A medida que aumentan las peticiones globales de un impuesto sobre el patrimonio cabe preguntarse hasta qu� punto son fiables son estas compilaciones y por qu� se han convertido en un pilar fundamental.Philip Beresford pens� que el duque de Devonshire se desmayar�a del susto, tal fue el largo silencio al otro lado del tel�fono.Por aquel entonces, Beresford era un joven reportero de la City en The Sunday Telegraph y hab�a llamado para comprobar las cifras que el peri�dico hab�a recopilado sobre los bienes del duque para la primera lista de las personas m�s ricas de Reino Unido. Despu�s de que un mayordomo le pasara el tel�fono al duque, Beresford le pregunt� cortesmente si estaba en lo cierto al pensar que su fortuna entre las tierras y las obras de arte ascend�a a 500 millones de libras."Hubo un silencio, y pude o�r un suspiro", recuerda Beresford. Luego, dijo alzando la voz �The Sunday Telegraph se dedica a esto? �Parece bolchevismo!".El proyecto se archiv� r�pidamente tras una reacci�n similar por parte de los incluidos en la lista. No fue hasta que Beresford se incorpor� a The Sunday Times varios a�os despu�s que la lista finalmente cobr� vida. "Ahora que lo pienso, fue una improvisaci�n total", asegura Beresford en relaci�n a la primera clasificaci�n, publicada en 1989. Pero fue un �xito instant�neo. "La tirada se dispar� un 18%, algo inaudito. Los dej� a todos boquiabiertos".Beresford lleva mucho tiempo jubilado, pero su creaci�n sigue vigente y no es la �nica publicaci�n de este tipo.Forbes publica la lista Forbes 400 de los estadounidenses m�s ricos desde 1982 y The World's Billionaires —que en 2026 contaba con 3,428 personas— desde 1987. Bloomberg actualiza diariamente su �ndice de 500 multimillonarios, mientras que el Hurun Report se especializa en seguir las r�pidas fluctuaciones de las fortunas chinas e indias. Decenas de medios de comunicaci�n de todo el mundo, desde Challenges en Francia hasta Wprost en Polonia, han lanzado sus propias versiones.Cada uno adopta una estrategia parecida para intentar cuantificar con precisi�n diversos activos: una minuciosa revisi�n de registros p�blicos, reportajes de campo y, en ocasiones, declaraciones voluntarias de los propios millonarios. Lo que comenz� como un formato ideado por los due�os de los medios para vender ejemplares ha evolucionado hasta convertirse en algo mucho m�s grande.Debido a que ofrecen una perspectiva �nica sobre la magnitud y la distribuci�n de la riqueza extrema, sus conclusiones son mencionadas por economistas, legisladores y activistas para ilustrar la creciente brecha entre los ricos y los obscenamente ricos.. Sin embargo, las listas nunca fueron dise�adas con ese prop�sito, y los cr�ticos afirman que ofrecen respuestas irrealmente f�ciles a preguntas complejas. Despu�s de que Elon Musk se convirtiera en el primer trillonario del mundo coincidiendo con las crecientes demandas de impuestos a la riqueza, la incomodidad en torno a las listas de los m�s ricos no har� m�s que aumentar.Resulta extra�o que, antes de la d�cada de 1980, a nadie se le hubiera ocurrido elaborar sistem�ticamente la lista de personas m�s ricas y publicarla.El materialismo descarado sigue presente en la forma en que se promocionan algunas listas de los m�s ricos. Sus sitios web est�n plagados de clich�s visuales: lingotes de oro, champ�n, coches deportivos de colores llamativos y para�sos fiscales ba�ados por el sol.Los art�culos que las acompa�an suelen estar dirigidos al lector ambicioso, con perfiles idealizados de las colecciones de arte, las mansiones de lujo o las dificultades de los multimillonarios en su infancia. "Queremos que la Lista de los 100 sea una lista anual... de 100 ejemplos que demuestren que el �xito es posible en Polonia", escribe Wprost. "C�mo repetir primer grado en el caso del fundador tecnol�gico Christian Beck no fue impedimento para que acabara materializando