El 0-2 contra Francia este miércoles ha vuelto a colocar a España, por segunda vez en la historia, en la final de un Mundial. La última vez que esto sucedió fue en 2010, cuando la Roja se alzó con el título de la Copa del Mundo. Ahora, 16 años después, y con un panorama audiovisual completamente distinto, la selección volverá a disputar el título ante las pantallas de todo el país.PublicidadEl partido de semifinales de la Copa del Mundo 2026 firmó un 75,6% de cuota de pantalla y 13.505.000 millones de espectadores entre todos los canales de la pública que lo transmitieron. Solo La 1 alcanzó el 71,2% de share y los 12.716.000 seguidores en este duelo con los franceses, el día de su fiesta nacional, el pasado 14 de julio.Un pelotazo en audienciasEl Francia-España ha batido el récord y se ha convertido en la semifinal más vista de la historia del Mundial en la pública. La emisión del torneo ya venía dando alegrías a RTVE desde su inicio: el debut de La Roja contra Cabo Verde reunió a más de 7,3 millones de espectadores y un 60,4% de cuota en La 1.En total, TVE ha emitido 30 partidos del Mundial 2026, desde la fase de grupos hasta la semifinal. Entre este último partido más visto y el menos seguido —el Escocia-Brasil que se jugó a las 00:00 hora peninsular— hay una diferencia de más de 12 millones de espectadores.España lleva el pulsoAdemás, las cifras de audiencia van creciendo progresivamente, a medida que la selección española avanza en el torneo: desde los 8.729.000 espectadores del España-Arabia Saudí, hasta los 11.602.000 seguidores del Portugal-España de octavos.PublicidadAún sin alcanzar el histórico 85% de share y los 13.933.000 espectadores que firmó la final del Mundial 2010, los datos de esta edición muestran que la selección sigue actuando como un potente motor de audiencia. En un mercado donde cada vez es más difícil congregar a millones de espectadores al mismo tiempo, el fútbol continúa siendo uno de los pocos contenidos capaces de romper la fragmentación del consumo.16 años despuésSi en 2010 Twitter acababa de aterrizar en España y WhatsApp apenas daba sus primeros pasos, el Mundial en 2026 se vive en un ecosistema mediático completamente distinto. La televisión lineal ya no ocupa el lugar central que tenía hace 16 años: las plataformas de vídeo bajo demanda, el consumo en diferido y el visionado individual en móviles y tabletas han transformado la manera de ver contenidos.Los grandes partidos continúan convocando un consumo simultáneo que pocos formatos pueden igualarSin embargo, el fútbol de la selección sigue escapando a esa lógica. Los grandes partidos continúan convocando un consumo simultáneo que pocos formatos pueden igualar y, aunque buena parte de la conversación ya no ocurre únicamente frente al televisor, sino también en redes sociales, grupos de mensajería y plataformas digitales, el momento del partido sigue concentrando a millones de personas a la vez. En una época marcada por horarios cada vez más flexibles, el Mundial mantiene intacta su capacidad para sincronizar a un país entero durante noventa minutos.La fuerza del acontecimiento compartidoPublicidadA diferencia de otros contenidos televisivos, el torneo global se consume de forma colectiva: familias reunidas en casa, bares llenos, plazas con pantallas gigantes y grupos de amigos siguiendo el encuentro desde un único televisor multiplican el impacto real del evento, más allá de los espectadores registrados por los audímetros.Ese componente colectivo apenas ha cambiado desde el Mundial de Sudáfrica. Han desaparecido las descargas de series, el DVD y el peso de la televisión como hábito cotidiano, pero cuando se trata del título mundial, el ritual permanece.Mucho más que audienciaQuizá el dato más relevante de este Mundial no sea que más de 13 millones de personas encendieron el televisor para ver una semifinal, sino que todavía existan acontecimientos capaces de reunir a esa audiencia masiva.Las cifras de RTVE hablan de récords, pero también de algo más difícil de medir: la televisión como ritual compartidoLas cifras de RTVE hablan de récords, pero también de algo más difícil de medir: la televisión como ritual compartido. Los audímetros cuentan hogares y espectadores, pero no registran las plazas abarrotadas, los bares sin una silla libre, los vecinos que celebran un gol desde los balcones o los miles de mensajes que convierten cada jugada en una conversación colectiva.Quizá esa sea la verdadera excepción del fútbol de selecciones en 2026, que no solo mantiene su capacidad para hacer grandes audiencias, sino para recordarnos que todavía existen citas que preferimos vivir en conjunto.Porque las pantallas han cambiado, los hábitos también y la forma de consumir televisión ya no se parece en nada a la de 2010; pero el ritual de detener el tiempo durante 90 minutos, para mirar hacia el mismo lugar, es una experiencia compartida que parece no haber cambiado nada.