Charity y SilviaTillie WaldenTraducción de Eva Reyes de Uña. La Cúpula, 2026. 276 páginas. 29,90 eurosA través de cartas y documentos reales, Walden reconstruye la historia de Sylvia Drake y Charity Bryant, una pareja lesbiana en el Vermont de principios del XIX. Juega con la literatura decimonónica americana para trasladar al cómic un relato que conjuga a la perfección el espacio íntimo con el contexto histórico, mostrando el paso del tiempo en los rostros de sus protagonistas mientras evita la mirada dramática centrándose en ese triunfo silencioso de la belleza de lo cotidiano, que no elude confrontar su valentía con las dudas que la educación recibida les impone, pero que sabe deshacer la crudeza gracias a la calidez que desprende su relación. Un discurso de esperanza desde un panorama histórico de la percepción LGTBIQ+.Bardín el superrealistaMaxLa Cúpula, 2026. 168 páginas. 26,50 eurosEl Premio Nacional de Cómic se estrenaba reconociendo una nueva vuelta de tuerca en la obra de Max, autor referente del underground que supo protagonizar una evolución fascinante a través de los estilos para crear este particular personaje, en el que se funde la innovadora aproximación de Chris Ware a la historieta con la tradición más cáustica de la Bruguera de los años cincuenta, de los Conti, Nadal, Cifré, Vázquez o Peñarroya que compartían desde las viñetas el espíritu burlón azconiano. Desde la línea pulcra, Bardín se sumerge en el surrealismo daliniano para salir a respirar reconvertido en maestro del absurdo desde cuya lógica filosófica expone las contradicciones y vergüenzas de esta sociedad y cuyo humor desemboca en esa lectura inteligente que no tiene miedo al desafío.Sangre de barrioJaime Martín Norma, 2026. 192 páginas 35 eurosNecesaria reedición recopilatoria de una obra que, desde las páginas de la revista El Víbora supo seguir el ejemplo de autores como Carlos Giménez y Alfredo Pons para relatar la vida cotidiana de la juventud de los arrabales de una Barcelona preolímpica, de ese purgatorio de la periferia donde las drogas, el paro y la prostitución convivían con la música y el cómic como evasión. Retrato veraz de unas tribus urbanas que protagonizaban el sentimiento de pertenencia antes de la llegada de las redes sociales, que habla de supervivencia cuando el “no future” parecía real y cercano, sin condescendencia pero manteniendo la dignidad desde una conciencia de clase que se cantaba en los conciertos. Casi 40 años después, una clase de historia que no aparecerá nunca en los manuales.ParaísoPark Kun-WoongTraducción de Alba Verea. Tengu Ediciones, 2026. 456 páginas. 38 eurosCada nueva entrega de la obra de Park Kun-Woong lo consolida como una de las voces más sugerentes del cómic coreano, instalado en la compleja tarea de reivindicar la memoria histórica de Corea del Sur dando voz a los olvidados de diferentes tragedias que marcaron el país. Sin embargo, el dibujante opta siempre por una lectura sorprendente, trasladando la realidad a miradas desde el género, en este caso a través de la ciencia-ficción, para que las viñetas se transformen en contundente artefacto de justicia social, sin abandonar la exploración formal que le permite el lenguaje del cómic para analizar el papel del tiempo como cura del trauma, pero desde una mirada onírica que transforma el dolor de la pérdida en un tránsito casi surrealista desde ese blanco y negro cortante y opresivo.Dulce basuraKayla E Traducción de Juan Naranjo. Reservoir Books, 2026. 204 páginas. 28,41 eurosTan difícil de categorizar como de describir, la obra que propone Kayla E es un objeto caleidoscópico, que cambia a cada giro que le damos, a cada página que pasamos. Aparente popurrí de posibilidades narrativas, mezcla de referentes infantiles que transitan del cuento a la publicidad festiva, de colores vivos y brillantes, al que nos acercamos indefensos para descubrir, demasiado tarde, que la autora ha sabido atraernos al otro lado de esa ingenuidad, a un durísimo relato de abusos que nos deja prisioneros, en una lectura desasosegante de una infancia rota que destruye cualquier esperanza para inyectarnos su dolor y sentir como propio el olor nauseabundo de una sociedad podrida.