EntrevistaFernando Cepeda Ulloa, exministro de gobierno del presidente Virgilio Barco habla sobre el esquema Gobierno-oposición y las implicaciones que tiene.Fernando Cepeda reconoce el crecimiento de la izquierda colombiana como movimiento político, pero advierte sobre las consecuencias que puede tener un liderazgo errático. Foto: Camilo Guerra Caicedo. El Tiempo18.07.2026 17:46 Actualizado: 18.07.2026 17:46

A partir del 7 de agosto, el país tiene la oportunidad de estructurar un verdadero esquema de Gobierno-oposición por primera vez en mucho tiempo. Durante años los gobiernos han orientado sus esfuerzos a construir gobernabilidad transando presupuesto y burocracia con el Congreso o con otros actores políticos, tratando de cooptar así a los opositores. Pero en las democracias modernas la oposición opera de una manera distinta, defendiendo ideas y propuestas distintas que le permiten convertirse en una verdadera alternativa política.Como argumenta Fernando Cepeda Ulloa en esta entrevista, el principal legado político del presidente Petro es la consolidación de una izquierda cohesionada y disciplinada, con suficiente presencia en el Congreso y el debate público para ser una verdadera alternativa de poder. Cepeda sabe de qué habla: aparte de ser uno de los politólogos más agudos del país, fue uno de los gestores del último esquema Gobierno-oposición que verdaderamente operó en Colombia. En sus palabras, el Gobierno y la oposición tienen una oportunidad histórica, pero ambos parecen estar decididos a dilapidarla.Usted ayudó a diseñar, durante el gobierno de Virgilio Barco, un verdadero sistema de Gobierno-oposición. ¿Qué lecciones deja ese esquema para la coyuntura actual?El presidente Barco quería restablecer plenamente la democracia en Colombia. Veníamos de años de gobiernos del Frente Nacional, y él consideraba que ya era hora de que la democracia funcionara como corresponde. Durante su campaña anunció que haría un esquema Gobierno-oposición, y resolvió nombrarme ministro de Gobierno. En ese esquema, el Gobierno no trata de cooptar a los opositores políticos con prebendas: lo que hace es fijar una agenda y respetar a las fuerzas que se declaran en oposición. Nosotros creíamos, y sigo creyendo, que una buena oposición ayuda a un buen gobierno. La crítica, el disenso y el desacuerdo son fundamentales. Sin ellos, los gobiernos se acomodan y se convencen de que las cosas van bien.¿Estamos actualmente en una situación análoga, con una oposición de izquierda fuerte, con una bancada sólida y un liderazgo difícil de cooptar?Hoy tenemos una izquierda fuerte que obtuvo doce millones de votos, casi los mismos que el Gobierno. Además acaba de salir del poder: conoció sus mieles, incluidas las palancas y herramientas políticas y electorales. Sabe lo que es gobernar y hacer oposición. La pregunta es si aceptará ejercer lo que en Inglaterra se llama una oposición leal: una oposición que respeta al Gobierno y las reglas del juego, mientras desarrolla su propia agenda política como alternativa de poder. Y también está por ver si el gobierno entrante decide respetarla.Con lo que ha visto después de la elección de Abelardo De La Espriella como presidente, ¿hay ambiente propicio para un buen esquema de Gobierno-oposición?No es el más propicio, infortunadamente. Si usted comienza como oposición diciendo que hubo fraude y que no reconoce la legitimidad del Gobierno, ya no hay oposición, porque la oposición solo existe si hay un gobierno legítimo y reconocido. Si no lo hay, estamos hablando de otra cosa: sabotaje, subversión o llámela como quiera.En la oposición hay dos protagonistas: Gustavo Petro, que pronto será expresidente, e Iván Cepeda, quien tuvo una oportunidad histórica para consolidarse como líder de la izquierda. ¿Qué ocurre si esa oposición arranca desconociendo las reglas del juego?Ese desconocimiento no permite un juego legítimo, civilizado y democrático entre Gobierno y oposición. Los supuestos básicos están negados desde el comienzo. Así no se puede. Además, Iván Cepeda dice que será el jefe de la oposición, pero el presidente Petro seguramente alegará lo mismo. Durante el gobierno de Petro nadie discutió que él fuera el jefe de la oposición. Los medios lo reconocieron así desde el primer día y durante cuatro años. Que lo califiquen a usted como jefe de la oposición es una ventaja política enorme, porque están diciendo que usted es el próximo presidente si le va bien en las elecciones. Ahora podríamos tener una oposición dividida.