NoticiaLa cantante española se atrevío a bailar ballet e incluir varias referencias del arte clásico en un show 100% sorprendente y original.Concierto de Rosalía Foto: Angie Tatiana RodríguezPERIODISTA17.07.2026 12:25 Actualizado: 17.07.2026 12:25
Ya era rebelde publicar un álbum de 18 canciones construido como una obra de teatro clásica, dividido en cuatro actos —Sexo, violencia y llantas; Reliquia; Divinize; Porcelana y Mío Cristo— y cantado en español, catalán, inglés, latín, siciliano, portugués, francés, ucraniano, árabe, mandarín, alemán, hebreo y japonés. Pero si con Lux Rosalía ya había desafiado la lógica de una industria obsesionada con lo inmediato, el viernes en el Movistar Arena terminó de romper todas esas reglas. Su concierto demostró que un espectáculo pop todavía puede ser una ópera, una exposición de arte y un rave sin perder la conexión con el público.Horas antes de que la española arrasara en el Movistar Arena, lo único que sonaba —muy de fondo— era música clásica. El público de platea estaba más apretado de lo normal y el escenario seguía escondido detrás de un enorme paredón blanco. A eso de las 9:30 p. m., la pared comenzó a abrirse. En el centro había un cubo blanco que se desplegó como una flor de loto y dejó ver, por primera vez, a una Rosalía pura e inocente, muy parecida a La pequeña bailarina de catorce años (1881), de Edgar Degas, la escultura que marcó un antes y un después en el arte moderno y que hoy se conserva en el Museo de Orsay, en París.Entró en escena entre cuerdas y trompetas. Era lógico. Si para Lux trabajó con la Orquesta Sinfónica de Londres, el concierto también tenía que respirar algo de ese universo. En la platea, formando una cruz latina, estaban los 22 músicos de la Heritage Orchestra, dirigidos por la cubana Yudania Gómez.Concierto de Rosalía Foto:Angie Tatiana RodríguezEntonces empezó Sexo, violencia y llantas. Las letras aparecían proyectadas en una pequeña pantalla, como si fueran los subtítulos de una ópera, mientras Rosalía avanzaba por el escenario con movimientos de bailarina clásica. Al mismo tiempo, los bailarines la levantaban, la sostenían por los brazos y la hacían girar como si fuera una muñeca. Cada escena duraba apenas unos segundos, los suficientes para parecer cuadros de artte vivos, antes de romperse y dar paso a la siguiente. En el primer acto, Rosalía pasaba del español al catalán, del inglés al japonés, mientras la escenografía cambiaba sin necesidad de grandes efectos. Bastaban unas telas suspendidas que caían desde el techo como medusas o un juego de escaleras a los lados del escenario para transformar por completo el espacio. Ella seguía bailando sobre las puntas con la misma naturalidad con la que, unos minutos después, cantaba sobre bases electrónicas.Solo veinte minutos después de empezar el show rompió el personaje por primera vez. "¿Cómo estamos? Bienvenidos a Lux Tour. Estoy muy feliz de iniciar esta última parte del tour en Colombia. Hace tres años que no venía y echaba de menos el pandebono", dijo entre risas. Recordó el pandebono que le regalaron durante el Motomami Tour, además de su paso por el Estéreo Picnic, agradeció el cariño del público colombiano y enseguida volvió a meterse en la historia. "La siguiente canción la escribí inspirada en Italia y está completamente en italiano. Se llama Mío Cristo".Ahí el concierto cambió por completo. Rosalía apareció cubierta por un velo blanco que recordaba a vírgenes como la Esperanza Macarena o la Virgen de los Dolores. El escenario quedó vacío. Solo estaba ella frente al micrófono sosteniendo una melodía mucho más cercana a la ópera que al pop. El silencio del Movistar Arena fue tan impresionante como cualquiera de los gritos de la noche. Era una escena sobria, casi religiosa.Pero esa calma duró muy poco. Con Berghain, Rosalía reapareció convertida en otra persona. Ahora llevaba un vestido negro y unos enormes cuernos que parecían sacados de un cuadro de Francisco de Goya. Lo que empezó como un ritual terminó convertido, casi sin darse cuenta, en un rave. Las luces empezaron a parpadear, los bajos hicieron temblar el recinto y Rosalía remató con una frase que terminó de prender al público.Concierto de Rosalía Foto:Angie Tatiana Rodríguez"Tú no viniste a este show solo a llorar. Viniste a rebotar este culo". Y el Movistar Arena le hizo caso. En El Redentor volvió el blanco. Mientras cantaba, varias personas la maquillaban frente al público y un enorme marco descendía hasta encerrar su cuerpo. Por unos minutos el escenario dejó de parecer un concierto