Siete minutos cambiaron muchas cosas en Massafer Yatta. El exprimer ministro de Reino Unido, Tony Blair, visitaba esta comunidad de Cisjordania en 2009. Fue un recorrido corto, pero suficiente como para que atrajera la atención internacional hacia la resistencia de los palestinos contra la violencia de los colonos israelíes. Cuando Blair abandonó el lugar, las autoridades de Tel Aviv cancelaron una demolición de una escuela local y los planes para tomar más territorio en la zona. Han pasado 17 años desde esa visita diplomática. Muchas cosas en Massafer Yatta continúan igual, pero el impacto de la visita de un líder internacional en el combate de la violencia entre colonos y palestinos no es una de ellas. El pasado 11 de julio, el congresista demócrata Ro Khanna estaba visitando las ruinas de Khirbet Zanuta, situadas también en el sur de las colinas de Hebrón, cuando un coche con cinco hombres armados bloqueó la carretera por la que circulaban Khanna y su equipo. Identificados posteriormente como colonos israelíes, insultaron a los visitantes y les patearon las ruedas del minibús en el que se desplazaban. Cuando llegaron dos coches del Ejército israelí, el congresista demócrata pensó que estaban allí para ayudarles, pero los soldados fumaron cigarrillos, charlaron con los colonos y les ayudaron a bloquear la carretera para que no pasara el equipo estadounidense. "Me sentí impotente en esa situación, lo cual no es fácil, ya que gozo de muchos privilegios", declaró Khanna, a quien finalmente se le permitió continuar su viaje tras llamar a la embajada estadounidense y a la policía israelí. "Imaginen cómo se sienten a diario los palestinos bajo la ocupación si logran hacer sentir impotente a un congresista estadounidense durante 90 minutos". Los ataques de los colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania se intensificaron desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza. La respuesta de las autoridades de Tel Aviv ha cambiado en este tiempo y ha pasado de promesas incumplidas para solucionar el problema hasta eludir responsabilidades. En algunas ocasiones, la presión diplomática, como la que pudo ejercer Tony Blair en 2009, era una estrategia efectiva para combatir la violencia. Casos como el de Ro Khanna demuestran que ya no lo es, y mucho menos si forman parte de partidos con integrantes críticos con Israel, como es el caso de Khanna. TE PUEDE INTERESAR "Tengo algo único que aportar sobre las injusticias que sufren los palestinos", dijo. "Voy a recorrer todos los rincones de Estados Unidos, independientemente de si me presento a las elecciones o no, y contaré sus historias y lo que está sucediendo en Cisjordania", añadió para The New York Times. Mientras tanto, en las aldeas rodeadas de asentamientos judíos, son otras personas las que forman una barrera física entre colonos judíos y palestinos. En Qawawis, están rodeados por una amenaza. Las colinas parecen cercadas por asentamientos y, al otro lado, hay un pequeño puesto de colonos, recién instalado, que de momento consiste únicamente en un módulo prefabricado. Una de las vecinas de Qawawis, Linda, afirma que la situación entre palestinos y colonos no era buena en años pasados, pero sí "mucho mejor que ahora". En enero y agosto del año pasado, los habitantes de la comunidad sufrieron las peores agresiones que recuerdan. "Unas milicias atacaron a los vecinos, los golpearon con bastones y gas pimienta, y la segunda vez fracturaron las costillas de un voluntario que se encontraba con nosotros". Una barrera humana contra la violencia Este voluntario formaba parte del que se ha convertido en uno de los esfuerzos más importantes para combatir la violencia en la zona. Se trata de la llamada "presencia protectiva", una iniciativa en la que se envía a personas a lugares donde se ha comprobado o se sospechan acciones violentas contra palestinos. Lior Amihai, director ejecutivo de la ONG Peace Now, explica que estos voluntarios ejercen la protección de los palestinos "que corresponde al Estado, a la policía, los militares y fiscales, pero que estos no desempeñan". "Son ciudadanos de Israel que protestan pacíficamente al actuar como barreras físicas para evitar la destrucción de estas comunidades, además de llamar la atención del público a estos fenómenos", aclara. Asher es el nombre ficticio de uno de los voluntarios que se encuentra actualmente en Qawawis. El israelí define su labor como una "presencia solidaria". "Hay jornadas en las que esperamos todo el día sin que pase