Cuando un hijo nace es habitual oír en más de una y dos ocasiones la frase: “Aprovecha ahora, que crecen muy rápido”. Muchos padres no son conscientes de ello hasta que la realidad les da la razón a todas esas personas: el tiempo pasa volando y el bebé se ha convertido en todo un adolescente con opiniones propias y una personalidad ya formada. No podemos frenar el ritmo de crecimiento de nuestros hijos. Está sucediendo, y lo hace más rápido de lo que a la mayoría de padres les gustaría. Pero sí podemos elegir cómo reaccionar ante todo esto.

A menudo, esta transición nos coge desprevenidos. Muchas veces, el deseo de que avance y, al mismo tiempo, de que se quede en el pasado, hace que la paternidad sea agridulce. “Aceptar que los hijos se hacen mayores cuesta porque implica un cambio importante en las bases de la relación”, explica María Palau, doctora en Psicología. “Durante muchos años, el papel está muy ligado al cuidado, la protección, la organización y la toma de decisiones; cuando empiezan a ganar autonomía, ese rol cambia y ya no precisan de sus padres de la misma manera, aunque los sigan necesitando”, añade la psicóloga.

Por qué cuesta tanto aceptar que los hijos se hacen mayores