Un bufido colectivo, una gran frustración, pero mucho aliento: en bares y plazas de Buenos Aires, los argentinos se aferraron hasta el último minuto a otra remontada épica que nunca ocurrió. Pero tras la derrota ante España hubo aplausos, petardos y un mismo mensaje para la selección: “¡Gracias igual!”.En una calle en Buenos Aires, junto a su familia y frente a una pantalla instalada afuera de un restaurante, Marco Moya, un mensajero en moto de 37 años, repetía con los ojos húmedos: “¡Gracias igual, gracias, selección!”.En un café del barrio de Caballito, al sur de Buenos Aires, nadie hacía comentarios al acabar la final del Mundial de Norteamérica. Las miradas permanecían clavadas en la pantalla del televisor, como si costara creer que esta vez la fiesta fuera de los españoles. El sueño se había roto y algunos lloraban en silencio.PublicidadEn el emblemático Obelisco -epicentro de las celebraciones en Buenos Aires-, la multitud que se había congregado a lo largo del día, inicialmente cabizbaja, mantuvo el ánimo en alto en agradecimiento a lo que “los muchachos” habían logrado. Se escuchaban bocinazos y tamboriles y estallaban petardos y fuegos artificiales pese a la derrota.“Llegamos a la final y no es poco”, dijo Luciano Ortega, un estudiante de 20 años, con una sonrisa.Argentina alcanzó la cumbre del torneo tras varias remontadas agónicas y una victoria sobre la hora en la semifinal ante Inglaterra, un partido especialmente simbólico por el diferendo con Gran Bretaña por las islas Malvinas y los históricos goles de Diego Maradona en 1986.PublicidadPublicidad“Mucha gente ya se había conformado con ganarle a Inglaterra y, pese a la derrota contra España, les ganamos a todos los demás rivales. En parte puede considerarse una victoria, porque Argentina volvió a demostrar que puede estar entre los mejores”, contó Ortega, con restos de pintura albiceleste en la cara lavada.En una plaza en el barrio adinerado de Palermo, donde miles de personas habían seguido el partido en una pantalla gigante, el silbatazo final fue recibido con aplausos generalizados y gritos de “Argentina, Argentina”.“Estoy triste, pero igual quiero darle las gracias a la selección y, sobre todo, a Lionel Messi, porque nos dio su vida”, dijo Nahuel Tudela, un estudiante de 22 años.Durante el partido, la tensión había crecido minuto a minuto. Los hinchas besaban pequeños muñecos de Messi que llevaban como amuletos, aferrados a la posibilidad de otra remontada. En un café céntrico, los gritos de enojo hacia el televisor se alternaban con los cánticos incesantes. Hacia el final, algunos tenían los brazos cruzados o se mordían las uñas.Hasta que el gol de Ferran Torres en el minuto 106 dejó a todos en silencio.Lo dieron todoAhora, pese a la derrota, muchos hinchas prometen volver a salir a las calles para recibir al equipo.Publicidad“Lo dieron todo hasta el final. No llegaron hasta el último segundo para que ahora no vayamos a recibirlos. Los queremos igual. A fin de cuentas, sigue siendo fútbol y no los vamos a menospreciar por esto”, dijo Ortega.Moya, el motorizado, aseguró que irá a recibir al equipo para agradecerle “todos estos momentos”, ante la posibilidad de no volver a vivir algo semejante y de que Messi haya jugado su último Mundial.El 10, el “mesías”, cuyo retrato omnipresente figura en tatuajes, carteles, negocios y termos de los argentinos, llevó a su país al título mundial de 2022, ganó dos Copas América y se convirtió en el máximo goleador y el jugador con más partidos de la selección.En Barracas, un barrio popular al sur de Buenos Aires, un grupo de unos 30 amigos vio todos los partidos del Mundial reunido alrededor de un asado, esta vez bajo una carpa improvisada para proteger la parrilla del frío y la lluvia.Tras la derrota hubo llanto y rabia, pero cuando la cámara enfocó a Messi todos aplaudieron y varios gritaron “¡gracias, Leo!”. “Estoy enojado porque hoy no jugamos bien”, dijo Pedro Montagna, un empleado estatal de 35 años, que lamentó la probable despedida del capitán de los mundiales: “Marcó una generación. Primero fue Diego, después él, y ahora ojalá venga otro. Estoy triste porque este era el final perfecto”. (D)