Investigación Exclusivo suscriptores Este lugar era un centro de operación de una estructura dedicada al tráfico de estupefacientes y escenario de violencia contra sus integrantes.El hotel gris es la Rosa Dorada. Foto: Policía Metropolitana de BogotáSUBEDITORA DE BOGOTÁ 16.07.2026 10:51 Actualizado: 16.07.2026 10:58

Durante meses, el hotel La Rosa Dorada pasó inadvertido en el barrio Siete de Agosto. De acuerdo con la investigación adelantada por la Seccional de Inteligencia Policial (Sipol) de la Policía Metropolitana de Bogotá y la Fiscalía General de la Nación, detrás de ese inmueble abandonado operaba una estructura dedicada al tráfico de estupefacientes y también era el lugar donde algunos integrantes de la organización eran sometidos a torturas para mantener el control interno del grupo.Ese fue uno de los principales hallazgos de una investigación que se prolongó durante un año y que incluyó labores de un agente encubierto, vigilancias e interceptaciones de comunicaciones. El trabajo permitió reconstruir el funcionamiento del grupo delincuencial común organizado conocido como ‘Los Seguros’, así como identificar a quienes, según la investigación, ocupaban los principales cargos dentro de la organización.El operativo concluyó con la captura, por orden judicial, de doce presuntos integrantes en Bogotá, Cúcuta y el departamento de Guainía. Todos fueron presentados ante un juez de la República, que les impuso medida de aseguramiento en centro carcelario mientras avanzan los procesos por los delitos de concierto para delinquir y tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.Doce presuntos integrantes de la organización fueron capturados. Foto:Policía Metropolitana de BogotáLas pesquisas señalan que la estructura era liderada por alias ‘Marcela’, también conocida como ‘La Madre’, quien registra antecedentes por delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes. Como segundo al mando fue capturado su hijo, alias ‘Millos’, señalado de coordinar las actividades ilícitas junto con alias ‘Pancho’ y alias ‘Alejandro’.La investigación también permitió establecer que dentro de la organización existía una distribución de funciones. Alias ‘La Peliroja’, según las autoridades, era la encargada de administrar el dinero obtenido de las actividades ilícitas, mientras que alias ‘Rubén’, ‘Pancho’ y ‘Alejandro’ ejercían labores de coordinación. Entre los presuntos expendedores fueron capturados alias ‘Julieth’, ‘Jhonatan’, ‘La Crespa’, ‘Karen’, ‘El Veneco’ y ‘Nariz’.La renta criminalSegún el expediente, la organización obtenía una renta criminal cercana a 2,5 millones de pesos diarios mediante la comercialización de cigarrillos de marihuana, bazuco y cocaína. Las sustancias eran vendidas a transeúntes y también a huéspedes de hoteles ubicados en el sector del Siete de Agosto, una modalidad que, de acuerdo con los investigadores, les permitía mantener un flujo constante de ingresos.Sin embargo, el tráfico de estupefacientes era solo una parte del funcionamiento de la organización que lograron documentar las autoridades. La investigación también concluyó que algunos integrantes del grupo habrían recurrido a la violencia para evitar que otros abandonaran la estructura criminal.Las torturas De acuerdo con la Policía y la Fiscalía, varias personas vinculadas con la organización fueron víctimas de actos de violencia y tortura cuando intentaron salir del grupo. Según la investigación, para intimidarlas y mantener el control interno se utilizaron elementos como ácido, machetes y mangueras, prácticas que hacen parte de los hechos por los cuales continúan avanzando las investigaciones.La investigación permitió establecer que uno de los lugares más importantes para el funcionamiento de la estructura era el hotel La Rosa Dorada. Las autoridades intervinieron este inmueble, que se encontraba en estado de abandono y que, según el expediente, era utilizado como centro de acopio y almacenamiento de sustancias estupefacientes antes de su distribución.Ese mismo lugar también habría sido utilizado para torturar a personas vinculadas con la organización. Aunque las autoridades no revelaron cuántas víctimas habrían pasado por el inmueble ni durante cuánto tiempo se habrían presentado esos hechos, el hotel quedó identificado como uno de los escenarios clave dentro de la operación de la estructura criminal.Las pesquisas también condujeron a otro establecimiento del sector. Según la Policía, un gastrobar presuntamente funcionaba como punto de recolección del dinero obtenido por la venta de estupefacientes, lo que, de acuerdo con los investigadores, hacía parte del esquema utilizado para administrar las ganancias de la organización.Durante los procedimientos judiciales fueron incautados ocho teléfonos celulares, un DVR, una gramera, libros de contabilidad y registros relacionados, según las autoridades, con la actividad criminal de la estructura.A ese material se sumó el decomiso de más de 22.000 cápsulas de bazuco, más de 3.600 cigarrillos de marihuana, dosis de clorhidrato de cocaína y tusibi, seis panelas de bazuco, bolsas con marihuana, dos revólveres calibre 38 y doce cartuchos para esa misma arma.Para la Policía, esos elementos evidencian la capacidad operativa y el volumen de estupefacientes que, presuntamente, manejaba la organización en el sector del Siete de Agosto. La investigación también permitió establecer que todos los capturados registran antecedentes judiciales por delitos como hurto, tráfico de estupefacientes, daño en bien ajeno, violencia intrafamiliar, homicidio y receptación, entre otros.Con las doce capturas y la medida de aseguramiento impuesta por un juez, las autoridades consideran desarticulado este grupo delincuencial. No obstante, la investigación deja abiertas otras líneas de trabajo para esclarecer el alcance de las actividades que, según el expediente, se desarrollaban dentro del hotel La Rosa Dorada y establecer la totalidad de las conductas atribuidas a los integrantes de la estructura.Para la Policía Metropolitana de Bogotá, el resultado de esta investigación representa un golpe contra el microtráfico en el Siete de Agosto, luego de un año de labores de inteligencia que incluyeron infiltraciones, seguimientos e interceptaciones para reconstruir el funcionamiento de una organización que, según las autoridades, había consolidado una estructura con funciones definidas, una fuente permanente de ingresos y mecanismos de intimidación para mantener el control sobre sus integrantes.Carol MalaverSubeditora, sección BogotáEscríbanos a: carmal@eltiempo.comLea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.