Cualquiera que se haya asomado a alguna red social en los últimos días se ha topado con la fotografía del diario Sport en 2007 en la que Leo Messi baña en un barreño a un bebé Lamine Yamal. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pensaba que la fotografía estaba generada por inteligencia artificial, como muchos de los que la han visto por primera vez después de que Argentina se clasificase para la final del Mundial 2026 con España. En esa imagen de hace casi dos décadas, Messi tiene 20 años, un año más de los que han llevado a Lamine Yamal a su primer Mundial.
La fotografía, millones de veces compartida y reproducida, es el reclamo perfecto del gran espectáculo que se presenta para la final de este domingo, en el que Argentina intentará ganar su cuarto Mundial (el segundo consecutivo) y España coser en su escudo la segunda estrella: Un fútbol veterano frente a otro joven. Y dos maneras muy diferentes de entender el juego, del indudable liderazgo de Messi al ejercicio colectivo de España.
Argentina es una de las selecciones más veteranas del Mundial 2026. La edad media de sus futbolistas convocados es de 29 años, con el propio Messi ya a un año de cumplir los 40. La edad media de los futbolistas españoles es una de las más bajas del campeonato, con 26,7 años. Solo ha habido cinco selecciones más jóvenes: Costa de Marfil, Ecuador, Bosnia, Marruecos y Túnez. En cambio, los argentinos han sido los octavos más veteranos. Pero podían haber sido de los primeros de no haber contado con jóvenes promesas que apenas han jugado como Nico Paz, Valentín Barco o Alejandro Garnacho.










