El mismo d�a que se celebraba el 250 Aniversario de la Declaraci�n de Independencia de los Estados Unidos, sobre la avenida principal de Washington tron� una tormenta con truenos y rayos. Sin embargo el presidente Donald Trump no se dej� amilanar por el mal tiempo y, aunque la multitud que escuchaba su discurso en la esplanada de la Casa Blanca fuera menos numerosa de lo que se esperaba, el presidente pronunci� un discurso que se refer�a a acontecimientos hist�ricos tan variopintos como la Declaraci�n, las dos guerras mundiales y la llegada del hombre a la luna. Parte de su diatriba se dirigi� contra los comunistas: �No queremos a comunistas en este pa�s�. Algo en lo que evidentemente estaban de acuerdo los miembros de milicias ultraderechistas del grupo supremacista blanco Patriotic Front, que, encapuchados, desfilaron ante el podio.Quienes estamos ya familiarizados con los vituperios del presidente hacia Espa�a y su gobierno no nos hemos extra�ado de que, en el discurso dedicado a ensalzar el valor de los patriotas que hace dos siglos y medio lucharon contra Inglaterra no se citase en ning�n momento la contribuci�n espa�ola a la independencia de EEUU.En cambio, nos ha extra�ado que el diario Smithsonian Magazine, que publica la prestigiosa instituci�n del mismo nombre y que ha elaborado un listado de los lugares m�s significativos en la Guerra de Independencia, no se hayan incluidos los fuertes ingleses como Natchez, Manchac o Baton Rouge, que hab�an sido conquistados por las tropas de Bernardo de G�lvez en su exitosa campa�a en la orilla izquierda del r�o Misisipi. Tampoco figuraban las plazas fuertes de Mobilia y Pensacola que se rindieron ante el militar malague�o, impidiendo as� que las tropas del General Washington sufrieran un ataque desde el sur y bloqueando el acceso de la flota inglesa al Golfo de M�xico y al Canal de las Bahamas.La Smithsonian Institution -que re�ne 19 museos, cuenta con unos 8.000 empleados y se encuentra en el punto de mira del presidente, al considerar que sigue una l�nea excesivamente moderada e independiente-, celebr� en septiembre de 2007 una magna exposici�n en la National Portrait Gallery llamada Legacy: Spain and the United States in the Age of Independence, 1763-1848, donde se expusieron importantes obras de Goya reconocidos artistas y de otros importantes pintores espa�oles, junto a la obra de los m�s prestigiosos pintores estadounidenses. En lugar destacado del museo se colocaron, frente a frente las im�genes del rey Carlos III y de George Washington, que nunca se conocieron, pero cuyo entendimiento propici� el nacimiento de la nueva naci�n.Como complemento de esa exposici�n y en el mismo lugar, se celebr� el simposio La contribuci�n espa�ola a la independencia de los Estados Unidos: entre la reforma y la revoluci�n. 1763-1848, que tuve el honor de coordinar, con la participaci�n de los m�s prestigiosos historiadores y soci�logos de Espa�a, M�xico, Reino Unido y de los Estados Unidos, incluyendo en este �ltimo caso al profesor David J. Weber, disc�pulo de Eugene H. Bolton, creador de la Escuela de la Frontera.Estos eventos culturales -realizados en la capital de los Estados Unidos, donde la ayuda de Espa�a a la independencia ha sido siempre menos conocida que en los lugares en los que Bernardo de G�lvez derrot� al ej�rcito y a la flota brit�nica-, constituyeron una revelaci�n para quienes cre�an conocer bien la Guerra de la Independencia pero desconoc�an la imprescindible ayuda de Espa�a a la derrota del antiguo poder colonial. Un extenso art�culo del Washington Post se refer�a a la cooperaci�n de Espa�a anterior a la declaraci�n de guerra como un secreto muy bien guardado.Desde entonces se ha especulado -y contin�a siendo un asunto pol�mico-, sobre los motivos que propiciaron la falta de conocimiento y reconocimiento de la ayuda de Espa�a, tanto por parte de los l�deres de la rebeli�n de las colonias inglesas como por parte de la opini�n p�blica estadounidense.Esta falta de reconocimiento, aunque no tiene justificaci�n, merece al menos una explicaci�n. Como uno de los motivos psicol�gicos de esta actitud por parte de los l�deres estadounidenses podemos citar el haber heredado los prejuicios entonces vigentes en las universidades inglesas sobre el sistema de colonizaci�n de Espa�a en Am�rica. Tambi�n se puede mencionar el mayor entendimiento personal que existi� entre el Marqu�s de la Fayette y George