Entrevista Exclusivo suscriptores La serenidad de 'Argón' y la ayuda de decenas de motociclistas que abrieron paso fue un ejemplo de humanidad.Edilberto Ardila, conocido como Argón, recibió a un bebé dentro de su carro cuando la madre entró en trabajo de parto camino a una clínica del norte de Bogotá. Foto: Archivo particular/EL TIEMPOSUBEDITORA DE BOGOTÁ 15.07.2026 09:06 Actualizado: 15.07.2026 09:19

El pito del carro sonó de manera ininterrumpida desde que tomó la avenida Ciudad de Cali. Mientras avanzaba, unos motociclistas les hacían señas a los conductores para que se apartaran; otros se ubicaban unos metros adelante para abrir un corredor entre los vehículos y algunos más detenían el tráfico en las intersecciones para permitir el paso de un automóvil donde una mujer ya no podía contener los dolores del parto. Al volante iba Edilberto Ardila, conocido durante casi tres décadas por sus caricaturas firmadas como Argón. Esa mañana no llevaba un lápiz en la mano. Llevaba la responsabilidad de llegar a una clínica antes de que naciera un bebé que no estaba dispuesto a esperar.Todo ocurrió el sábado 11 de julio de 2026. Ardila recibió la llamada de la abuela de la joven embarazada, quien le pidió un favor urgente: llevarlas hasta la Clínica Cafam, en la calle 127. Los dolores habían comenzado y cada minuto contaba.Cuando llegó a recogerlas comprendió que la situación era mucho más delicada de lo que había imaginado. Vio cómo tres personas sacaban a la mujer prácticamente cargada porque ya no podía caminar por sus propios medios. Los gritos hacían evidente que el nacimiento estaba cerca. La abuela se acomodó junto a ella en el asiento trasero, la maleta quedó sobre la silla del copiloto y él arrancó sin perder un segundo.Apenas tomó la avenida Ciudad de Cali empezó a tocar el pito mientras gritaba por la ventana que llevaba una emergencia. La respuesta apareció casi de inmediato. Varios motociclistas, completamente desconocidos para él, comenzaron a abrirle paso. Unos avanzaban delante del vehículo, otros se desplazaban por los costados pidiendo espacio y algunos detenían momentáneamente el tráfico en los cruces para que pudiera seguir sin detenerse. El papá del bebé también iba sobre una motocicleta encabezando aquel recorrido improvisado.El grupo tomó la nueva conexión del Rincón hacia la calle 127. Semáforo tras semáforo, los motociclistas iban despejando el camino mientras, en el asiento trasero, los dolores eran cada vez más intensos. Ardila recuerda que, en medio de los gritos, buscó tranquilizar a la futura mamá con una frase que dijo casi por instinto. Le aseguró que no se preocupara porque él era “experto en recibir bebés”. En realidad, no tenía formación médica. Lo único que había vivido eran dos nacimientos anteriores en los que había acompañado a médicos y enfermeras, suficiente para conservar algunas imágenes que jamás pensó volver a necesitar.La frase surtió el efecto que esperaba. La mujer se calmó unos instantes. Sin embargo, pocos minutos después lanzó una advertencia que cambió por completo el rumbo de la mañana.El bebé ya venía.El video del parto fue registrado por familiares de Ardila. Foto:Archivo particularArdila miró hacia atrás y alcanzó a ver que la cabeza comenzaba a salir. No buscó una bahía, tampoco alcanzó a orillar el carro. Simplemente apagó el motor donde estaba, se quitó el cinturón de seguridad, soltó el soporte donde llevaba asegurado el celular a una de sus piernas —lo utiliza para seguir direcciones cuando conduce— y corrió hasta la puerta trasera. Cuando llegó, la cabeza del bebé ya había salido completamente.Lo primero que pensó no fue en cómo recibir al recién nacido. Pensó en sus manos. Venía manejando desde hacía varios minutos, había tocado dinero, el volante y distintas superficies. No quería poner en riesgo al bebé con una posible contaminación. Entonces reparó en un detalle y era que la madre llevaba puesto un pañal grande que permanecía completamente limpio. Lo tomó y lo utilizó como una barrera para sostener la cabeza del niño sin tocarla directamente.Recordó entonces lo que había visto hacer a los médicos durante aquellos dos partos que había presenciado años atrás. Después de que sale la cabeza suele haber una breve pausa antes de la siguiente