¿Qué consejo les daría hoy a Cepeda y a Petro para que exista una oposición funcional que pueda regresar al Gobierno?Cepeda, que se declara jefe de la oposición, tiene que reconocer la legitimidad del gobierno de Abelardo De La Espriella. Si no lo hace, está evaporando la posibilidad de una oposición. Para Petro es lo mismo, porque también está diciendo, sin matices, que hubo fraude. Los dos están negando la posibilidad de que haya un escenario de Gobierno y oposición, y están erosionando la oportunidad histórica que tiene la izquierda de regresar al poder en cuatro años.Ya que hablamos de Petro, ¿cree que el gobierno de Estados Unidos lo sacará de la lista Clinton cuando deje la Casa de Nariño?Me cuesta creer que lo vayan a sacar de la lista. Eso habría sido posible si el comportamiento del presidente Petro durante las últimas semanas hubiera sido más democrático. Pero, una vez que desconoce el resultado electoral y la legitimidad del presidente De La Espriella, es muy difícil que Estados Unidos tenga un gesto de esa naturaleza, pues parecería un respaldo a lo que Petro ha venido diciendo.La izquierda está en uno de sus mejores momentos políticos, institucionales y electorales, pero al desconocer los resultados parece estar erosionando esa posición. ¿Cepeda está perdiendo una oportunidad histórica y Petro puede quedar acorralado?Sí. Con la amenaza de ejercer una desobediencia civil bastante indefinida están acabando con la posibilidad de tener una oposición democrática. No veo dentro de la izquierda una capacidad reflexiva, ni siquiera entre dirigentes de segundo nivel, que permita corregir el rumbo. El legado político de Petro es que, por primera vez en la historia de Colombia, existe una izquierda con capacidad de ser una alternativa democrática y viable de gobierno. Eso no es cualquier cosa, pero ellos mismos están destruyéndolo. La desobediencia civil se usa cuando no hay otra manera de expresar desacuerdo con las leyes o las políticas; es el último recurso después de agotar todas las formas de oposición, no el primero. En Colombia hay recursos para manifestar inconformidad ante el Consejo de Estado, la Corte Suprema y la Corte Constitucional. El Pacto Histórico tiene todas las posibilidades de ejercer una oposición inteligente, civilizada y eficaz, apoyada en la base política que Petro dejó al convertir a la izquierda en una alternativa viable de gobierno. Eso nunca lo habíamos tenido en nuestra historia, pero Petro y Cepeda parecen estar dispuestos a dilapidarloPasemos al Gobierno. Mucha gente pensaba que Abelardo De La Espriella llegaría al poder y empezaría a acercarse al sistema político, comenzando por el Centro Democrático. Sin embargo, ha mantenido las distancias y ha sido algo displicente con el Congreso. ¿Cómo ve ese comienzo?De La Espriella es un fenómeno exótico en la política colombiana. No es realmente un outsider, pero su éxito es casi como si no hubiera políticos en Colombia. ¿Cómo es posible que una persona que no estaba visiblemente en el juego político se haga presidente en seis meses? Algunos dicen que estaba preparando su campaña desde hacía rato. Yo no había visto algo igual. Es una persona que dice: “no acepto el apoyo de los partidos políticos ni del sector económico, dé-jenme solo”, como si fuera un torero, y gana. Y uno se pregunta: ¿qué pasó en Colombia?, ¿dónde están los partidos?Nosotros creíamos, y sigo creyendo, que una buena oposición ayuda a un buen gobierno. La crítica, el disenso y el desacuerdo son fundamentalesSupongamos que usted se sienta junto al presidente De La Espriella durante un vuelo de una hora. ¿Qué le diría?Le preguntaría si realmente hizo la campaña en seis meses o si es cierto que llevaba dos años armando una estrategia para llegar a la Presidencia. Algunas cosas parecen confirmarlo: detrás de sus decisiones hay un conocimiento que no corresponde a una improvisación. La campaña, los