18 de julio, 2026 - 06h30Los denominados “robots asesinos”, conocidos técnicamente como Sistemas de Armas Autónomos Letales, son capaces de seleccionar y atacar objetivos con escasa o ninguna intervención humana, lo que plantea importantes desafíos para garantizar el cumplimiento de las normas del derecho internacional humanitario, concebidas para proteger, entre otros, a la población civil en conflictos.La existencia de los “robots asesinos” se remonta a más de dos décadas. Desde entonces, la comunidad internacional ha realizado esfuerzos para establecer un marco jurídico que regule su desarrollo y utilización. Tuve el honor de presidir la Conferencia de Desarme, en Ginebra, y de participar en otros mecanismos multilaterales dedicados al examen de esta materia, experiencia que me permitió constatar la dificultad de alcanzar consensos frente a una tecnología que avanza mucho más rápido que el derecho internacional. Es imprescindible la regulación internacional.Las armas se han ido desarrollando para reducir el costo humano de las operaciones militares. Sin embargo, ello ha incrementado los riesgos y las víctimas entre la población civil. Las armas que incorporan inteligencia artificial plantean serias preocupaciones, especialmente ante la posibilidad de que puedan adoptar, mediante algoritmos, decisiones en escenarios de combate con una intervención humana cada vez menor, lo que representa uno de los mayores desafíos éticos y jurídicos que enfrenta la comunidad internacional.Otro elemento importante es el concepto de “daños colaterales”, empleado en conflictos en el Medio Oriente, para describir consecuencias no intencionales de operaciones militares, en las que la consecución de un objetivo ha llegado a justificar el sacrificio de vidas inocentes. La justificación, según quienes recurren a este argumento, es que el Estado atacante toma en consideración elementos para reducir las pérdidas de vidas civiles. Pero, la realidad demuestra que esas evaluaciones no siempre logran evitar consecuencias humanitarias devastadoras. Lamentablemente, en tiempos de guerra todo se vuelve “justificable” por la doctrina de seguridad nacional.La guerra entre Rusia y Ucrania ha demostrado que el empleo de sistemas autónomos está alterando la forma de conducir los conflictos armados. Ambos países han desarrollado y adaptado estas tecnologías, transformando la guerra.Los drones o vehículos aéreos no tripulados son, en muchos casos, de bajo costo, lo que ha democratizado el acceso a capacidades militares. Un análisis de The New York Times destaca que estas tecnologías están redefiniendo la forma de hacer la guerra a un ritmo sin precedentes, planteando nuevos desafíos en los conflictos.Esta realidad también constituye una preocupación en la lucha contra la delincuencia organizada transnacional. El uso de drones se ha generalizado en zonas de conflicto y en operaciones de organizaciones criminales, como en México y Colombia, y es previsible que se expandan hacia otros países afectados por el narcotráfico. Ecuador y los demás países de la región harían bien en promover un marco regulatorio que anticipe estos riesgos y establezca límites al uso de “robots asesinos”. (O)