Lionel Scaloni hizo dos días antes de la final algo que no quería hacer solo por tener la oportunidad de abrazar al tipo con el que iba a pelear hoy por la Copa del Mundo. “Vengo por vos”, susurró el técnico de la selección argentina a Luis de la Fuente, el de la española, mientras se abrazaban sobre un escenario y se perdían un selfi en el que se juntaron Kevin Durant, Tom Brady, Novak Djokovic, Rio Ferdinand, Leo Messi, el Dibu Martínez y Rodri. La FIFA organizó un acto con varios protagonistas de la final en un auditorio en Manhattan con cientos de visitantes de una convención de coleccionistas como público intenso y desorientado. “Estábamos en una situación surrealista ahí...”, dijo Scaloni. “Fui porque iba a ir él. Si no...”.Era el abrazo cariñoso del alumno que ganó antes que el maestro que le enseñó el camino al triunfo, en las horas previas de jugarse un Mundial. El argentino, de 48 años, consiguió la Copa América en 2021. De la Fuente, de 65, uno de sus profesores en el curso de entrenadores de la Real Federación Española de Fútbol, atrapó su primer título con la absoluta, la Nations League, en 2023. Para entonces, el discípulo más exitoso del riojano ya había ganado el Mundial de Qatar. Aquella noche, la exseleccionadora Montse Tomé, compañera de promoción, puso un mensaje entre feliz, bromista y asombrado a Javier Saviola, otro de los alumnos: “Pero, loco, si no sabía ni escribir”, recuerda riéndose.Durante seis semanas entre finales de 2017 y principios de 2018, Tomé pasó muchas horas hablando y estudiando cerca de Scaloni en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, en cuyas aulas compartían habitualmente la primera fila. “Hice las primeras prácticas con él, y lo de escribir me lo dejaba a mí. Luego el tipo era muy listo, muy vivo. Tenía esa parte del fútbol de haber sido jugador”. Muchos de los 30 integrantes de aquella promoción llegaban con ese ingrediente. Entre ellos ya destacaba por ejemplo Andoni Iraola, flamante técnico del Liverpool. Coincidieron con el exmadridista Fernando Redondo; Pablo Amo, segundo de De la Fuente cuando ganó la Eurocopa de 2024; Manuel Pablo, Valerón, Pablo Orbaiz y Walter El Rifle Pandiani, compañero de habitación de Scaloni en las concentraciones en su etapa en el Dépor. En Las Rozas compartieron aún más tiempo. “Estuvimos muchas horas juntos”, recuerda el uruguayo. “Arrancábamos a las ocho y media, parábamos a comer a la una y media y a las tres y media estábamos de vuelta hasta las siete. ¡No nos lo regalaban!”.De la Fuente, profesor de táctica, ayudaba a aligerar el trance de un grupo muy poco acostumbrado a vivir encerrado en un aula. “Sus clases eran muy amenas”, recuerda el exfutbolista Carlos Gurpegui. “Él es un tío muy divertido. Es de las personas que cuando vas a un curso en el que quieres aprender te lo hace más llevadero. Y dentro de que era muy ameno, muy abierto, tenía claro que estábamos allí para aprender. Que no pasaran las horas y no te llevaras nada. Era exigente”. También tenía, como ellos, un pasado al aire libre, décadas sobre el césped. “Se sentía más cómodo en el campo”, dice Tomé. “Él llevaba la parte relacionada con los sistemas, con las estructuras enfrentadas, con las soluciones ante diferentes propuestas. Hacíamos una parte en clase y otra, la mayoría, en el campo. Era un profe enrollado. Nos hacía reír. Nos entendía. Tenía empatía para pensar en lo que necesitábamos. Y era exigente”.La materia que impartía fascinaba a Scaloni, que por entonces ya trabajaba en el Sevilla como analista de Sampaoli, con quien luego se fue a la selección argentina, que terminó heredando. El fútbol lo tenía absorbido. “Era un loco de ver partidos”, dice Tomé. “No dormía. Como yo también madrugo, coincidíamos en el desayuno y me decía: ‘Me vi el partido este a las dos de la mañana… Tenía una pasión, una energía… Me acuerdo de hablar