nada, pero a veces recibimos llamadas de un centenar de lugares; ahora en verano, con el calor, la mayoría de los ataques ocurre en la mañana o cuando está anocheciendo", dice. La base de su trabajo no es detener físicamente a los agresores, sino documentar lo que está pasando. Asher sostiene que su capacidad de protección es, por lo tanto, limitada, pero que algunos colonos paran sus ataques o se vuelven menos violentos cuando saben que los están observando. TE PUEDE INTERESAR La teoría de Asher está comprobada. Según varios voluntarios y organizadores consultados, varios atentados han tenido resultados menos graves cuando los autores han notado que los están grabando y algunos incluso se han frustrado. Algunos soldados del Ejército israelí han empezado incluso a usar mascarillas durante sus ataques contra los palestinos para evitar que les prohíban la entrada a ciertos países al identificarlos o que los juzguen por ejecutar supuestos crímenes de guerra y de lesa humanidad. Las fuerzas de Tel Aviv han advertido a alguno de sus miembros que no revelen su pertenencia a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF por sus siglas en inglés) fuera del país por la condena social que ha provocado la violencia en los territorios ocupados y durante la operación militar en Gaza, donde 73.000 han muerto por la ofensiva israelí, según datos del ministerio de Salud de Gaza. En los asentamientos, los soldados de Israel no siempre fueron temidos. Hace años, era común ver a alguno de ellos protegiendo a los pobladores de estas aldeas de los colonos, e incluso escoltando a los niños al colegio. El ataque de Hamás en 2023 lo cambió todo y ahora no solo no interrumpen las agresiones, sino que en algunas ocasiones participan en ellas. "Los colonos le dan órdenes a los soldados, y muchos soldados viven como colonos", denuncia Eid Suleiman, activista palestino a favor de los derechos humanos. Señala que el traslado de militares a Gaza dejó un "agujero en la seguridad" que ahora ocupan lo que califica de "unidades de respuesta rápida", también llamadas Hagmar. Son "colonos que en tiempos de crisis se ponen uniformes del IDF, usan sus armas y vehículos". "Nosotros los conocemos, conocemos sus nombres y sus caras, pero ahora atacan a los palestinos con la ley de su lado". TE PUEDE INTERESAR Las unidades de Hagmar tienen la autorización del gobierno y salarios oficiales, aunque trabajan de forma paralela al ejército y se organizan en sus propias comunidades, por lo que varias ONG las han señalado como milicias irregulares. Dentro de las comunidades de Massafer Yatta, que abarca 19 aldeas, incluyendo a Qawawis, estos cuerpos participan en las agresiones, las expulsiones y la destrucción de cultivos de la misma manera en que lo hacen los colonos, que en ocasiones son detenidos por soldados regulares. Dentro de este complejo entramado de autoridades están los voluntarios que ejercen la "presencia protectiva". Ena llegó desde Canadá para acompañar a las comunidades palestinas de Massafer Yatta durante un par de meses y trabaja para el Center for Jewish Nonviolence (CJNV). Un día antes de dar su testimonio a El Confidencial, sufrió un ataque. "Cuando pasamos al lado de uno de los controles, un colono con una máscara puesta y un bate se nos acercó para amenazarnos, y aunque después se alejó, nos tiró piedras, pero tenía tan mala puntería que no nos dio a ninguno", cuenta, casi riéndose. Su familia, de ascendencia judía, le recrimina que esté trabajando en la comunidad "porque tienen muy inculcada la propaganda sionista; dicen que cualquier judío que pise Cisjordania va a morir". "Pero yo siempre vuelvo porque es algo difícil imaginar si no lo ves, porque admiro la resistencia y hospitalidad de la gente de aquí, y también porque significa mucho para ellos saber que hay personas que se preocupan por ellos y que quieren contar su historia". Los límites de la legalidad israelí en Cisjordania Aunque tanto los asentamientos como los puestos de avanzadilla se consideran ilegales dentro de los parámetros de la ley internacional, el gobierno de Israel considera que los primeros son legales mientras que los segundos no lo son por construirse sin las autorizaciones necesarias, por lo que ocasionalmente son demolidos, como ocurrió con el puesto de nombre Tzur Misgavi. Sin embargo, varios de estos se reconstruyen y algunos consiguen con el tiempo la autorización de las autoridades. El caso de Qawawis, rodeado de estos puestos, no es raro. En varias de las aldeas de Massafer Yatta