, cuando vuelvan, permanezcan dentro del pueblo, ya que el operativo continúa trabajando en la zona para garantizar la seguridad. Esto no ha terminado y Aragón entra también esta semana en ola de calor, como el resto del país.
Los evacuados del incendio de Orés vuelven a casa
Un millar de personas de cinco pueblos de Zaragoza y uno de Navarra ha permanecido desalojado desde el miércoles por culpa de un fuego que ha arrasado más de 14.000 hectáreas