con él de diferentes estructuras, de diferentes soluciones. En eso era un aventajado. La Argentina que ganó el Mundial fue una Argentina que fue cambiando de sistema. Scaloni hablaba de espacios, tenía en la cabeza todas las estructuras…”.Cuando terminaban las tareas sobre el campo, en las que Saviola y Pandiani se hartaban a meter goles, algunos alargaban jugando una pachanga. Tomé solía quedarse en aquellos partidillos en los que Scaloni “jugaba a muerte, como es él, intenso, aguerrido, de los de ‘por aquí no pasas”.Después, algunos aún no habían tenido suficiente, como recuerda Gurpegui. “Solíamos jugar también al fútbol tenis tres contra tres. Iraola, Orbaiz y yo contra Manuel Pablo, Valerón y Scaloni”. Siempre Scaloni, compitiendo en cada cosa, sin saciarse de la pelota, rival aquí de otro de los alumnos más notables de aquella promoción. “Andoni Iraola era uno de los mejores”, recuerda Pandiani. “Míralo. Justo después se fue al Larnaca, en Chipre, y ya lo hizo espectacular”. En la promoción había algunos estudiantes que estaban allí por probar, o por si acaso; otros como estos que se pueden encuadrar en el grupo de los apasionados con condiciones; y otros a los que les faltaba algún rasgo imprescindible para el empleo de técnico de élite. El uruguayo incluye ahí a Saviola. “Éramos compañeros de grupo de trabajo”, dice Pandiani. “Ya veías que era más un segundo entrenador, más de estar cerca del jugador”. Nada que ver con el enfocado Scaloni. “Sabías que a este le daban un equipo, y un tipo que sabe hablar con el grupo, que sabe lo que quiere para su equipo, con la profesionalidad que tiene, ese carisma de cercanía con el jugador... Todo eso hacía un combo perfecto para conseguirlo”. El momento le llegó más pronto de lo que todos pensaban, en agosto de 2018, después de la destitución de Sampaoli como seleccionador argentino, al poco de terminar el curso. Scaloni tenía 40 años y le tocó hacerse cargo de un grupo con una de las mayores leyendas de la historia. Tomé recuerda un mensaje que recibió de su compañero de promoción cuando se vio ante la perspectiva de manejar a Messi: “Me dijo: ‘Montse, en el curso de entrenador nos enseñaron todo lo que no necesitamos. ¿La gestión? Eso es el fútbol’. Nadie te enseña cómo tienes que gestionar a un 10. Él lo ha hecho con naturalidad, siendo él, no fallando a los futbolistas. A los jugadores no los gestionas solo desde la parte emocional. Tienes que darles soluciones para los momentos difíciles de los partidos. Que no vean que no sabes qué hacer”.Imposible no reconocer en ese boceto algunos de los rasgos más notables del maestro De la Fuente. Gurpegui ya había coincidido con él unos años antes: “Cuando fue delegado en el Athletic con Caparrós era igual: súper cercano, súper cariñoso”. Pandiani, que ha manejado vestuarios en Uruguay, Emiratos Árabes Unidos y España, comparte la máxima del seleccionador español para elaborar plantillas. “Necesitas buenas personas. Es lo más importante. Eso te genera buen ambiente. La manzana podrida termina arrastrando a dos, tres, cuatro… ¿Qué pasa? Que normalmente en el fútbol de alta competencia no llaman a ese jugador para decirle: ‘No, por ahí no’. Lo dejan estar y si se te pudre el grupo sales perjudicado y te terminan echando”.De la Fuente ya estaba en ese punto incluso antes de aquel célebre curso. Tomé lo trató siete años en la federación después de tenerlo como profesor. “Lo conozco profesionalmente y siempre alabé su trabajo y sus valores. Los mejores futbolistas son las mejores personas. Lo creo así. Y siento que el equipo que ha conseguido formar, tanto de jugadores como de técnicos, refleja muy bien su personalidad. Luis nos ha demostrado a todos que se puede llegar a lo máximo siendo buena gente y teniendo valores”. Le falta solo ser hoy campeón del mundo ante uno de sus alumnos más queridos, que ya lo ha sido.