Por Geraldine García |
Bucaramanga (Colombia) (EFE).- Un grito de Dora Guerrero desde el segundo piso de su vivienda, en el barrio La Victoria de Bucaramanga, alertó el pasado lunes a los vecinos sobre la tragedia: el asesinato en Estados Unidos de Johan Sebastián, su hijo menor, en una operación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en la ciudad de Biddeford, estado de Maine.
«Me mataron a mi hijo, Migración le pegó un tiro», fue el desgarrador desahogo de la madre con Nayibe Ayala, su vecina más cercana, quien acudió inmediatamente a su vivienda. «Fue una noticia muy dura que aún estamos asimilando», relató Ayala a EFE.
Aquel grito no solo quebró el silencio ese día, sino que partió en dos la historia de una familia colombiana que hoy se aferra a los recuerdos de un joven trabajador, disciplinado y dedicado a los suyos.
Angie Carolina Durán Guerrero, hermana mayor de Johan, fue la primera en enterarse, «muy temprano en la mañana» y a través de una llamada telefónica, en Bucaramanga -capital del departamento colombiano de Santander-, de la muerte del joven de 26 años que en 2023 se había ido a Estados Unidos a buscar una mejor vida.










