A José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) le duele España. Y le preocupa. Ministro de Asuntos Exteriores de Mariano Rajoy entre 2011 y 2016, fue el jefe de la diplomacia española con Juan Carlos I y en los primeros años de Felipe VI. A sus 82 años sigue leyendo y escribiendo y disfruta participando en los medios de comunicación para defender una política exterior con mayúsculas, algo que a su juicio está muy alejado de la estrategia del actual Gobierno de España. Visita la redacción de El Confidencial en la semana en que la Comisión Europea y Reino Unido han cerrado el último fleco del Brexit con el Gobierno español poniéndose de perfil sobre Gibraltar. A partir de ahí, la conversación pasa por todos los ejes de la política exterior, que él no atribuye al ministro Albares porque "la persona de Sánchez es Zapatero" y asegura que las relaciones con Estados Unidos son peores ahora que en tiempos del expresidente. Como buen unamuniano, recuerda que al intelectual vasco le preguntaron una vez "¿Qué quiere España?". Y él respondió: "España no quiere nada, quiere que la dejen en paz. Y hasta Dios la ha dejado en la mano". En esta línea, lamenta que algo parecido esté sucediendo en los últimos años. PREGUNTA. Bienvenido A Contraluz, ministro. Por cierto, ¿cuándo se deja de llamar ministro a un exministro? RESPUESTA. Es para siempre. Eternamente. Lo dicen los franceses muy bien. P. Y eso aplica a los presidentes también. R. Claro. P. ¿Y a nadie más? R. Yo creo que a los alcaldes también. Pero, bueno, esto es gratis. P. Pues yo, como siempre, te llamo ministro. Y si te parece bien, te voy a tratar de tú. R. Me parece. Foto: P. P. P. Muy bien, ministro, quiero que hablemos de Gibraltar. Te he escuchado en algún momento decir que ha sido una gran ocasión perdida. Explícanos por qué y dinos cuál es la dimensión del acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y el Reino Unido. R. Yo lo primero que quiero decirte, Juan, es que para mí esto es una cuestión de ambición de país. Y el éxito o el fracaso de este acuerdo se mide en función de tu ambición de país. Yo creí y sigo creyendo que España tiene que recuperar la soberanía sobre Gibraltar, que es lo que indica la legislación internacional, por otra parte, y que debe acabar con la existencia de un paraíso fiscal en el sur de la península que hace del campo de Gibraltar una colonia de la colonia. Mi pregunta es: una vez que tú puedes crear una empresa en el Peñón de Gibraltar teniendo acceso al mercado interior europeo, en las mismas condiciones que una empresa instalada en el Campo, y con la única diferencia de que en el Peñón no pagas impuestos y en el Campo sí, ¿quién va a invertir en el Campo de Gibraltar? Y eso era una de las cosas que a mí me tenía muy frito. Pero, insisto, el tema de la soberanía para mí era vital y el tema de acabar con el paraíso fiscal también. Y aquí yo tenía muy buena relación con Alfredo Pérez Rubalcaba y él me decía: "A los míos lo de la banderita no les pone, pero lo de los paraísos fiscales sí les pone". Y yo le dije: “En eso yo me diferencio de los tuyos, porque a mí me ponen las dos cosas y sobre todo el tema de la banderita". P. ¿Estamos ante la gran ocasión perdida para recuperar la soberanía? R. Yo creo que esto es absolutamente definitivo, no tiene vuelta atrás. Primero, estamos en un tratado de la Unión Europea con el Reino Unido, no de España con el Reino Unido, lo cual quiere decir que la modificación tendría que ser afectada por los 27 países. Y en segundo lugar, los gibraltareños no tienen ningún incentivo para renunciar a la soberanía. TE PUEDE INTERESAR P. ¿No hay vuelta atrás? R. Yo creo que no hay vuelta atrás. P. ¿A qué atribuyes, ministro, que el Gobierno de España haya renunciado ahora a esta batalla cuando tenía la posibilidad de vetar el acuerdo? R. Rajoy siempre decía que yo tenía un ego estratosférico y probablemente tuviese razón y, por tanto, me permito citarme a mí mismo. Nosotros dejamos resuelto, aunque se firmó ya con Dastis en