El viernes pasado, se produjo una noticia extraordinaria: Apple anunció que había presentado una demanda de 41 páginas ante un Tribunal de Distrito de San José (California) contra OpenAI por apropiación indebida de secretos comerciales e incumplimiento de contrato y solicitó que se celebre un juicio con jurado. El motivo de la demanda es que la compañía de Sam Altman contrató a 400 empleados de Apple a los que supuestamente habría pedido que se llevaran información confidencial y material de prototipos en lo que, si quedara acreditado en los tribunales, sería un robo de propiedad industrial de una enorme magnitud. La pregunta que todo el mundo se hizo desde el primer momento es: ¿qué ha podido robar una de las empresas punteras de IA a una que ha demostrado ir retrasada precisamente en esta materia? La respuesta sería que OpenAI se llevó del Apple Park lo que no tenía: talento para construir dispositivos de la máxima calidad.Durante la conferencia de desarrolladores de Apple presentada en junio del 2024, Tim Cook anunció una alianza con OpenAI para que, en las tareas de IA que su sistema no tuviera la capacidad de responder sin conectarse a internet, la respuesta procediera de ChatGPT. Desde entonces, han cambiado muchas cosas. Una de las más sospechosas fue una fuga continua que parecía no tener fin de empleados de Apple que se iban a OpenAI, con mejores salarios y cargos de responsabilidad atractivos. Ese goteo de bajas de empleados puso la mosca detrás de la oreja de los directivos de Cupertino, que acabaron poniendo la demanda por el supuesto robo de secretos de Apple para desarrollar sus propios dispositivos de consumo basados en IA.En la demanda de Apple aparecen señalados dos ex empleados de esta compañía: Tang Yew Tan, que ahora es director de hardware de OpenAI, y Chang Liu, actual personal técnico de OpenAI. Según la denuncia, el primero de ellos pedía a los candidatos de Apple a los que ofrecía cambiar de empresa que llevaran a las entrevistas de trabajo piezas de prototipos en los que trabajaban en la compañía de la manzana. “A todos los niveles –describe el texto de la denuncia–, desde los miembros de su personal técnico hasta su director de hardware, y en coordinación con socios comerciales, OpenAI ha estado robando secretos comerciales e información confidencial de Apple”.John Ternus, a la izquierda, reemplazará en septiembre a Tim Cook como director ejecutivo (CEO) de la compañía de Cupertino AppleSegún Apple, OpenAI no sólo habría accedido a secretos mediante la contratación de sus empleados, sino también mediante la interferencia con los suministradores que se encargan de ensamblar los dispositivos de la manzana. En un episodio que se narra en el texto legal, se acusa a la empresa de IA de engañar a un socio de Apple, al que hicieron creer que “contaban con el permiso de Apple para que este llevara a cabo la técnica confidencial de acabado de metales en beneficio de OpenAI”. “Como consecuencia natural –prosigue la querella–, el incipiente negocio de hardware de OpenAI se asienta ahora sobre los cimientos más inestables, podridos hasta la médula por su dependencia ilegal de secretos comerciales sustraídos”.OpenAI no tiene un negocio de dispositivos en estos momentos. Pero tiene planes. En mayo del año pasado, anunció la adquisición de la empresa de diseño tecnológico io, de Jony Ive, el genio en el que se apoyó Steve Jobs para lanzar algunos de sus productos más icónicos, como el iPod, el primer iMac o el iPhone. Existe alguna pista de lo que la compañía de Altman quiere lanzar en primer lugar. Sería una especie de altavoz con cámara que guiaría al usuario en su vida digital. Pero la repentina demanda de Apple podría bloquear la salida del primero de esos dispositivos y, de paso, torpedear la salida a bolsa de OpenAI, una compañía que precisa de dinero líquido para sufragar sus enormes gastos, una parte importante de los cuales se dedica a sufragar el uso y la construcción de centros de datos para la inteligencia artificial.En la descripción de los hechos que hace la compañía de la manzana se señala que Chang Liu, que era ingeniero eléctrico de sistemas antes de irse a OpenAI, envió a una compañera de Apple en el que le decía: “Jajaja, he descubierto que puedo acceder al [almacenamiento en red], qué gracioso”. La narración de Apple, incluye que OpenAI distribuyó entre los empleados