"Más, me das cada día, más; aleluya por el modo que tienes de amar...", canta Valeria Linch, y en los recuerdos están las imágenes de Diego Maradona, Cuciuffo, Bilardo, Ruggeri y la Selección de 1986; pero ahora, también la de Messi, Scaloni, Cuti Romero, Julian Ávarez y Enzo Fernández. "Más, me das cada día, más; aleluya por el modo que tienes de amar..."

Qué fantástica Selección. Qué lindo que es llorar de alegría. No porque la vida haya dejado de doler, ni porque las cuentas hayan desaparecido de la mesa de la cocina, sino porque durante noventa y tantos minutos el corazón consigue olvidar el peso de los días. Un partido de fútbol, simplemente, decía Fontanarrosa con su típica hironía. Nunca será sólo un partido de fútbol... y menos ante Inglaterra.

Argentina venció a Inglaterra por 2 a 1, con esos goles que llegaron cuando el reloj pareccía firmar una derrota. La clasificación a la final de la Copa del Mundo dejó un país suspendido en un abrazo interminable.

En las casas el llanto fue silencioso primero. Hubo padres abrazando hijos, abuelas apretando rosarios, amigos cayendo de rodillas frente al televisor como si la felicidad necesitara permiso para entrar. Después el silencio se rompió en un grito antiguo, uno que venía de lejos, de heridas abiertas, de memorias que nunca terminan de irse. Porque no era solamente un partido. Nunca lo es cuando enfrente están los ingleses... y viene desde mucho antes de 1982; pero la historia la podemos contar otro día. Hoy celebramos... otra vez. La historia no prescribe y encuentra en el fútbol una manera imperfecta, pero profundamente humana, de volver a decir presente. Lo que deben haber gritado Rattin, Monti, Grillo, Cuciuffo y el Diego los goles de Enzo y Lautaro.