Más contenidoLos destinos del país son ideales para conocer y divulgar las historias que esconde Colombia, beneficiando a sus comunidades.A unos 20 minutos en lancha al sur de Bahía Solano, en Chocó, se encuentra Playa de Huina, frente al hotel Playa de Oro Lodge. Foto: Juan Uribe16.07.2026 12:14 Actualizado: 16.07.2026 12:14
Los destinos de nuestro país son ideales para conocer y divulgar las mejores historias que esconde Colombia, de forma que el turismo brinde beneficios a las comunidades.Colombia es afortunada, con una diversidad natural y cultural que asombra a viajeros procedentes de todo el mundo, porque aquí puede decirse que somos un país que abarca a varios países distintos.Basta ver lo diferentes que son nuestros paisajes para concluir que siempre será poco el tiempo que se le dedique a viajar por este territorio enorme al que llamamos Colombia.Las planicies del Casanare contrastan con las selvas verdes del Amazonas; las rocas milenarias y los ríos del Guanía se contraponen a las montañas de Caldas y Antioquia; y las playas doradas de La Guajira se distinguen de las del Chocó, que corren paralelas a la selva.De hecho, desde hace algunos años existe una estrategia clara, liderada por ProColombia y construida con empresarios y entidades gubernamentales y locales: se trata del posicionamiento de seis regiones turísticas.Estas regiones son Gran Caribe Colombiano, Pacífico Colombiano, Andes Occidentales Colombianos, Andes Orientales Colombianos, Macizo Colombiano y Amazonia – Orinoquia Colombiana, están diseñadas para competir en los mercados internacionales gracias a su biodiversidad, variedad cultural y su empeño por generar un turismo sostenible y responsable.Con esta propuesta se pretende, entre otras cosas, que los visitantes conozcan más de un destino y prolonguen su viaje con el fin de que puedan visitar otros lugares de una misma región. Estos viajes extendidos han dado frutos.Según un informe reciente publicado por ProColombia, el turismo internacional le dejó al país 13.498 millones de dólares en 2025 y generó cerca de un millón de empleos. Esto significó un aporte de 9.699 millones de dólares al valor agregado de la economía colombiana en ese mismo año, lo que supuso un crecimiento del 10,6 por ciento frente a 2024.Al ver estas cifras cabe preguntarse qué quieren ver quienes llegan a Colombia. La respuesta, sobre todo, radica en experiencias que los conecten con la cultura local y con su riqueza natural. Vienen en busca de historias que les permitan acercarse a un destino que cada día se hace más sólido en un contexto internacional marcado por la homogeneización del turismo.Mientras muchos destinos sufren las consecuencias del exceso del turismo masivo, Colombia se está dando a conocer como un lugar en el que las historias de su gente son la herramienta principal para promocionarlo con relatos diferenciadores.Por eso, desde el mar hasta la montaña y del llano hacia la sabana, la diversidad también se refleja en nuestro turismo, que tiene varias vertientes. Entre otros, está el turismo de aventura, que les permite a los viajeros estar siempre en contacto con la naturaleza; pero también existe el turismo regenerativo.En este último, el objetivo es dejar el lugar que se visita en un mejor estado que en el que estaba antes. Ese es el principio esencial del turismo regenerativo, una tendencia que ha tomado fuerza en el mundo en años recientes y que en Colombia también ha despuntado.Es por esto que cada forma de descubrir nuestro país tiene un propósito que vale la pena plasmar en una historia por contar, en relatos que tienen como protagonistas a las comunidades, lo que redunda en beneficios para sus habitantes, de manera que todas las personas crezcan social, económica y culturalmente.Historias que inspiranUn ejemplo de cómo el turismo acerca a los visitantes a las costumbres locales, y les ayuda a los habitantes de las comunidades a mejorar su calidad de vida, lo da la Ruta Tejeduría Wayúu, en el departamento de La Guajira. Este es uno de los 32 recorridos por el país que Artesanías de Colombia ha implementado como parte de su proyecto Colombia Artesanal.“Al Cabo de La Vela llegan muchas personas de Alemania, Francia y otros países. El turismo sirve para que quienes visitan La Guajira conozcan más de nuestra cultura wayúu”, afirma Conchita Ospina, maestra artesana que hospeda a los viajeros en cinco cabañas de yotojoro en Kayuusipaa – nombre que significa ‘la tierra del cactus kayuus’ –.“Tengo un telar armado. A las personas les gusta ver las mochilas ya terminadas y hago demostraciones de cómo se inicia la mochila, cómo se arma el telar, el chinchorro”, dice Conchita.Una propuesta similar es la que hace en Jericó, en el suroeste del departamento de Antioquia, Rubén Darío Agudelo, maestro artesano. Él, en su taller, Carrielarte, recibe a los visitantes y explica que hasta allí vienen viajeros nacionales y extranjeros que quieren conocer sobre la elaboración del guarniel.El artesano explica que esta palabra tiene su origen en la máquina guarnecedora que desde comienzos del siglo XX se usaba para coser los guarnieles. Él prefiere emplear ese término que el de ‘carriel’, popularizado con base en la adaptación al español de la expresión inglesa carry all.Esta es una bolsa de cuero usada originalmente por los arrieros que recorrían caminos de herradura durante la colonización antioqueña. En ella guardaban, entre otros objetos, fósforos, tabaco, herraduras, vela, espejo y peinilla, así como la oración a algún santo o alguna virgen, los dados y las cartas.Igualmente, enamorado de su tierra vive Seudiel Gualteros, un llanero que anda descalzo y que en su finca La candelilla, en San Luis de Palenque, en el departamento de Casanare, les da la bienvenida a los turistas.Seudiel ha encontrado en el turismo un vehículo que le permite divulgar las bondades de su tierra, al tiempo que les brinda beneficios a los habitantes locales. Por eso espera a los viajeros, que vienen en lancha, para demostrarles cómo se arriaba el ganado en la región hace unas décadas.Cruza montado en su caballo el río Pauto y a continuación, en la finca, les comenta a los visitantes que el turismo mantiene vivas las tradiciones llaneras, entre ellas la de cocinar y comer mamona, que les sirve con una sonrisa a sus huéspedes.Esa amabilidad la expresan también los pescadores que reciben a un grupo de turistas canadienses, que acaban de salir de un recorrido por la selva chocoana y llegan a Huina, unos 20 minutos en lancha al sur del municipio de Bahía Solano. En ese punto descansan en una playa de arena dorada, donde las fluctuaciones de la marea les dan a sus habitantes la posibilidad de jugar fútbol cada dos semanas.Allí, antes de volver a pie a su hotel, se sientan a ver a jóvenes talentosos que muestran su habilidad con la pelota y también con una tabla improvisada de surf que lanzan hacia adelante para después correr tras ella, mantener el equilibrio de pie y hacer piruetas al chocar con las olas. Es una forma más de lograr que el turismo ayude a las comunidades locales.Seudiel Gualteros cruza a caballo el río Pauto en San Luis de Palenque (Casanare). Foto:Juan Uribe Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








