Farmacéutico, bioquímico y experto en gestión, Eudald Parera Riera ha hecho de la incertidumbre su materia prima. En Inteligencia antifrágil (LID Editorial) condensa un cuarto de siglo de formación directiva con su método UEOIA, que enseña a “convertir el caos en fortaleza”. “Mi propósito es ayudar a que la fragilidad no sea un destino, sino un punto de partida para volverse más fuerte”, resume. Frente a un país que envejece aceleradamente, Parera propone pasar del miedo a la acción con comunidad, propósito, aprendizaje y opciones concretas.Colaborador en Harvard Deusto y arquitecto de Competencias Antifrágiles, traslada su marco al gran reto demográfico: vivir más y mejor. “La edad no cierra puertas: te da llaves nuevas si entrenas tu antifragilidad”, asegura. Su diagnóstico es que la fragilidad geriátrica, que disminuye la reserva fisiológica y funcional, es dinámica y potencialmente reversible. Su receta consiste en ejercicio de fuerza, nutrición adecuada, estimulación cognitiva, vínculo social y una mentalidad que “reprograma la respuesta al estrés”.Parera insiste en medir y entrenar. “Vivir más no basta: hay que aprender a reconfigurarse”, destaca, y defiende que la incertidumbre actúa como gimnasio. Pequeñas dosis de reto mejoran la flexibilidad cognitiva y la autoestima. También reivindica el papel cívico y económico del talento sénior y combate el edadismo. “Un equipo diverso en edad es un equipo antifrágil, que tiene memoria, experiencia y frescura para innovar”, afirma.Su libro se lee como un manual de navegación para la segunda mitad de la vida que combina neurociencia, casos reales y recomendaciones aplicables a lectores de 55, 60 o más. “La fragilidad no es una etiqueta definitiva; es una fase que puede revertirse si hay entrenamiento, propósito y red”, comenta. Y deja un mensaje en positivo: “La edad es solo un número, el límite lo pones tú”.En su libro Inteligencia antifrágil, usted plantea que la antifragilidad permite crecer ante la adversidad. ¿Cómo puede aplicarse este concepto al proceso de envejecimiento?El envejecimiento, como el sistema inmune tras una infección superada, puede fortalecernos. Aunque la fuerza física a veces disminuya, acumulamos aprendizajes, experiencias y una intuición forjada por los años. Es pura antifragilidad: abuelos que enseñan a nietos, comparten sabiduría o inician proyectos nuevos. Conozco a mayores que, tras sentir el “ya no sirvo para nada”, crean talleres y contribuyen a su comunidad. Pero para que esto ocurra, hay que evitar la soledad no deseada. La antifragilidad se construye en comunidad y es motor de vida en la etapa del envejecimiento.¿La neuroplasticidad puede ayudarnos?Sí. La neuroplasticidad compensa la pérdida de neuronas con nuevas conexiones, como un árbol dendrítico que crece más robusto. La clave está en reconfigurarnos para mantener un propósito, seguir aprendiendo y compartiendo. La jubilación y el envejecimiento no son el final, sino una etapa de opcionalidades: voluntariado, lectura, escritura, cursos... Las circunstancias cambian, la incertidumbre acecha, pero entenderla y aceptarla es amar la vida y así los cambios no nos rompen; aceptarlos desde distintas perspectivas nos hace antifrágiles, sabios y vivos.La antifragilidad se construye en comunidad y es motor de vida en la etapa del envejecimientoEudald Parera RieraLa fragilidad en el adulto mayor suele entenderse como una pérdida inevitable. ¿Hasta qué punto considera usted que esa fragilidad puede ser reversible desde un enfoque antifrágil?La fragilidad es un proceso dinámico y potencialmente reversible en fases iniciales. Mi propuesta es entrenar la inteligencia antifrágil y desarrollar la capacidad de crecer desde las dificultades. Vemos que programas de fuerza en residencias reducen caídas en un 30%, usar apps de estimulación cognitiva mantiene la mente ágil, o cuando un mayor ve su limitación, por ejemplo la pérdida de audición, lo vive como un reto y no como una derrota; busca soluciones (audífonos, lenguaje de signos) que, a su vez, mejoran su autoestima y red social. Y la participación social protege del declive. Pero hay que salir del sofá. La antifragilidad no es teoría, es acción medible.Muchas personas, al llegar a la madurez, empiezan a experimentar miedo: a la enfermedad, a la dependencia, a la pérdida. ¿Cómo propone usted reprogramar esa respuesta emocional?El miedo se dispara por sesgos de negatividad, sensación de pérdida de control y falta de modelos de vejez activa. Reconocer los miedos es muy sano; de hecho, suele desmitificar su gravedad. Aconsejaría hacerse una serie de preguntas: ¿A qué le tengo miedo exactamente?, ¿es racional o está basado en suposiciones?, ¿puedo compartirlo, con quién?, ¿me va a destruir o me está preparando para ser más fuerte? Desde la inteligencia antifrágil reencuadramos el escenario, aprendemos del error de tener miedo, diseñamos pequeñas exposiciones al cambio y creamos red. El antídoto del miedo