El sociólogo y educador popular Santiago Morales asegura que prohibir o no prohibir el uso de dispositivos electrónicos y el acceso a plataformas digitales, es un falso dilema.
El co-coordinador del grupo de estudios “Niñeces y juventudes” del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (Iealc) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), agrega que los gobiernos deben trabajar en regulaciones que pongan freno a “la voracidad depredadora de las tecnología diseñadas para crear adicción”.
Morales —autor del artículo “Prohibir o no prohibir, esa es la cuestión”, publicado a modo de epílogo del libro “Conectar en tiempos de pantallas” (editorial Chirimbote)— conversó con Perfil Córdoba sobre este tema.
—En el mundo se debate qué hacer frente a los creciente problemas de salud mental en las infancias y adolescencias vinculadas a la adicción a las pantallas. ¿Estás a favor de prohibir el acceso a redes sociales a menores de edad como proponen algunos países?
-—No, hay que regular. Prohibir o no prohibir es un falso dilema. Porque cualquiera de las dos vías es insuficiente. Ante un fenómeno tan complejo y novedoso como este, las respuestas no pueden ser simplistas. Por un lado, sería sumamente injusto que la política de prohibición se defina en función de la edad de las personas. Eso significaría que todo el mundo adulto gozaría del privilegio de usar dispositivos electrónicos y sus plataformas digitales ante los ojos indignados de las personas más pequeñas. Pero está claro que el desierto legal actual tiene por únicas beneficiarias a las corporaciones digitales tecnológicas, sobre la base de un sistemático y criminal daño perpetrado contra niñas, niños y adolescentes. Ahora bien, sí considero que los smartphones en las escuelas obstruyen el aprendizaje, la socialización y el juego de las niñas, niños y adolescentes. Pienso que la escuela debería declararse como “zona libre de celulares”, así como los espacios cerrados fueron declarados zonas libres de humo. Esto significa que ni las niñas, niños y adolescentes ni el mundo adulto que habitamos la escuela deberíamos usar nuestros celulares mientras estamos ahí dentro. Al menos hasta que entre en vigencia un verdadero programa nacional de educación digital crítica, que se articule con un nuevo marco normativo que siente nuevas reglas de uso de internet, en una búsqueda mayor por enseñar a hacer usos críticos de los dispositivos electrónicos y sus plataformas.