a los que iba a fichar un documento “de acceso restringido” con detalles sobre cómo evitar la expulsión inmediata de Apple después de presentar su notificación de que querían cesar. La idea era poder trabajar dos semanas más para poder seguir accediendo a información confidencial. Una película de espías.Sam Altman, al frente de OpenAI, tiene varios frentes judiciales abiertos JOHN MACDOUGALL / AFPLa única respuesta oficial de OpenAI a la demanda de Apple ha sido un comunicado vacío de su responsable de comunicación en la red social X: “no nos interesan los secretos comerciales de otras empresas. Seguimos centrados en desarrollar tecnología innovadora que empodere a las personas en todo el mundo”. Apple asegura en el escrito judicial que lo que ha descubierto hasta ahora es sólo la punta del iceberg y que “la fase de presentación de pruebas revelará que la apropiación indebida se ha producido a una escala muchas veces mayor que los varios casos descritos a continuación”. La entrada en un proceso judicial de este tipo puede complicarle mucho las cosas a OpenAI, que ya salvó un match ball con la demanda que le interpuso Elon Musk, Todavía está por resolver la que le puso The New York Times y, ahora esta de Apple.La denuncia ha reactivado el fuerte enfrentamiento entre Musk y Altman. El primero se ha burlado de su antiguo socio en OpenAI: “¡Después de robar una organización benéfica de IA de código abierto, ahora te has llevado toda la tecnología de los teléfonos de Apple! Vaya. ¿Qué tienes pensado para la siguiente? Eso es difícil de superar”. Altman, por su parte, le acusa de estar nervioso por los modelos de IA de su empresa y de engañar a los inversores de SpaceX. “Chico –respondió a la acusación de estafador –, tú eres el que está vendiendo a los inversores del mercado público los centros de datos espaciales a corto plazo”. Ya tarda una serie, de Apple TV, por supuesto, sobre toda esta historia.La IA puede afectar a numerosas profesiones Reve· Manifiesto Debemos actuar ya. La Universidad de Stanford ha organizado la presentación de un manifiesto titulado Must Act Now (Debemos actuar ya), firmado por más de 200 investigadores en IA y economistas, entre ellos 16 premios Nobel, que insta a los gobiernos a preparse para un cambio similar al de la Revolución Industrial. El texto, breve, señala que en los próximos 10 años, la IA “podría acarrear riesgos, como la pérdida de empleo a gran escala, así como oportunidades, como mejoras significativas en el nivel de vida”. Por eso pide “actuar ahora para comprender los aspectos económicos de la IA transformadora y crear los incentivos, las medidas de protección y las instituciones necesarias para orientar la IA en una dirección que complemente a los seres humanos y beneficie a la sociedad”.· OpenAI lanza la IA que conversa como un humano. OpenAI ha lanzado GPT-Live, su modelo de voz de última generación que hace que hablar con la inteligencia artificial “se parezca mucho más a una conversación real”, porque está diseñado con una arquitectura llamada full-duplex que hace que escuche y hable al mismo tiempo. “Durante las conversaciones, GPT‑Live puede demostrar que está prestando atención con expresiones como «ajá» o «claro», participar en intercambios rápidos o simplemente guardar silencio cuando necesitas un momento para pensar”, señala la compañía. Además de eliminar pausas incómodas, permite funciones como la traducción simultánea.Lee también· El inquietante subconsciente de la IA Claude. Anthropic ha descubierto una especie de pensamiento subconsciente en su IA Claude, que llama Espacio J, en referencia al procedimiento que utiliza para identificarlos, un concepto matemático llamado jacobiano. Entre los ejemplos, los investigadores pidieron al modelo que encontrara un error en una gran base de código, pero al no encontrarlo, se inventó uno falso. En su cadena de pensamiento, el razonamiento fue: “voy a probar con una táctica completamente diferente. Dejaré de analizar y, en su lugar, añadiré un parche al núcleo que introduzca un error deliberado detectable”. Cuando tomó esa decisión, las palabras “pánico” y “falso” aparecer varias veces en su Espacio J.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1996. Ha cubierto las áreas de Política, Deportes y Comunicación. Especializado en tecnología. Autor del libro 'Bicicletas para la mente' (Península)