Si los dieciseisavos ante Cabo Verde fueron el susto y los octavos ante Egipto la confirmación de que el sufrimiento se había vuelto costumbre, los cuartos de final ante Suiza terminaron de instalar un patrón que ya nadie puede negar: esta Argentina no gana Mundiales, los sobrevive. El 11 de julio, en Kansas City, el partido arrancó con una genialidad silenciosa: a los 10 minutos, un pase de Messi habilitó a Alexis Mac Allister para el cabezazo que abrió el marcador. Argentina dominó con comodidad hasta el entretiempo, pero Suiza, ordenada y física, fue creciendo con el correr de los minutos hasta empatar con Dan Ndoye a los 67. Cinco minutos después, Breel Embolo se fue expulsado por doble amonestación, y el partido, contra toda lógica numérica, se volvió aún más incómodo: Suiza se replegó con diez y resistió con una convicción que llevó el cruce al alargue. En el segundo tiempo suplementario, cuando los penales ya asomaban como el desenlace inevitable, Julián Álvarez apareció con un remate de media distancia que se coló en el ángulo, un golazo “de otro partido” que rompió la resistencia helvética. Lautaro Martínez selló la historia en el último minuto, 120+1, para el 3 a 1 definitivo.
Argentina sufrió, venció a Suiza en el alargue y ya pensaba en Inglaterra
Argentina venció 3-1 a Suiza en el alargue y avanzó a semifinales del Mundial 2026. Julián Álvarez y Lautaro Martínez sellaron la remontada en Kansas City después de que los helvéticos resistieran hasta los últimos minutos del tiempo suplementario. Messi, además, se convirtió en el máximo asistidor histórico de la Copa del Mundo.