y otras regiones, los colonos construyen alrededor de los montes donde se encuentran sus hogares, a veces a menos de un kilómetro. Según los comentarios de varias víctimas, los asentamientos nuevos albergan a colonos más jóvenes que "relevan" a los de puestos más antiguos. Por decirlo de otra manera, "pasan el testigo de la violencia" y los intentos de expulsión a una generación más atrevida, que confía además en la protección de las fuerzas del Estado. Más allá de la prohibición implícita de acercarse a los asentamientos, los militares cierran a menudo los accesos por los que se puede entrar y salir de las aldeas palestinas y se esfuerzan en encontrar los pasos por los que los palestinos evaden su control para bloquearlos. Este asedio puede durar varios días en los que los palestinos no pueden buscar comida, buscar asistencia médica o asistir a la escuela. Talib, el patriarca de una de las pocas familias que quedan en Qawawis, denuncia que vive como en un estado de sitio y culpa a los colonos por impedir su asistencia a una boda hace poco. En una situación en la que ellos también deberían estar protegidos por la ley, dice, la policía rechaza ayudarlos en una situación de emergencia como los ataques que sufre su mujer. Según Talib, su esposa no puede hacer el pan que comen cada día en el horno exterior sin que la acosen. "La policía y el ejército protegen a los colonos cuando deberían sacarlos de aquí, pero no parece que eso vaya a pasar", dice Talib. TE PUEDE INTERESAR Otra de las formas de hostigamiento es más sutil y se centra en el pastoreo de los rebaños de los colonos en las tierras que cultivan los palestinos, especialmente entre los olivares, cuya cosecha queda arruinada. Incluso con el apoyo que le presta el gobierno israelí a los colonos, la ley dentro de los territorios ocupados registra las parcelas privadas de los palestinos, pero eso no impide las intrusiones de colonos que deciden pastorear en ellas, saboteando las cosechas. Un informe de la organización Kerem Navot describe que la práctica, que se realiza desde la década de 1980, permite que se entremezclen las definiciones de los terrenos identificados como zona de pastoreo de los colonos con las "zonas de tiro", de uso militar, las reservas naturales, las áreas estatales y las propiedades privadas de los palestinos. Determina también que varios de los terrenos determinados de facto como espacios de pastoreo son la punta de lanza de la ocupación de las aldeas palestinas y expulsión de sus poblaciones. Asher detalla que "la policía puede ordenar a unos colonos que se retiren de los terrenos de cultivo si se nota que la tierra está labrada". "Hemos visto ocasiones en las que llaman por teléfono a los intrusos después de que los denunciamos o incluso se les acercan para alejarlos de una manera muy gentil y educada", apunta. TE PUEDE INTERESAR Los límites de la protección de la ley se notan de forma más aguda en una casa derruida que se encuentra en el borde de Qawawis. Era el lugar donde vivía Gibrin, que fue expulsado de ella a pesar de que estaba reconocida como su propiedad por las autoridades israelíes después de una lucha judicial que le costó decenas de miles de shekels en abogados. "El ejército la destruyó primero, y después entraron los colonos a robar lo que tenía y romper lo que quedaba", dice. Lejos quedan los días en que cosechaba olivas, uvas, almendras y tomates y pastoreaba su rebaño por las tierras en las que vivieron varias generaciones de antepasados. Hoy vive en la casa de un familiar desde donde se ven las ruinas de su antiguo hogar. Ahora, Gibrin tiene que asistir todas las semanas a la corte militar en la base de Ofer, cerca de Ramallah, para enfrentar una acusación según la cual arrojó piedras a miembros del IDF. Él reclama que es un caso judicial que resulta de sus intentos de acceder a su tierra, por lo que ha sido arrestado varias veces y él y su mujer han sido golpeados hasta el punto de requerir una hospitalización. Los activistas le ayudan a pagar parte de los costos de los procedimientos judiciales, además de advertir de otros ataques a la comunidad. "Nos ayudan a sobrevivir estos infortunios, pero la situación es cada vez peor", asegura. Después de que llegan otros voluntarios a relevarlo, Asher recibe una llamada telefónica. Un colega suyo, un profesor de universidad de edad avanzada, ha sido mordido por el perro de los colonos que rodean otro pueblo de beduinos. "Qué mala suerte, la semana pasada lo atacaron con gas pimienta", lamenta el joven.