contracción. Esperó esos segundos y, cuando llegó el siguiente esfuerzo, le pidió a la mujer que volviera a pujar. Apenas ayudó con un movimiento muy suave. El resto ocurrió solo. El bebé terminó de salir y quedó envuelto en el mismo pañal. Hubo un instante de silencio, el niño no lloraba.Ardila reconoce que ahí sintió el único momento de verdadero pánico. Empezó a gritarle que respirara. Hoy se ríe mientras recuerda la escena y dice que quizá el recién nacido se asustó al encontrarse con un santandereano dándole la bienvenida a voz en cuello. Lo cierto es que, segundos después, el bebé rompió en llanto. Ese sonido disipó toda la tensión. “Tranquila, ya respiró”, le dijo a la madre mientras lo acomodaba sobre su pecho. Cerró la puerta, volvió al puesto del conductor y retomó el camino hacia la clínica.Edilberto Ardila trabajó 30 años en el diario Vanguardia de Bucaramanga y en Ámbito Jurídico. Foto:Archivo particular/EL TIEMPODurante toda la emergencia creyó que estaba apenas a tres cuadras del centro asistencial. Incluso alcanzó a llamar a su esposa para contarle que el nacimiento había ocurrido muy cerca de la llegada. Solo más tarde descubrió que estaba completamente equivocado. El bebé había nacido sobre la calle 127, antes de la avenida Suba, justo frente a un concesionario donde años atrás había comprado ese mismo carro, un negocio de unas familiares suyas.La caravana continuó. Cuando llegaron al cruce con la avenida Suba el semáforo cambió a rojo, pero los motociclistas volvieron a intervenir. Se atravesaron para detener momentáneamente el tráfico mientras advertían que transportaban una emergencia. Gracias a ese corredor improvisado, el vehículo llegó hasta la Clínica Cafam, donde el personal médico ya había sido alertado y esperaba a la madre y al recién nacido.Solo cuando los paramédicos recibieron al bebé y comenzaron la atención de la mujer, Ardila sintió que la adrenalina empezaba a abandonarlo. Dice que quedó en estado de shock. No recordaba la hora, tampoco lograba ubicar con claridad el sitio exacto donde había ocurrido el nacimiento. Poco a poco volvió a la realidad mientras decenas de personas que estaban en la clínica se acercaban para felicitarlo. Algunos aplaudían. Otros simplemente querían estrecharle la mano.No era la primera vez que enfrentaba una situación límite. Recuerda que durante una época en Bucaramanga atendió cerca de quince accidentes de tránsito muy graves y nunca perdió a una persona. Cree que esa capacidad para actuar en medio de las emergencias la heredó de su padre. Aun así, asegura que nunca había experimentado una descarga de adrenalina como la de aquel sábado.Después regresó a casa, pero antes hizo una parada obligatoria. El asiento trasero del carro había quedado cubierto de líquido amniótico y sangre. El vehículo permaneció durante tres días en un lavadero mientras lograban limpiarlo completamente. Pero eso fue lo de menos después de haber vivido semejante milagro, dice entre risas. Con el paso de las horas empezaron a llegar las llamadas y los mensajes. El video grabado desde un concesionario cercano por las hermanas Ariza, familiares suyas, comenzó a circular en redes sociales y permitió que miles de personas conocieran la historia. Ellas, además de registrar la escena, alcanzaron a pedir ayuda mientras el parto ocurría frente a sus ojos.Cada vez que recuerda esa mañana, Ardila insiste en que el mérito no fue suyo. Habla de los motociclistas que nunca volvió a ver, de quienes detuvieron el tráfico sin preguntar nombres, de quienes llamaron a la clínica para que el personal estuviera preparado y de todas las personas que entendieron que ese recorrido ya no era el de un carro atrapado en un trancón, sino el de un niño que estaba llegando al mundo.Horas después, cuando el bullicio disminuyó y el cuerpo dejó de temblarle, volvió al lugar donde ha pasado buena parte de su vida. Se sentó frente a una hoja en blanco, tomó un lápiz y dibujó la escena que todavía le cuesta creer: un caricaturista inclinado sobre el asiento trasero de un carro, recibiendo a un recién nacido mientras Bogotá, por unos minutos, decidió abrirle camino a la vida.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com Lea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.