es la acción con propósito.Lee también¿Cree que el envejecimiento puede convertirse en una etapa de fortalecimiento personal si se desarrollan las competencias antifrágiles adecuadas?Absolutamente. La vejez no es una enfermedad, es un momento con gran potencial antifrágil. Un abuelo mentoriza, una maestra publica su primer libro, un equipo sénior co-crea soluciones digitales. Hablamos de mentalidad de crecimiento, ingenio conectivo y creación de opcionalidades. Sin la presión laboral, se puede dedicar tiempo a aprendizajes significativos. Proyectos como escribir memorias o mentorizar a jóvenes dan un sentido trascendente que reduce la falsa percepción de poca utilidad. La sabiduría acumulada permite conectar ideas de forma única. Solo hay que entrenar un poco.Desde su modelo UEOIA, ¿qué herramientas concretas pueden ayudar a una persona sénior a gestionar la incertidumbre?El modelo UEOIA es un entrenamiento diario, con varios pasos. Aprender algo hoy, extraer lecciones de un error pasado; inventar o conectar ideas; diseñar planes, implementar y actuar. Tradúzcalo a microhábitos. Aprender a usar una app, conectar dos lecturas, pensar alternativas de vivienda si la salud cambia o poner en práctica un pequeño reto semanal. En definitiva, el objetivo sería cómo me reconfiguro cognitiva y conductualmente para pasar de abuelo cascarrabias a abuelo mentor.Compartir y disfrutar es más beneficioso para la salud de lo que parece. Unai Huizi¿Cómo influye el estrés crónico en el envejecimiento y de qué manera su método ayuda a transformarlo en una ventaja adaptativa?El envejecimiento es una etapa natural de la vida, pero hay que cuidarse del estrés crónico, pues es puro cortisol a porrón. Ello significa más inflamación, artrosis o deterioro cognitivo. Pero el ‘estrés bueno’, dosificado, es un gimnasio; practicar algo nuevo, variar rutas, debatir ideas o retos físicos seguros. UEOIA canaliza esa exposición controlada, fortaleciendo resiliencia y flexibilidad cognitiva. La incertidumbre deja de ser amenaza para convertirse en maestra.Usted habla de anticipación y creación de opciones. ¿Cómo puede una persona en edad madura seguir generando oportunidades sin limitarse por la edad?La edad no cierra puertas, incluso le da llaves si cultiva red, curiosidad y tiempo. Piense en mentoría sectorial, docencia, divulgación local, proyectos comunitarios. La ecuación es experiencia más propósito más pequeñas apuestas. Un sénior puede liderar talleres de jardinería urbana o de asesoría digital. Lo esencial es diseñar opciones y testarlas en corto. ¿Conoce la historia del Coronel Sanders? A sus 65 años y con una pequeña pensión, gracias a probar, experimentar y un propósito claro, creó el imperio KFC.Conviene rascar las creencias y hay que transformar el fanatismo por lo joven o contra los viejosEudald Parera RieraEn su experiencia, ¿qué pesa más para la longevidad con calidad: biología o mentalidad?La biología marca límites; la mentalidad define el recorrido dentro de ellos. La evidencia de estilos de vida y zonas azules sugiere que hábitos y actitud tienen un peso determinante. El ikigai, tener propósito, importa, pero debe aterrizarse en conductas antifrágiles, como aprender, moverse, socializar, crear opciones. La epigenética nos recuerda que el entorno y la práctica modifican la expresión y nos permite entender que las personas que desarrollan la mentalidad de crecimiento tienen mayor densidad de materia gris.¿Qué hábitos diarios recomendaría a un mayor para desarrollar resiliencia, o incluso antifragilidad?Seguir una rutina breve y constante. Por la mañana, 7 minutos de movilidad o tai chi en silla y un gesto simbólico de apertura. Cada día, un microaprendizaje; cada semana, una conexión creativa entre dos temas; cada mes, un reto nuevo. Socialice a propósito: grupo de lectura, paseo compartido. Y practique UEOIA: aprender, extraer, inventar, optar, actuar.Lee también¿Cómo pueden las organizaciones apoyar a sus profesionales sénior para que no se sientan frágiles, sino valiosos?Lo primero es desmontar el edadismo. Conviene rascar las creencias y hay que transformar el fanatismo por lo joven o contra los viejos. La nueva idea es que un equipo con diversidad de edad es antifrágil. Propongo parejas sénior-júnior para innovación, formación digital para mayores de 50, espacios de mentoría previa a la jubilación y métricas claras. Que haya un tanto por ciento de séniors en proyectos estratégicos, retención, satisfacción. El modelo UEOIA se puede aplicar a planes de desarrollo individuales y de equipo. Hay ejemplos reales de BBVA, L'Oréal, Cisco y otras, como en el caso de Microsoft, con Satya Nadella. Tras asumir el liderazgo, impulsó una cultura de mentalidad de crecimiento, lo que llevó a que el 60% de los empleados mayores de 50 años se sintieran contribuyentes en temas de innovación, según una encuesta interna.