el Gobierno, una disposición que obligaba a los negociadores a tener en cuenta a España sobre cualquier decisión. P. Tú crees que no hay un proyecto en el Gobierno de España actual, de futuro, de país, y por eso se ha dejado escapar esta oportunidad. R. No es que lo diga yo, es que el presidente Rodríguez Zapatero, una joya, por cierto, dijo aquello de que la nación es un concepto discutido y discutible. Si tú no tienes un concepto de la nación a la que perteneces, puedes ser director financiero de El Corte Inglés; lo que no puedes es hacer política. Y este Gobierno ha dado unos bandazos tremendos en materia de identidad nacional. Ahora la expresión de moda en el bloque que apoya al Gobierno es la mayoría plurinacional, aunque nadie nos ha explicado cuántas naciones hay y a cuál pertenezco yo, por ejemplo, ni qué significa. P. Hay referentes internacionales. R. En derecho internacional no hay trampas. Cuando estaba en el Gobierno, yo tenía siempre dos peticiones expresas de los secretarios de Estado americanos. Uno era el tema del Sáhara porque ellos amparaban claramente la posición marroquí, y otro, ceder en el tema de Kosovo. Mi argumento, tanto con Hillary Clinton como con John Kerry, era que España no puede ceder en el tema de Kosovo, porque sentamos un precedente para Cataluña que es nefasto. España reconoció la independencia, la soberanía, de las seis repúblicas federativas que formaban Yugoslavia, pero porque su derecho de autodeterminación estaba inscrito en la Constitución, como en todas las constituciones soviéticas; es el concepto de Lenin. Pero las dos provincias, Kosovo y Voivodina, no tenían reconocido en la Constitución ese derecho. Reconocer la posibilidad de secesión en contra de lo dispuesto en la Constitución matriz era sentar un precedente absolutamente nefasto. Es decir, Cataluña no puede ver reconocida su independencia si la proclama —cosa que hizo—, porque no basta que tú digas que eres independiente; son los demás quienes tienen que decir que eres independiente. El gran problema es por qué no se ha negociado mejor y por qué a los españolitos de a pie no les importa que se haya negociado mejor. Foto: P. P. P. Te preocupa la unidad de España. R. No es que me preocupe, es que es lo que más me preocupa en la vida. Es que he dedicado mi vida a servir a España, y no concibo una España sin Cataluña. Mi abuela es catalana. Cómo no concibo una Cataluña sin España. Me tienes que decir que mi vida habría carecido de sentido. Si se produce la disolución de la nación, de la nación más antigua de Occidente, P. Tú tienes un proyecto de constitución española. Sí. Cuéntame eso. ¿A quién se le ocurre? R. Está completamente articulada. Cuando se produce la ruptura con el Gobierno de Mariano Rajoy, yo entiendo que se abre un proceso que va a terminar muy mal. Fue cuando Artur Mas, siendo presidente de la Generalitat, viene a pedir un régimen fiscal especial, que por cierto es lo que quiere atender Sánchez ahora, y cuando se le dice que eso no es posible, él entiende que ya no hay más recorrido que el programa de la independencia de Cataluña. Yo tuve una conversación con él. P. Eso no lo ha contado nunca R. Creo que ahora ya lo puedo contar. Fui a Barcelona a hablar con el conseller sobre la Ley de Acción Exterior. Y entonces, en un momento determinado, Homs me dice que quiere verme el presidente. Encantado. Y estaba el presidente, estaba (Quico) Homs y estaba el buen amigo mío de la democracia cristiana catalana. Entonces yo le explico: "Este camino que habéis aprendido no conduce a ningún sitio porque España no puede reconocer una independencia unilateral, y esa independencia unilateral no va a ser reconocida por los demás Estados". Entonces yo dije, yo creo que hay que reformar la Constitución, y yo en esto soy federalista, siempre que por el federalismo no se entienda un régimen jurídico que permite a las partes que forman la federación separarse. P. Pero eso implicaría una Cataluña en igualdad con el resto de comunidades autónomas. ¿Eso le