A Pedro Porro la vida le sonríe. Por estas horas, es un héroe en España. Un acierto suyo, de gran magnitud, por cierto, cerró uno de los triunfos más emblemáticos de la historia futbolística de los ibéricos. En los 58’, el lateral del Tottenham derribó la resistencia francesa para asegurarle al equipo de Luis de la Fuente un espacio en la final del Mundial. Antes, en los 22′, Mikel Oyarzábal había anotado el 1-0, con un lanzamiento penal, después de una infracción sobre Lamine Yamal.Sin embargo, no siempre la vida del carrilero fue tan linda como en las últimas horas. La suya, de hecho, es una historia de esfuerzo, marcada por las dificultades personales y familiares, de las que se sobrepuso para transformarse en un deportista de elite. Al punto de que hoy sueña, junto con sus compañeros, con reeditar el título que la Roja europea logró en Sudáfrica 2010.En el nombre del abuelo: la emotiva historia de Pedro Porro, el astro del Tottenham que instaló a España en la finalPedro Porro, el mejor jugador del partido ante los galos según la elección oficial, no siempre disfrutó de una vida estelar. Por el contrario, jamás ha desconocido que atravesó una infancia llena de necesidades y privaciones. “He tenido una infancia difícil por el tema financiero. Cuando mi madre salía a trabajar a las tres, las cuatro o las cinco de la mañana, me llevaba a casa de mis abuelos”, explicó hace poco.Eran tiempos en la que familia del actual futbolista del Tottenham buscaba recursos de donde pudiera para subsistir. Esa situación forzó a que sus abuelos asumieran su crianza. “Mi madre estaba en el Mercadona (una cadena de supermercados española) y mi padre trabajaba en lo que le iba saliendo, y por eso mis abuelos se tuvieron que quedar conmigo”, explicó hace poco. Como niño, le costaba entender el sacrificio. “Lloraba mucho. Lloraba por irme con mis abuelos y la verdad que ella también entendía esa parte”, complementó, respecto del drama que significaba separarse de su madre.Pedro Porro celebra después de anotarle a Francia. (Foto: Xinhua) Huang Zongzhi SacrificioHoy, sin embargo, el jugador de los Lirios Blancos valora el sacrificio que realizaron sus abuelos para permitirle surgir. “Mis abuelos hicieron esa labor también de padre y madre cuando no estaban los míos”, ha destacado. Hay una historia que se transforma, a la luz de las circunstancias, en un hito. En un torneo infantil que se jugó en Alcobendas, el pequeño Pedro se enteró solo al final del enorme sacrificio que realizó la familia solo para verlo jugar. “Cuando terminó el partido y ganamos, hablé con mi familia y me dijeron que llevaban cinco horas más que yo ahí, que se habían quedado a dormir en el coche”, recordó. “Yo no, yo no, mis abuelos. Mis abuelos y mis padres, sí. Porque jugábamos por la mañana a las 10 creo en Alcobendas y no había otra opción. No se me olvida”, insiste. “Mi abuelo, mi tío y mi padre durmieron en el coche y al día siguiente pude dedicarles un gol. Son recuerdos preciosos”, sostiene, ampliando la importancia que tuvo la situación para su formación deportiva y personal. “Me dijeron que llevaban cinco horas más que yo ahí, que se habían quedado a dormir en el coche. A día de hoy es una anécdota que recordarla te hace mucho más fuerte y más feliz”, concluía.Hoy, sus motivaciones trascienden los objetivos deportivos. Pedro Porro quiere devolverle a la vida y, sobre todo, a los suyos, los sacrificios que realizaron para permitirle cumplir sus sueños. “Él se buscaba los medios para verme feliz a mí y también estoy muy feliz porque a día de hoy todo ese esfuerzo que él hizo en su día, se lo intento devolver con lo mejor que puedo”, ha dicho sobre su abuelo. “Mi familia es una parte muy importante de mí. Hacen muchísimos esfuerzos para acompañarme, viajan constantemente desde España hasta Inglaterra cuando lo necesito”, añade, respecto de un vínculo que sigue teniendo una importancia clave.Su familiar más influyente, por cierto, actúa con la devoción que se les suele prodigar a los nietos. “Un abuelo quiere lo mejor para su nieto, lo que haga falta, si hace falta dar el corazón, le doy el corazón”. declaró Antonio, hace poco, a Canal Extremadura. Después del momento más glorioso de Pedro, no pudo ocultar su emoción. “Es un gran nieto. Yo estaba muy tranquilo, yo sabía que ganaban, lo tenía grabado”, expresó a El verano se mueve, de la cadena Telecinco. Las hazañas que consigue su nieto en el campo de juego tienen, incluso, propiedades terapéuticas. “Yo creo que me quitó un dolor de corazón grande porque lo tengo mal, pero me arregló bastante. Yo lloro por dentro y por fuera también, pero más por dentro. Le he criado y le quiero mucho”, sostiene en la misma declaración.Sin embargo, no podrá acompañarlo en el partido más importante de su vida. “Me ha dicho que me prepare, que voy a ir a la final, y yo le he dicho que no. Humanamente no puedo, tengo una máquina de aire”, explica. “Para mí no es pena ninguna. Lo veo aquí en la tele, lo veo igual. Ya vendrá a verme aquí tranquilamente cuando sea campeón del mundo”, se resigna, con la sabiduría que solo los abuelos pueden ofrecer.