La plataforma cumple dos décadas con más usuarios que en la época del pájaro azul, pese a estar contrastada su contribución a la desinformación global

Hoy se cumplen 20 años desde el lanzamiento de Twitter. En este tiempo, la plataforma ha cambiado significativamente, mucho más allá de sustituir el pajarito azul por la X blanca sobre fondo negro. Tras adquirirla en 2022 por 44.000 millones de dólares, Elon Musk relajó las normas, restableció cuentas hasta entonces censuradas por saltarse las reglas y despidió a los moderadores de contenido (junto a la mitad de la plantilla). Decidió que su trabajo lo hicieran los propios usuarios con las llamadas notas de la comunidad, que añaden contexto o matizan la falsedad de las publicaciones. Ese sistema ha demostrado ser incapaz de garantizar la circulación de contenidos veraces. Todo cabe en la jungla de X, donde circula hasta pornografía infantil. La llegada de Musk marcó el inicio de una transformación profunda que incluye el lanzamiento de un servicio de pago y que, atendiendo únicamente a las cifras de usuarios, ha funcionado.

X es hoy una plataforma que difunde desinformación, tal y como acreditan varios estudios; que le da más peso a las proclamas de la extrema derecha y que ha cambiado su algoritmo para priorizar los contenidos que más polarizan. Es también el juguete de alcance masivo de Musk, que lo usa para azuzar persecuciones racistas, como ha pasado recientemente en Belfast; para atacar públicamente a quien considera oportuno o para impulsar carreras electorales, como la que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca. La única vez que el magnate de origen sudafricano ha tenido que rectificar fue a principios de este año, cuando hizo que la herramienta de inteligencia artificial (IA) generativa de X, Grok, dejara de poder crear imágenes hiperrealistas de desnudos a partir de fotos reales. Y si rectificó, fue porque el mundo entero se le echó encima.