y se convirtió en una sala de museo. Y ella tan observada y expuesta como La Gioconda de Da Vinci. Después sonó Can't Take My Eyes Off You y esa solemnidad se rompió otra vez. Varios fanáticos subieron para tomarse fotos con ella mientras seguía cantando. Era el arte clásico encontrándose, sin problema, con la cultura de la selfie.Rosalía abrió el confesionario e invitó a subir a Juliana, la cantante colombiana. Ambas pasaron a un espacio más íntimo y solo se les veía por las pantallas. Entre risas, la artista recordó una historia que todavía le da vueltas en la cabeza. Contó que alguna vez salió con un actor muy famoso en Colombia. Estaba completamente enamorada y no podía creer que un hombre que le parecía "el más lindo del mundo" se hubiera fijado en ella. Después del cierre de la producción en la que coincidieron, terminaron besándose y se apartaron para hablar solos. Fue entonces cuando él le soltó una frase que jamás olvidó: "Tú me has hecho sentir lo que nadie más me ha hecho sentir: que no me importe el físico de una persona".Juliana confesó que esa frase le cambió la manera de entender las relaciones y que desde entonces se prometió no volver a estar con alguien que no la hiciera sentir divina. Rosalía escuchó la historia en silencio, sonrió y remató con una respuesta que desató las carcajadas del Movistar Arena. "La inteligencia le perseguía... y él corría más rápido". La conversación terminó y el espectáculo volvió a cambiar de piel. Sonó La Perla, dedicada a ese hombre que le hizo pasar un mal rato a Juliana.Concierto de Rosalía Foto:Angie Tatiana RodríguezRosalía apareció completamente de blanco. Se puso unos largos guantes negros que hacían desaparecer sus brazos sobre el fondo oscuro, mientras los bailarines, vestidos de negro y con guantes blancos, dibujaban figuras en el aire alrededor de ella. Todo ocurría en contraste: cuando ella desaparecía, aparecían ellos; cuando ellos se escondían, era ella quien ocupaba toda la escena. En un momento se bajó ligeramente el vestido y dejó al descubierto un abdomen marcado. Era una versión de la Venus de milo contemporánea.Después subió las escaleras de una plataforma elevada que terminaba en un enorme piano blanco. No se sentó frente al teclado, sino sobre la cola del instrumento, dominando todo el escenario desde las alturas. Y cuando parecía que el concierto ya no podía sorprender más, volvió a hacerlo. "Estoy leyendo una cuestión: 'Rosalía revela el sexo de mi bebé’". La cantante levantó la mirada y sonrió. "¿Pero tú estás segura?... Me ponen los pelos de punta. Soy muy nerviosa y no soy la que lo va a tener".Entre risas pidió ayuda para sostener el sobre e invitó a Isabella, una mujer embarazada, a subir al escenario. Lo abrió lentamente, hizo una pausa y anunció que venía una niña. El Movistar Arena estalló en aplausos mientras cientos de pequeñas luces se encendían entre el público. Por unos minutos, el espectáculo más elaborado de la noche dio paso a una escena completamente espontánea.La recta final confirmó que Lux también está pensado para verse desde lejos. Rosalía dejó el escenario principal y caminó hacia otro más pequeño, instalado en medio de la platea, justo al lado de la orquesta. Vestía un enorme tutú verde y un tocado que recordaba al cisne blanco del ballet clásico. Después llegaron La rumba del perdón, Cute, El atardecer y, finalmente, Despechá. Durante dos horas, Rosalía pasó por el ballet, la ópera, el flamenco, el reguetón y la electrónica sin que ninguno de esos mundos se sintiera forzado. Todo hacía parte del mismo relato.El cierre fue tan sencillo como contundente. Mientras sonaba Magnolias, subió a una estructura suspendida sobre el escenario, terminó la última frase, se dejó caer de espaldas y desapareció en la oscuridad antes de tocar el suelo.Concierto de Rosalía Foto:Angie Tatiana RodríguezQuizá ahí está el verdadero logro de Lux. No intenta demostrar que Rosalía canta bien, baila bien o puede llenar cualquier recinto; eso ya quedó claro hace rato. Lo realmente impresionante es cómo logra mezclar la historia del arte, la música clásica y el pop sin que nada se sienta pretencioso. Durante dos horas, el Movistar Arena fue teatro, museo, iglesia, discoteca y concierto al mismo tiempo. Y, contra todo pronóstico, funcionó.*Las fotos utilizadas en esta crónica fueron tomadas con celulares, debido a que el equipo de Rosalía no permitió el ingreso de equipos profesionales al recinto.María Jimena Delgado DíazPeriodista Cultural@mariajimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








