Los estadounidenses nunca se andan con tonterías en lo que respecta a las medidas de seguridad ante un gran evento deportivo. Pero si a eso se suma la presencia del presidente Donald Trump y la desorganización de la FIFA, el cóctel es dramático. Las recomendaciones de cara a la final eran llegar al menos cuatro horas antes del inicio del partido. Para muchos periodistas eso se ha quedado corto, muy corto.A las 11:35 hora local, tres horas y media antes del pitido inicial, enviados especiales que llevan dos horas y media haciendo cola estaban muy lejos de los escáneres. La organización ha limitado el paso para los periodistas, y también miles de miembros de la organización, por un mismo punto, una sola puerta que ha hecho de cuello de botella. Sin apenas señalización, con carteles confusos y una ausencia casi total de voluntarios que han convertido las filas en un campo de batalla.Insultos, enfados y algún empujón entre los miles de acreditados desesperados sin saber por qué todo avanza tan despacio. Los pocos miembros de la organización que están presentes, lavándose las manos, han fusionado o escindido filas, sin tener muy claro lo que hacían y provocando enormes enfados. En un determinado momento alguien de la organización incluso ha liderado a un grupo de cientos de periodistas hacia la otra punta del estadio, pero se han encontrado con la negativa total por parte de la Policía, nada dispuesta a escuchar razones.En Las zonas VIP y del público, muchísimo mejor organizadas, con cientos de policías preparados, todo funciona con normalidad por ahora.Informa nuestro corresponsal Pablo R. Suanzes.