interesaba a Artur Mas? R. No le pareció mal, y desde luego a quien no le pareció mal fue a Rubalcaba. El libro donde está escrita esa Constitución tiene un prólogo de Josep Piqué y el epílogo es de Rubalcaba, y lo presentamos los tres juntos en el Congreso de los Diputados, oficiando al maestro de ceremonias, Pablo Casado. Al Gobierno en el que yo estaba entonces no le pareció que ese era el procedimiento adecuado. Se optó por la judicialización del proceso. Yo advertí que lo primero que había que hacer era impedir que la votación del 9 de noviembre de 2014, que es cuando empieza todo. Y cuando yo empiezo a ver que mis ideas no eran las más populares, en septiembre —el referéndum se celebra en noviembre—, yo hago que me pregunten si yo estaría dispuesto a aplicar un 155. Y dije: "¡Por supuesto, un 155 o 48 horas en que los Mossos d’Esquadra se ponen a las órdenes del ministro del Interior y no se abren los colegios y no hay más!". Y si no se hubiese votado entonces, es probable que no hubiese pasado lo que ha pasado. Aquel día se hundió el Partido Popular en Cataluña. P. ¿Habría que haber actuado muchísimo antes? R. Claro. Cuando tú tienes un problema, una enfermedad, tienes que solucionarlo. Y si tú tienes un proceso abierto de secesión, tienes que hablar con ellos. Yo hice otra cosa que tampoco gustó a mis compañeros. Que si irme en Cataluña a discutir en la televisión catalana, con el presidente de Esquerra (Oriol Junqueras), a explicarle esto que te estoy explicando: "Oye, no os va a reconocer nadie, vais a un procedimiento que os va a llevar a todos a la cárcel". P. ¿Ese fue el motivo de tu salida del Gobierno? R. Tuve diferencias en el tema catalán. Siempre dije que no a la judicialización; esto es política. Los jueces tienen unos tiempos distintos que nosotros no controlamos y, por tanto, estás dejando el proceso libre. Y luego, en el tema de Gibraltar, yo no hubiese firmado nunca este acuerdo y Mariano Rajoy lo sabía. Cuando empecé a ver que había dudas en el Gobierno sobre si había que mantenerse firme en la negociación, lo que hice fue hacer una tournée por todos los ayuntamientos de la zona para explicarles a los alcaldes cuál era la propuesta que nosotros habíamos hecho, y digo que habíamos hecho porque nunca fue una propuesta teórica. Se mandó al Parlamento, al Consejo, a la Comisión Europea, se llevó a la Asamblea General de Naciones Unidas y se llevó a la Conferencia Iberoamericana, donde tuvimos el apoyo de todos los países, cosa que no es sorpresa para nadie porque tenía las Malvinas. Foto: P. P. P. ¿Qué opinas de que el Gobierno de España actual haya tratado de evitar que el Parlamento español se pronuncie sobre el Tratado de Gibraltar? R. No lo pueden explicar. El problema es que tú tenías todas las cartas en la mano y tenías la oportunidad de jugarlas. Era una combinación perfecta. ¿Por qué digo que tenías todas las cartas en la mano? P. Gracias al Brexit. R. Hay dos principios de acuerdo con los cuales se hace la descolonización: uno es la autodeterminación y otro es el principio de integridad territorial. Se produce el Brexit, que es muy claro en este tema: en Gibraltar se aplicaban las leyes comunitarias porque hay un Estado que lleva sus relaciones exteriores, que es el Reino Unido. Cuando el Reino Unido sale, se deja de cumplir esa condición. P. Es decir, el Brexit es un regalo sobrevenido e inesperado para que España pudiera recuperar la soberanía sobre Gibraltar. R. Claro. Es que si Gibraltar quiere, como quería, por lo tanto, estar en la Unión Europea y tener acceso al mercado interior, tiene usted que cumplir una condición, que es que un Estado miembro lleve sus relaciones exteriores.
Margallo: "Lo de Gibraltar no tiene vuelta atrás, Sánchez desguaza el Estado pieza a pieza"
El exministro de Exteriores durante el primer Gobierno de Mariano Rajoy considera que la política exterior no está en manos del ministro Albares porque "la persona de Sánchez es Zapatero", y asegura que las relaciones con EEUU son peores ahora










