Otra historiaEl plat� de las redes sociales se ha llenado de catedr�ticos del amor que sacan tajada de hacer autopsias emocionalesEscarlata OHara y Rhett Butler en una escena de 'Lo que el viento se llev�'.E.M.Actualizado Jueves,
julio
23:58Audio generado con IAHubo un tiempo en el que para entender el amor se le�an novelas de Jane Austen, consultorios de prensa, manuales de autoayuda o revistas de estilo de vida. Los m�s ambiciosos se zambull�an en tratados de Freud o Jung, a ver por qu� tanto sufrimiento. Si nada funcionaba, siempre quedaba el tarot. Hoy, la revoluci�n tecnol�gica permite otros or�culos. El m�s prol�fico, los coachs que hacen fortuna en TikTok y Youtube.La f�rmula suele consistir en un v�deo improvisado en plena calle, ante un espejo, al volante de un coche... Cualquier decorado cotidiano desde el que pontificar sobre qu� significa el comportamiento de un crush. Los consejos siguen un patr�n binario: o es evitativo o es ansioso. En el primer caso advierten de que �si lleva tres semanas desaparecido/a, no es que no te quiera ver, sino que est� regul�ndose�. En el segundo, que �si te ha puesto 347 mensajes seguidos no es que est� como una chota, sino que est� regul�ndose�.El plat� de las redes sociales se ha llenado de catedr�ticos del amor que sacan tajada de tales autopsias emocionales que reciclan la teor�a del apego. Una de las aportaciones m�s interesantes de la psicolog�a del siglo XX para comprender c�mo se forman nuestros v�nculos tempranos y que ha acabado convertida en hor�scopo premium. Antes bastaba con que alguien fuera G�minis para explicar por qu� hac�a lo que hac�a; ahora se requiere una etiqueta m�s t�cnica para solidificar los amores gaseosos del siglo XXI.Para ello, las redes han trazado una cosmolog�a de una simplicidad tranquilizadora. Si responde demasiado r�pido, es dependiente. Si escribe poco, es f�bico/a al compromiso. Si desaparece, est� traumatizado/a... Solo existe una explicaci�n imposible: que no escriba porque no quiere.El problema es que psicologizar tanto el amor acaba quit�ndole misterio. No hay m�s que aplicarlo a las pasiones legendarias de la historia, el cine o la literatura. Qu� no dir�an los nuevos gur�s de las cartas desesperadas de Napole�n a Josefina desde el frente. Posesivas, teatrales, inflamadas de celos y encasilladas desde este futuro en un trastorno emocional. O de amores ficticios que han nutrido el imaginario colectivo: mil p�ginas de Lo que el viento se llev� resumidas en dos protagonistas mutando del apego evitativo al ansioso en sentido inverso. El orgullo y prejuicio de Elisabeth Bennet y el se�or Darcy, reducidos a un pulso entre las respectivas taras de dos personas (tampoco es mala definici�n del amor). Como Rick e Ilsa en Casablanca.Detr�s de todo lo que late quiz� es la ilusi�n de que es posible dejar de sufrir. Que s�lo hace falta dar con el bot�n que haga que las personas dejen de ser tan tercamente imprevisibles.