Washington, que trataba al arist�crata franc�s con el cari�o y la deferencia de un hijo adoptivo; un entendimiento que no lleg� a producirse entre el primer presidente de los Estados Unidos y los representantes que Espa�a hab�a enviado para intentar enmendar las omisiones que se hab�an producido en el tratado de paz de 1783.Es indudable que la petici�n de ayuda de los l�deres de la rebeli�n, incluyendo a Benjam�n Franklin, que viaj� a Par�s poco tiempo despu�s de haberse publicado la Declaraci�n de Independencia, recibi� una respuesta m�s inmediata del gobierno franc�s que del de Carlos III. Para entender esta diferencia es imprescindible mencionar que mientras que en la anterior contienda, llamada Guerra de los Siete A�os, Francia hab�a cedido todas sus posesiones en Am�rica Septentrional -por lo que no ten�a nada que perder al declarar la guerra a Inglaterra-, la Corona Espa�ola hab�a conservado muchos territorios bajo su dominio y, en consecuencia, era imprescindible valorar el da�o que pudiera producir la ruptura con Inglaterra.En un primer momento, la actitud del gobierno de Carlos III fue cautelosa y podemos calificarla de ambigua, porque, para no desairar totalmente a los l�deres del Congreso, la Corona Espa�ola ofreci� una contribuci�n importante de pertrechos militares, uniformes y ayuda financiera, pero dicha ayuda fue suministrada de forma secreta, hasta el punto de que en muchas ocasiones los beneficiarios no llegaban a enterarse de donde proced�a dicha contribuci�n.La declaraci�n de guerra en 1779 y las victorias de Bernardo de G�lvez pusieron fin a esa ambig�edad; pero algunos de los l�deres de la rebeli�n pod�an argumentar que Espa�a hab�a entrado en la guerra no tanto para ayudar a aquellas colonias como para intentar vencer y humillar a su principal enemigo y recuperar territorios que hab�a perdido en la contienda anterior.Sin embargo, se puede destacar el hecho el gobierno de Carlos III hab�a ofrecido dicha ayuda a pesar de ser consciente de que ese gesto pod�a tener efectos negativos en el mantenimiento de sus provincias de ultramar, como de hecho ocurri�.En Espa�a, al no haberse creado una comisi�n oficial para celebrar la Declaraci�n de Independencia y destacar la contribuci�n espa�ola, diversas instituciones y centros culturales en Espa�a han asumido la responsabilidad de defender y difundir el papel imprescindible de Espa�a en la Independencia de EEUU.A iniciativa del Cap�tulo de Toledo, la Casa de Am�rica ha organizado una conferencia sobre el paralelismo entre la Escuela de Salamanca y la Declaraci�n de Independencia; porque la aportaci�n de Espa�a al proceso de independencia no fue solo financiera y militar. Como se demostr� en esas jornadas, lo cierto es que 250 a�os antes de que se realizase la Declaraci�n y la posterior Constituci�n de los Estados Unidos, los te�logos espa�oles hab�an formulado una doctrina coherente de los Derechos Humanos, exigiendo el respeto pol�tico y jur�dico a la dignidad del incivilizado y b�rbaro, condenando toda forma esclavizadora de hecho o de derecho a los nativos americanos.Como destacaba el rey Don Juan Carlos I en su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos con ocasi�n del Bicentenario de la Declaraci�n de Independencia en 1976:�La concepci�n espa�ola de la dignidad de la persona humana, expresada por nuestros te�logos y nuestros juristas a prop�sito del indio americano, modific� para siempre el derecho de gentes y sent� las bases del moderno derecho internacional�.Y S.M. el Rey a�ad�a:�No son s�lo apoyos en la guerra y relaciones de paz las que unen a nuestras dos naciones al consolidarse la Independencia de los Estados Unidos. Mi pa�s se siente ligado a la formaci�n de la gran naci�n americana por las aportaciones y vestigios de una cultura de origen espa�ol que ha sido conservada e integrada en muchos Estados de la Uni�n, a veces con esfuerzos y dificultades�.Esta declaraci�n institucional del m�ximo nivel resultar�a ahora incluso m�s oportuna en momentos en que se han producido tensiones entre los gobiernos de Espa�a y de EEUU y sin duda convendr�a reiterarla, porque, cuando menos, esta afirmaci�n reforzar�a los v�nculos hist�ricos y culturales entre ambos pa�ses, superando el desencuentro a nivel pol�tico.Y, cuando m�s, podr�a evitar declaraciones poco respetuosas hacia el pa�s que ayud� al nacimiento del nuevo Estado.Eduardo Garrigues es diplom�tico y escritor