NoticiaLa golfista colombiana ganó el torneo de Augusta.María José Marín durante su participación en el torneo de Augusta Foto: Archivo personalDIRECTOR DE NOTICIAS RCN17.07.2026 20:09 Actualizado: 17.07.2026 20:09

Con apenas 19 años, María José Marín ya ocupa un lugar privilegiado en la historia del golf colombiano. Su victoria en Augusta la convirtió en la primera latinoamericana en conquistar uno de los torneos más importantes del mundo y abrió de par en par las puertas de los grandes escenarios internacionales.Sin embargo, detrás de ese logro hay una historia mucho menos conocida: la de una niña que prácticamente creció entre campos de golf, que aprendió muy temprano a cambiar fiestas por entrenamientos y que, pese a los triunfos, sigue convencida de que el mayor éxito no está en los trofeos sino en no perder nunca la esencia.María José, ¿el golf te encontró o tú encontraste el golf?El golf siempre estuvo en mi vida. Es un deporte que viene de familia. Mi abuelo jugaba, luego le transmitió esa pasión a mi tío y a mi papá, y mi papá terminó transmitiéndomela a mí. Desde que tenía tres años, o incluso un poquito menos, siempre estaba con él. Lo acompañaba a practicar, lo veía jugar y no hacía sino molestarlo para que me dejara intentar también. Mi mamá, además, siempre buscó acercarme al deporte. Poco tiempo después me lancé de cabeza y sin paracaídas.Claro, pero ninguno de ellos llegó tan lejos como tú.No. Mi abuelo jugaba simplemente porque amaba el golf. Mi papá sí fue un gran amateur, representó muchas veces a Colombia y tuvo una carrera muy bonita, pero nunca dio el salto al profesionalismo o al alto rendimiento. Yo he tenido la fortuna de seguir avanzando un poco más.¿Cuál es el primer recuerdo que tienes en un campo de golf?Debe haber sido cuando tenía unos dos años. Lo recuerdo porque hace poco mis papás me mostraron un video. Evidentemente no tenía fuerza, ni técnica, ni sabía absolutamente nada. Apenas podía sostener el palo de golf y trataba de pegarle a la bola una y otra vez. Ese video me hizo pensar que seguramente esa fue una de las primeras veces que pisé un campo.¿En qué momento dejaste de jugar por diversión y entendiste que el golf podía convertirse en tu proyecto de vida?Siempre me gustó muchísimo, pero el punto de quiebre llegó cuando tenía alrededor de 12 años. Ahí mis papás empezaron a darse cuenta de que esto iba mucho más en serio de lo que parecía y yo terminé enamorándome completamente del deporte. Hubo un torneo muy importante para mí, el US Kids. Representar a Colombia, participar en el desfile de naciones, competir con niñas de todo el mundo que tenían el mismo nivel y sentir ese orgullo de llevar la bandera fue lo que terminó de convencerme. Ya lo había jugado varias veces desde los nueve años, pero esa edición fue diferente. Ahí entendí que quería seguir representando a Colombia y dedicar mi vida al golf.¿Quiénes eran los referentes de esa niña que soñaba con llegar lejos?En el golf femenino admiraba muchísimo a Inbee Park. Me impresionaba el dominio que tenía sobre el juego. Parecía que cada vez que empezaba un torneo ya tenía medio camino recorrido para ganarlo. Y, por supuesto, crecí viendo a Tiger Woods. Todo lo que hizo por este deporte es extraordinario. También tuve referentes colombianos muy importantes como Camilo Villegas, María José Uribe y, un poco después, Nicolás Echavarría.¿Has podido acercarte a ellos?María José con el premio que obtuvo y la famosa copa Foto:Archivo personalSí. Con María José Uribe he compartido bastante y siempre ha sido increíble conmigo. Cada vez que necesito un consejo o una ayuda está dispuesta a darme una mano. Con Camilo todavía no he tenido la oportunidad de conocerme personalmente, aunque después de ganar en Augusta me escribió para felicitarme. Fue un mensaje muy especial. Y con Nicolás tengo una relación cercana desde hace varios años. Incluso compartimos entrenador, así que siempre ha existido esa cercanía. Tener referentes como ellos inspira muchísimo.El golf suele verse como un deporte reservado para quienes tienen muchos recursos. ¿Hubo momentos en los que pensaste que sería imposible seguir?La verdad tuve una enorme bendición. Muchas veces la Federación Colombiana de Golf cubría los gastos cuando representaba al país y, cuando eso no ocurría, mi papá y toda mi familia hacían un esfuerzo enorme para que pudiera competir. Lo más bonito es que, incluso si existían dificultades, ellos nunca permitieron que yo las sintiera. Siempre hicieron todo lo posible para que pudiera concentrarme únicamente en jugar.Muchos jóvenes recuerdan la adolescencia por las fiestas o los fines de semana con amigos. La tuya fue distinta. ¿Qué has tenido que sacrificar?Muchísimas cosas. Claro que tuve una infancia feliz, tuve amigas y también hice planes como cualquier niña, pero no era la persona que todos los fines de semana estaba de fiesta o saliendo. La mayoría de las veces estaba entrenando. Mucha gente me preguntaba si no sentía que me estaba perdiendo de algo. Y claro que había momentos en los que uno pensaba en eso, pero yo tenía un compromiso con mi deporte. Hoy miro hacia atrás y le agradezco muchísimo a esa niña que decidió entrenar cuando podía haber escogido otro camino. Todo ese esfuerzo está dando frutos.Casi todos los deportistas recuerdan una derrota que todavía les duele. ¿Cuál ha sido la tuya?En Colombia tuve la fortuna de ganar muchos torneos, pero cuando empecé a competir internacionalmente entendí que el nivel era completamente distinto. El momento más duro llegó en 2024, durante el US Women’s Amateur. Había alcanzado las semifinales y estaba muy cerca de hacer historia para Colombia, como años atrás lo había hecho María José Uribe. Pero sufrí una lesión de rodilla y tuve que retirarme. Todavía hoy me duele recordarlo porque sentía que estaba muy cerca de conseguir algo muy importante.