Los modelos de lenguaje permiten crear agentes con mucha rapidez. El problema
difícil aparece después: identificarlos, construirlos de forma reproducible,
darles solamente los permisos necesarios, coordinarlos desde distintas
superficies y poder actualizar o revertir una versión sin perder trazabilidad.
La evolución de Baldr muestra por qué un orquestador no debería apropiarse del






