—Antes de comenzar la entrevista reflexionábamos sobre qué significa, qué síntoma de qué puede ser que este Mundial genere en los argentinos una necesidad de algarabía, que obviamente todo Mundial trae, pero recién en las finales; en este caso, casi en cada uno de los partidos. ¿Hay algún eco inconsciente de que comenzar siempre perdiendo para terminar ganando resulta una metáfora de la sensación que cada argentino siente de sí mismo? —Si alguien lo quisiera guionar, no le saldría mejor. Esto parece hecho a propósito. Que hay alguien escribiendo detrás, preparándose y tirando los dados para que salgan así. Obviamente, hay una ética del esfuerzo que está un poquito flotando en el ambiente. Esa idea de no bajar los brazos en el peor momento es cuando se prueba la personalidad, el talento y la capacidad de cada uno. Y los argentinos estamos demostrando en cada partido que no hay que subestimarnos, que podemos hacerlo mejor y que, en el momento de la adversidad, somos capaces de probarlo. Eso tiene un impacto internacional infernal. Lo que está discutiendo no solamente el mundo futbolístico. Hay una nota de The Economist sobre la selección argentina y la inglesa de hoy. Es impresionante eso. “El Presidente será muy rápido un pato.”