¿Considera que la sociedad actual fomenta una visión demasiado negativa del envejecimiento? ¿Cómo cambiar el relato?Sí. Necesitamos campañas que muestren modelos reales de vejez activa y políticas que incentiven contribuciones sénior. El mensaje es simple: ‘La edad es un número, el límite lo pones tú’. Dejar de glorificar lo joven por defecto y apostar por comunidades donde el sénior es motor de cohesión, productividad y cultura. Los mayores deben empezar a sentir lo que son: una parte importantísima de la sociedad. En dos años, más del 25% de la población será sénior y la economía y la política dependerán de los mayores antifrágiles, capaces de protestar, de votar, de ser un poco disidentes con una sociedad que polariza, engaña y en algunas ocasiones menosprecia. Se puede hacer mejor.En dos años, más del 25% de la población será sénior y la economía y la política dependerán de los mayores antifrágilesEudald Parera RieraEn términos de liderazgo personal, ¿qué aprendizajes clave deberían incorporar las personas al llegar a la segunda mitad de la vida?En mis clases de liderazgo, siempre digo que un buen líder no es el que tiene todas las respuestas, sino el que hace las preguntas correctas. En la madurez, eso es aún más cierto. En realidad, es el momento del liderazgo más consciente, de mayor libertad (no económica), donde la experiencia se combina con la sabiduría para crear impacto. Hay que formular mejores preguntas, como ¿qué quiero aprender ahora?, ¿cómo puedo impactar?, ¿qué opciones de reinvención tengo?, ¿cómo gestiono miedo y salud?, ¿qué cambio empiezo hoy? Es un liderazgo orientado a legado y sentido. Plasmar por escrito su Plan de Liderazgo Antifrágil facilita pasar de la intención a la acción.¿Cómo se entrena la capacidad de adaptación en edades avanzadas, cuando los cambios se viven como amenaza?Empecemos por sustituir el concepto cambio-amenaza por evolución y progreso. El problema aquí no es solo para mayores, sino para todas las edades. El World Economic Forum cita la adaptabilidad como una de las competencias más demandadas, y personalmente he estudiado y escrito sobre el tema y, tras años de experiencias, confirmo que es una urgencia que, además, no basta.¿Habría que adaptarse?Adaptarse es ajustarse y eso no es lo que conviene a la sociedad; quizá a una organización puede serle útil en un momento determinado, pero no para un líder, ni para una organización del futuro, y menos para los séniors. No podemos quedarnos allí. Hay que ir más lejos, necesitamos adaptarnos activamente, ser antifrágiles. Es cierto, primero seamos adaptables descubriendo espacios ricos de aprendizajes y prosperidad y, a continuación, reconfigurarnos cognitiva y conductualmente para rediseñar nuevos futuros.Usted habla de convertir el caos en fortaleza. ¿Qué ejemplos le han inspirado en mayores?Una mujer inuit me lo enseñó; fue el punto de ignición que generó el manuscrito de la Inteligencia Antifrágil. No era muy mayor, pero en las condiciones que tuvo que superar se convirtió para mí en un paradigma. Luego busqué en muchas biografías y referentes actuales, muchos de ellos sénior. Desde casos históricos a experiencias cercanas. Docentes que publican a los 70, ingenieros jubilados que crean cooperativas tecnológicas, mayores que lideran talleres en su barrio. El patrón es común: propósito, red, pequeñas apuestas y la decisión de aprender. ‘Nunca es tarde para empezar’ deja de ser lema y se convierte en práctica. La clave está en la exposición controlada a la incertidumbre y en la voluntad de aprender.Tener un propósito vital es crucial en la jubilación. feliks szewczykLa fragilidad en el adulto mayor es un síndrome geriátrico caracterizado por menor reserva fisiológica y mayor vulnerabilidad. ¿Es reversible?En etapas iniciales, sí, especialmente si abordamos ejercicio de fuerza, nutrición, estimulación cognitiva y participación social. Desde la Inteligencia Antifrágil aportamos el ‘cómo’: estructurar aprendizajes, extraer lecciones, conectar recursos, abrir opciones y actuar en comunidad.Si tuviera que dar un mensaje a quienes sienten que la edad les vuelve más vulnerables, ¿cómo les explicaría usted que también puede ser una oportunidad para volverse más fuertes?Esa pregunta también me la formulé en mi etapa de transición. Gracias por la posibilidad de decirles a los séniors que, entrados en estas nuevas etapas, la edad y el número no deciden, que seguimos decidiendo nosotras y nosotros. Son años de nuestras vidas que, en las privilegiadas sociedades en las que vivimos, pueden ser de aprendizajes, de creatividad, tiempos para desarrollar nuestros potenciales poliédricos, de saber que la incertidumbre, ontológica, no debe darnos miedo. Cierto que no podemos ir en contra, pero sí transformarla, respirarla como ventanas abiertas al aprendizaje y crecimiento compartidos. E insistiría en que no basta con adaptarnos y ser resilientes; es necesario desarrollar esta inteligencia antifrágil para seguir progresando y prosperando. Es nuestra vida, nuestra oportunidad.