SOKOTO, Nigeria (AP) — Maryam Aminu apenas se sorprendió cuando a su último de sus seis hijos le diagnosticaron desnutrición en abril por segunda vez. Apenas alimentaba con regularidad al niño de 18 meses, y mucho menos con alimentos nutritivos.Aunque la familia, en el noroeste de Nigeria, ha lidiado con dificultades económicas, su situación empeoró después de febrero, cuando su esposo, Shehu Aminu, perdió su trabajo como taxista debido a un aumento del precio minorista de la gasolina provocado por la guerra en Irán.“Cuando le diagnosticaron por segunda vez, aunque lo sospechaba, me sentí triste y enojada porque sabía por qué. Los tiempos son duros y la comida no es constante”, comentó Aminu en la sala de estar de su casa sin terminar, de dos habitaciones, en la tranquila localidad de Kware, Sokoto, mientras la ceniza del fogón de carbón se arremolinaba en el cuarto.La recaída de niños en la desnutrición se ha vuelto un hecho cada vez más común en el estado y en todo el norte de Nigeria, según trabajadores locales de salud y de ayuda humanitaria, que atribuyen el fenómeno a efectos en cadena de la guerra en Irán.
El norte de Nigeria, una de las regiones más pobres del mundo, ya está bajo presión por una crisis de insurgencia. Ahora, el conflicto en Oriente Medio ha empeorado la seguridad alimentaria de millones de personas que viven en la pobreza, especialmente de los niños.