¿Qué es más difícil: aprender a ganar o aprender a perder?Las dos cosas tienen su complejidad. En el golf hay muchas más derrotas que victorias. Uno tiene que aprender a analizar qué salió mal, hablarse bien y entender que, aunque haya hecho todo correctamente, a veces las cosas simplemente no salen. Pero también hay que aprender a ganar. El triunfo puede cambiarte como deportista, pero nunca debería cambiarte como persona. Uno sigue siendo hijo, hermano, amigo. Ese equilibrio, al final, termina siendo mucho más importante que cualquier resultado.Es imposible hablar contigo sin detenernos en Augusta. Quiero la versión de María José Marín, no la de los titulares. ¿Cómo llegaste a ese torneo y cómo terminaste escribiendo una página histórica para el golf latinoamericano?Llegué con expectativas muy distintas a las del año anterior. En 2024 fui muy enfocada en conseguir un resultado y eso terminó jugándome en contra. Salí de ese torneo con una gran decepción, pero también con muchísimos aprendizajes. Este año llegué con otra mentalidad. Claro que quería jugar bien, pero mi principal objetivo era disfrutar. Solo 72 jugadoras de todo el mundo tienen la oportunidad de estar allí y no podía olvidar ese privilegio. Además, venía en un gran momento. Había ganado la semana anterior y sentía mucha confianza en mi juego. Todo empezó a salir como lo había trabajado. Incluso mi entrenador de swing me dijo después que nunca me había visto jugar un golf tan sólido. Cuando terminó la segunda ronda y entendí que podía pelear el título, traté de no cambiar absolutamente nada. Mi única tarea era seguir confiando en el proceso.¿Cómo se prepara una deportista de 19 años para manejar una presión como esa?Esa probablemente era la parte más difícil. Augusta es uno de los campos más exigentes que existen y no permite cometer errores de estrategia. La noche anterior nos sentamos con mi papá y con mi coach para definir exactamente cómo íbamos a jugar cada hoyo. El compromiso era seguir ese plan al pie de la letra, sin importar lo que pasara. Hoy no trabajo con un psicólogo deportivo, pero sí tengo herramientas que me ayudan a manejar esos momentos. En Augusta me repetía constantemente que debía confiar en el trabajo que había hecho durante tantos años. Había muchísima gente, sabía perfectamente lo que significaba ese torneo y entendía la presión del momento. Pero cuando uno confía en el proceso, todo se vuelve un poco más sencillo.Y cuando entiendes que acabas de ganar Augusta, ¿qué pasa por tu cabeza?Lo primero que recordé fue a esa niña que soñaba algún día con pisar Augusta National. Después pensé inmediatamente en mi papá. Él siempre decía que uno de sus grandes sueños era conocer ese campo y poder cumplir también ese sueño para él fue muy especial. Pensé en mi mamá, en mi hermano y en toda mi familia. También recordé la frustración del año anterior y sentí que había logrado transformar ese momento tan duro en una oportunidad para crecer. Y pensé muchísimo en mi hermanito. Antes del torneo le hicieron una entrevista y dijo que su sueño era verme ganar en Augusta. Poder cumplirle ese sueño fue una de las cosas más bonitas que me ha pasado.Hay muchas niñas que hoy te ven como un referente. ¿Qué les dirías a quienes sueñan con llegar tan lejos como tú?Les diría que nunca se rindan. Puede sonar repetitivo, pero nunca dejen de insistir por aquello que quieren. El camino nunca es perfecto. Siempre habrá momentos muy buenos y momentos muy difíciles. Es muy fácil desanimarse cuando llegan esos bajos, pero la diferencia la hacen la perseverancia, la disciplina y la constancia. Son esos valores los que terminan sacándote adelante y los que, al final, te acercan a cumplir tus sueños.La última. Falta muchísimo para ese momento, pero cuando algún día guardes definitivamente los palos de golf, ¿cómo te gustaría que recordaran a María José Marín?Claro que me gustaría que dijeran que fui una gran jugadora y que representé muy bien a Colombia. Ese siempre será uno de mis grandes objetivos. Pero, sobre todo, quisiera que me recordaran como una buena persona. Como alguien que siempre estuvo dispuesto a ayudar, a compartir un consejo y a tender una mano cuando alguien lo necesitara. Me gustaría que, sin importar los torneos que hubiera ganado, la gente pudiera decir que nunca cambié por los resultados. Sigue toda la información de Deportes en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.