Moscú (EFE).- Los rusos parecen haberse enfadado con su presidente, Vladímir Putin, ya que las encuestas demuestran un desplome en su popularidad que no se veía desde la polémica reforma de las pensiones de 2018.

El grave déficit de combustible que sacude a un país conocido como la Gasolinera de Europa debido a los ataques ucranianos contra las refinerías ha acabado con la paciencia de los rusos, que encadenan ya dos años de pandemia de coronavirus y cinco años de guerra.

Una sangría sin freno

Los rusos han aguantado estoicamente la falta de éxitos en el frente, aunque una mayoría abogue por el fin de los combates, pero el problema es que la guerra llama ahora a sus puertas.

La sangría comenzó en marzo con el bloqueo de internet. La ralentización de las redes sociales y los continuos cortes de la red móvil sacaron de quicio a muchos rusos, incluido estudiantes, empresarios y militares. El argumento esgrimido, los drones, no convenció a nadie, ya que estos han seguido atacando con éxito la retaguardia rusa.