A 200 metros del estadio de Atlanta, atravesando la plaza internacional de Georgia -en cuyo centro se erige una estatua de bronce dedicada a los atletas, herencia de los Juegos Olímpicos celebrados en esta ciudad en 1996-, los televisores del restaurante del Centro de Convenciones de Georgia sintonizaban canales deportivos. Faltaban dos horas para el inicio de un duelo que despertaba atención desde Buenos Aires hasta Londres, pasando por Katmandú y Manila, pero las pantallas no emitían la previa del Argentina-Inglaterra sino el resumen de un partido de béisbol de la liga estadounidense. A través de los ventanales del edificio, eso sí, los oficinistas estadounidenses veían la peregrinación de los hinchas argentinos e ingleses que llegaban al estadio, ahí enfrente. Arriba de ellos, un helicóptero supervisaba que no hubiera incidentes en el único partido calificado por la FIFA de alto riesgo. Otro partido histórico, otro Argentina 2-Inglaterra 1 como el de México 1986, otro partido en el que el fútbol tiene tanta carga que deja un mensaje por fuera del simple juego -en este caso por las islas Malvinas, el archipiélago ocupado por el Reino Unido y cuya soberanía reclama Argentina-, estaba por comenzar. A los estadounidenses de la confitería de enfrente, en cambio, todo eso les resultaría sería insignificante.03:00Resumen de la semifinal Inglaterra 1 - Argentina 2Vídeo: VÍDEO SOLO DISPONILBE EN ESPAÑAComo ante Egipto, Argentina convirtió la derrota parcial en una nueva demostración de un equipo que, aunque está por caer, sus rodillas no se doblan. Que entre los hinchas y los jugadores hay unión quedó claro en el delirio del final: la pancarta que los hinchas no habían podido mostrar durante el partido la exhibieron los jugadores. El mensaje “Las Malvinas son argentinas”, escritas con aerosol negro sobre una sábana blanca, fue exhibida en el campo de juego en manos de Giovani Lo Celso y luego sostenida por varios jugadores, entre ellos Lisandro Martínez -que juega en el Manchester United- y Nicolás Otamendi. Segundos antes, ya después del partido, esa misma pancarta había sido mostrada por los hinchas en las tribunas, por lo que se supone que fue lanzada desde las gradas al campo de juego.“Y siempre serán argentinas”, dijo el mediocampista Leandro Paredes, luego del partido, cuando el periodismo le recordó la bandera desplegada “Las Malvinas son argentinas”. El defensor Nicolás Tagliafico agregó: “La bandera apareció... No queremos mezclar pero entre la emoción.... Hacía mucho que no jugábamos contra Inglaterra”.00:20Jugadores de Argentina con una pancarta sobre las MalvinasLo Celso sostiene una pancarta que defiende: "Las Malvinas son argentinas"Foto: Nick Potts/PA Wire/dpa | Vídeo: EPVLa Asociación del Fútbol Argentino se expone a una sanción. Ya ocurrió en 2014, cuando la Albiceleste mostró una bandera similar en un partido previo al Mundial de Brasil, en La Plata. En ese caso, la FIFA emitió un comunicado en el que expresaba la infracción y una multa de 30.000 francos suizos por violación al artículo 52 del Código Disciplinario, que hace alusión a la conducta incorrecta de un equipo. En el Mundial 2018, los suizos Granit Xhaka y Xherdan Shaquiri festejaron el 2-1 ante Serbia con el gesto del águila bicéfala de la bandera albanesa entre sus manos, un gesto cargado de simbolismo por el conflicto entre Serbia y Kosovo. Ambos jugadores fueron multados con 10.000 francos, pero no recibieron ninguna sanción deportiva. En 2024, en cambio, la UEFA sancionó por un partido a dos jugadores de España, Morata y Rodri, por el cántico “Gibraltar es español”.El partido más caliente -que Argentina lo esperó como si fuera una misión por encima de lo deportivo- se jugó de espaldas al interés del resto de la ciudad y dentro de algo parecido a una cámara criogénica, a tono con un país que hospeda el Mundial pero no lo abraza. Con su techo retráctil cerrado, los organizadores utilizaron el aire acondicionado a 21 grados, mientras afuera del estadio el calor y la humedad de Atlanta lo invadían todo, también el precio enfebrecido y delirante de la reventa. Minutos antes del partido, en el mercado negro se pedían hasta 3.700 dólares por un boleto. Muchos lo habían pagado. Roberto, un muchacho de Río Gallegos, donde termina el continente hacia el sur -o donde empieza-, hizo una travesía que solo los desesperados por el fútbol pueden hacerlo: autobús hasta Punta Arenas, en Chile, y luego una serie de aviones con escalas en Puerto Montt, Santiago de Chile, Lima y Miami, para subirse a otros dos autobuses, primero a Orlando y luego a Atlanta. “Voy a tener que trabajar hasta mitad del año que viene por el dinero que pedí para la entrada. Estoy endeudado, ¿pero cuándo volvían a jugar Inglaterra-Argentina una semifinal”, dijo Roberto, que trabaja en un gimnasio patagónico.Aunque sin incidentes significativos dentro y fuera del estadio, el tema venía tan poco cordial que los himnos -que suelen ser sagrados- fueron abucheados. Cuando sonó el inglés, los argentinos cantaron uno de los mantras que los acompaña desde hace décadas: “El que no salta es un inglés”. Los británicos correspondieron con silbidos al argentino. Eso sí: aunque las tribunas estaban llenas, no habían entrado todas las banderas que los sudamericanos habrían querido: la FIFA, que trata de evitar la injerencia de la política salvo que se trate de Donald Trump -a quien le puede adjudicar un nuevo premio de la Paz o aceptarle el indulto al goleador estadounidense suspendido, Folarin Balogun-, les había prohibido a los hinchas el ingreso de pancartas de las islas Malvinas. En 1982, un conflicto armado de 44 días dejó más de 900 muertos, 649 de ellos argentinos, aunque la cantidad de suicidios de los ex combatientes se duplicaron al regreso al continente.Argentina nunca había perdido una semifinal -ni en 1930, ni en 1978, ni en 1990, ni en 2014 ni en 2022- pero parecía encaminado a ese destino hasta que, a falta de seis minutos, en medio de las mejores minutos de la Albiceleste en el torneo, Enzo Fernández fabricó el empate. El mediocampista del Chelsea, que tal vez no vuelva a Londres después del Mundial -lo pretende el Real Madrid-, se arrodilló durante el festejo e intentó mirar el cielo de Atlanta en búsqueda del cielo. Lo que vio, sin embargo, fue el techo retráctil del estadio.Luego llegaría el gol de Lautaro Martínez y la bandera del reclamo de la soberanía argentina sobre las Malvinas que pasó desde las tribunas al campo de juego, el punto final a otro triunfo histórico contra Inglaterra, mientras en los televisores de enfrente del estadio seguían emitiendo imágenes de béisbol.
Los futbolistas de la Albiceleste festejan el triunfo ante Inglaterra con una bandera: “Las Malvinas son argentinas”
Lo Celso, Otamendi, Lisandro y otros compañeros se arriesgan a una sanción por parte de la FIFA, como ya hizo la UEFA en 2024 cuando Rodri y Morata cantaron “Gibraltar es español” y les suspendieron con un partido










