La actualidad nos acelera el corazón, seguramente porque priorizamos las malas noticias (los periodistas, pero también los lectores) para sobrevivir a los peligros que se nos vienen encima. Dicen los científicos que el flujo constante de información activa una respuesta evolutiva para sobrevivir a tantos impactos que nos afectan, inundando el cuerpo de hormonas de estrés. Nos indignamos ante las cosas que ocurren en el mundo porque las conocemos al instante, porque las redes sociales las distorsionan, porque estamos perdiendo la capacidad de entender el contexto de las noticias. Y porque en pocos momentos de la historia ha resultado tan difícil conocer la verdad (o al menos acercarnos a ella), porque la tecnología intenta manipular con los algoritmos nuestros intereses y con la inteligencia artificial nuestra opiniones. Europa PressPor eso es tan importante la prensa de calidad, a la que debemos exigir el máximo rigor, autenticidad y compromiso. La primera obligación del periodismo es con la verdad. En cualquier caso, ayer en este diario, entre los nuevos bombardeos de Trump a Irán, la violencia policial en Maine contra los emigrantes o las tensiones entre el poder ejecutivo y el judicial en España, emergió una noticia esperanzadora: los nacimientos en Catalunya aumentaron por primera vez en dieciocho años.La esperanza hace que el náufrago agite los brazos en medio del océano, aunque no vea a nadieNo son las cifras de los años cincuenta, cuando el mundo volvió a creer en el futuro, pero muestran síntomas de esperanza. El repunte es del 0,8% y no es solo el resultado de la inmigración, pues el 48,5% son hijos de mujeres catalanas y el 5,2% de mujeres nacidas en el resto de España. Y los nombres más comunes son Biel, Nil, y Marc en niños y Júlia, Sofia y Martina en niñas.De alguna manera, podemos pensar que, a pesar de la que está cayendo, los catalanes tenemos fe en el futuro. Hay motivos para la esperanza. que es eso que hace que el náufrago agite los brazos en medio del océano aun cuando no vea a nadie. La esperanza no resulta la ausencia de dificultades, sino la fuerza que nos impulsa a superarlas. Es aquello que decía Luther King y que a Trump no se lo explicaron sus padres: Solo cuando está suficientemente negro el cielo se pueden ver las estrellas.