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El rostro sonriente con el que se conoce a Andy Burnham, el nuevo líder del Partido Laborista y virtual primer ministro de Reino Unido, se desdibujó en 2015 tras ser derrotado, por segunda vez, en su carrera por la dirección del laborismo. Entonces, abandonó Londres para mudarse al norte, a Manchester. Nadie hubiese apostado a que aquel hombre tumbado sobre la lona volvería a la capital británica más de una década después para suceder a Keir Starmer como inquilino del número 10 de Downing Street.

Antes de autoimponerse un aislamiento de la capital británica, Burnham manifestó su frustración en uno de los peores momentos de su carrera al hablar del dolor de ser “rechazado por gente que conoces”. Sin embargo, comenzó a crecer desde las sombras, venció tres veces en las elecciones de Manchester y se ganó el apodo de “el rey del norte”, un guiño inspirado en la saga ‘Juego de Tronos’ que alude tanto a su defensa de su región natal como a su ambición política.

Ahora, a las puertas de ostentar el cargo político más poderoso del Reino Unido ha prometido la mayor revolución institucional en cuatro décadas, con la que busca revertir las encuestas de opinión desfavorables para los laboristas, ante el ascenso del partido populista y antiinmigración Reform UK. “Trabajaré para construir una nueva política. El país la necesita urgentemente”, señaló Burnham este viernes, tras ser nombrado sin oposición como el líder laborista, con el respaldo de 379 de los 403 diputados de su partido. Su designación como primer ministro está prevista para la próxima semana.