OpiniónDe La Espriella rehúsa participar del acto protocolario de entrega del poder, mientras Petro se niega a entregarle las llaves de la Casa de Nariño.JURISTA, PROFESOR, EXMAGISTRADO Y CATEDRÁTICO17.07.2026 22:01 Actualizado: 17.07.2026 22:01 En una democracia —se supone que Colombia lo es— hay libertad de pensamiento y opiniones, tanto en materia política como religiosa, social y económica. No todos tenemos la misma ideología y el sistema jurídico nos garantiza el derecho a pensar con libertad, respetando a los demás.Ahora bien, los delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente —elegidos por el pueblo—, que hace treinta y cinco años proclamaron la Constitución, nos dieron ejemplo y se lo dieron a los actuales dirigentes. Pertenecían a distintas ideologías y concepciones políticas, pero actuaron con equilibrio y tolerancia, de modo que pudieron deliberar, discutir y votar el texto, llegando a un consenso democrático. Tres delegatarios —Álvaro Gómez Hurtado, Horacio Serpa Uribe y Antonio Navarro Wolff—, de partidos e ideales políticos distantes, presidieron las sesiones y, en el Capitolio, prestaron solemne juramento, sin las mutuas recriminaciones ni ofensas que hoy —infortunadamente— sí tienen lugar entre los gobiernos saliente y entrante.Desde 1819, tras la Campaña Libertadora, nos independizamos de la monarquía española y proclamamos con orgullo nuestra soberanía, que reside en el pueblo, como lo expresa la Constitución. Hoy, algunos quieren claudicar en el ejercicio de esa soberanía y hacernos depender de Donald Trump y de los Estados Unidos. El pueblo jamás lo aceptará. Colombia es soberana.Lo que está pasando en los días previos a la sucesión presidencial es verdaderamente vergonzoso. No hubo un empalme —previsto en la ley— mediante el cual la administración actual entregara a la siguiente los informes fundamentales sobre el estado de las cosas en los distintos frentes, para su evaluación y análisis. Se incumplieron las pertinentes normas porque el nuevo gobierno prefirió “empalmar” en el exterior, ante funcionarios extranjeros, a la vez que el Presidente en ejercicio decidió desconocer los resultados de las elecciones, aunque no hay sentencia alguna que haya desvirtuado la presunción de legalidad del acto de reconocimiento proferido por el Consejo Nacional Electoral.Los presidentes deben cumplir y hacer cumplir la Constitución, no sus impulsos emocionales. Se requieren mayor seriedad, madurez y compromiso con el interés general.Por otra parte, el presidente electo rehúsa participar en el acto protocolario de entrega del poder y prefiere anunciar la extradición del actual presidente —sin que haya proceso ni sentencia alguna en su contra, ni solicitud de ningún Estado— y el mandatario saliente, por su parte, se niega a entregarle las llaves de la Casa de Nariño, por estimar que hubo fraude en las elecciones.El próximo presidente quiere iniciar su mandato incumpliendo la Constitución. En un inexplicable capricho, se niega a prestar juramento ante el Congreso de la República, aunque el artículo 192 se lo ordena. Al tenor de ese precepto, debe tomar posesión de su destino ante el Congreso, jurando en estos términos: “Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”. Señala que, si por cualquier motivo el presidente no pudiere tomar posesión ante el Congreso, lo hará ante la Corte Suprema de Justicia o, en defecto de esta, ante dos testigos.La norma no da lugar a que el nuevo mandatario escoja —según su gusto— ante qué organismo presta juramento. La Constitución le dice ante quién: ante el Congreso. La posesión extraordinaria ante la Corte Suprema de Justicia tiene lugar únicamente cuando se presenten circunstancias o situaciones excepcionales que impidan la reunión de las cámaras. Si, por causas también imprevistas, no puede posesionarse ante la Corte, cabe hacerlo ante dos testigos. Pero tiene que haber una razón objetiva. No es aceptable que, en tiempo de normalidad, el elegido pase por encima de las reglas y exija, según su parecer, posesionarse ante órganos diferentes. Si el Congreso está dispuesto a darle posesión y se reúne para ello, ante él debe jurar para asumir válidamente el cargo.Los presidentes deben cumplir y hacer cumplir la Constitución, no sus impulsos emocionales. Se requieren mayor seriedad, madurez y compromiso con el interés general. Sigan, señores, el ejemplo de los constituyentes. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. 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