nombramientos de ministros y su comportamiento frente a los partidos parecen responder a una estrategia bien pensada y manejada.Pero ya ganó las elecciones y ahora necesita al Congreso. ¿Cómo debería cambiar esa relación?El Congreso son los partidos, y él ha dicho que no quiere eso, pero ahora lo necesita y debe haber una relación diferente. Nombró un ministro de Gobierno como enlace, con trayectoria política. Ahí reconoce que debe existir una conversación y envía a alguien que habla el lenguaje del Congreso. Yo creería y desearía que no fuera a aceptar un juego de intercambio de favores políticos con el Congreso. Eso sería absolutamente inédito. Pero debe respetar la autonomía y la dignidad del Congreso y de los congresistas, así como la dignidad de la Presidencia y del Ejecutivo. Hay que terminar con los intercambios de favores que desacreditan tanto al Congreso como al Presidente.Cuando usted fue ministro de Gobierno, ¿cómo logró que el Congreso acompañara las iniciativas del Ejecutivo, sin recurrir a dádivas o prebendas?No recuerdo haber dado una prebenda, aunque no me atrevería a decir que el Gobierno no las dio. Yo no las daba porque no me salía del alma. Yo no venía de la política y me parecía que, dentro de un esquema de Gobierno-oposición, eso debía manejarse de otra manera. El Gobierno debía tener mayorías que respondieran a su responsabilidad como partido de gobierno, y la oposición debía cumplir su papel. Yo no tenía ese problema. Tal vez sí existió un computador que se manejó desde la Secretaría General de Palacio y mediante el cual se asignaban algunas posiciones.Hoy existen partidos que se declaran de Gobierno y de oposición, y partidos bisagra o independientes. ¿Cómo podrá el Presidente conseguir apoyo si estos últimos no reciben prebendas?Ya ha comenzado a tener el apoyo, por ejemplo, del Centro Democrático. No sé si él les dio las gracias, pero el Centro Democrático declaró que sería partido de gobierno. Creo que tendrá, de hecho, varios partidos de gobierno, aunque él no los declare como tales, y una oposición fuerte. Con eso podrá manejar algunos asuntos legislativos que le interesen. No creo que eso le alcance para una reforma constitucional, ni pienso que se necesite, pero sí para aprobar algunas leyes. El país no requiere grandes reformas. Lo importante es construir con el Congreso una relación respetuosa y propiciar la crítica y el control a los ministros y al Gobierno, que se ejercen muy poco y con escasa eficacia, incluso cuando ha habido oposición. Durante el último gobierno citaron varios ministros al Congreso y no pasó nada; ni siquiera recordamos esas sesiones. Por eso, creo que no sería grave que el Presidente no tuviera todo el poder legislativo. Habrá que ver.El presidente electo tiene una situación peculiar de luces y sombras: por un lado, ganó por un margen muy estrecho frente a Iván Cepeda, pero por otro, tiene un gran ímpetu y parece llevar años preparando el arranque de su gobierno. ¿Qué debería hacer durante los primeros cien días para fortalecer su posición y qué error no debería cometer?En primer lugar, debe invitar, con generosidad y convicción, a que exista una oposición fuerte y real. Debe expresar su respeto por ella y la necesidad que tiene su gobierno de contar con una oposición leal, que respete la ley y el buen trato y que sea eficaz en la crítica, porque una buena oposición construye un buen gobierno. El error que no debe cometer es continuar descalificándola. Ser jefe de la oposición significa en la práctica ser el próximo candidato presidencial. Eso fue lo que aprovechó Petro antes de ser presidente. A la oposición hay que tratarla con admiración y respeto: hoy por ti, mañana por mí. Tener un buen contendor es una manera de exigirse a uno mismo, porque la oposición es, en teoría, el próximo gobierno, la alternativa, y eso debe respetarse. No hay que mirarla con desprecio ni descalificarla. Lamentablemente, en estos días no estamos viendo nada de eso...Esta entrevista ha sido editada por cuestión de espacio y claridad. Puede ver la entrevista completa en la página web de El Tiempo y en nuestras redes sociales.MAURICIO REINAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.