una salida a bolsa de 6.000 millones de d�lares", rezaba un titular reciente del Australian Financial Review.Estas listas, al menos en algunos casos, parecen haberse convertido en un instrumento para alimentar el ego de la �lite. La lista Forbes era una obsesi�n para Donald Trump antes de convertirse en presidente de Estados Unidos. Pas� a�os haciendo lo posible para mejorar su posici�n, incluso enga�ando a los periodistas sobre el tama�o de su �tico en Nueva York y utilizando a su alter ego, el agente de prensa "John Barron", para intentar convencer a los reporteros de la revista de que ganaba 50 millones de d�lares al a�o con su casino de Atlantic City.Por el contrario, la mayor�a de las personas adineradas con las que hablan los responsables de la elaboraci�n de las listas preferir�an no figurar en ellas."Siempre digo que, si nos fi�ramos de la palabra de los multimillonarios, habr�a cien personas en la lista Forbes 400, y Donald Trump ser�a la persona m�s rica del mundo", afirma Chase Peterson-Withorn, editor de Forbes que supervisa las clasificaciones.Trump no ha sido el �nico en su lucha por alcanzar una posici�n m�s alta, a�ade. Dos hermanos proporcionaron a Forbes un extracto bancario que mostraba una transferencia entre ellos para aumentar el patrimonio del receptor por encima del umbral de "multimillonario".Las listas de personas m�s ricas han adquirido recientemente un valor social secundario inesperado, pero de suma importancia: sus cifras se han convertido en un pilar fundamental de lo que realmente sabemos —o creemos saber— sobre la riqueza.Los economistas llevan tiempo lamentando que la falta de datos precisos sobre los superricos supone una importante deficiencia para la mayor�a de los gobiernos y agencias estad�sticas. Dado que suple esta deficiencia, los datos de las listas de personas m�s ricas han sido utilizados por pr�cticamente cualquier persona interesada en el tema: pol�ticos, economistas, ONG, organizaciones ben�ficas, agencias tributarias, modeladores financieros, centros de investigaci�n, periodistas, artistas y activistas.Oxfam ha utilizado las cifras de Forbes para poner de relieve la "pobreza injusta y la riqueza inmerecida del colonialismo". La periodista de datos Mona Chalabi gan� un Premio Pulitzer por ilustrar la magnitud de la riqueza de Jeff Bezos utilizando datos de Bloomberg. Watts afirma que las autoridades fiscales de Reino Unido han utilizado su lista como fuente, mientras que un comit� de diputados ha pedido a la Hacienda P�blica brit�nica que se base m�s en las cifras del Sunday Times.Google Scholar enumera m�s de 5,000 art�culos que mencionan alguna de las listas de Forbes, y cientos m�s citan a The Sunday Times, Bloomberg o Hurun. Entre ellos se incluyen estudios sobre c�mo la Gran Hambruna China de 1959-1961 afecta la creaci�n de riqueza en la actualidad, el boom de los multimillonarios checos, los pa�ses donde la riqueza tiene mayor influencia pol�tica y las representaciones visuales de los magnates en los medios de comunicaci�n.Estas listas aparecen en propuestas de pol�tica fiscal. El Banco de la Reserva Federal de San Francisco ha utilizado las cifras de Forbes para descifrar si los multimillonarios se mudan de estado para evitar los impuestos de sucesi�n. Gabriel Zucman, un influyente economista franc�s, ha recurrido a las mismas cifras en varios art�culos que abogan por impuestos sobre el patrimonio.Thomas Piketty incluso dedic� una secci�n de su exitoso libro de 2014, El capital en el siglo XXI, a analizar qu� pod�an aprender los economistas sobre la desigualdad a partir de estos rankings, aunque se mostr� esc�ptico respecto a sus m�ritos. "Los economistas, por regla general, no tienen mucho respeto por las clasificaciones de riqueza publicadas por las revistas... De hecho, estas son v�ctimas de importantes sesgos y graves problemas metodol�gicos (por decirlo educadamente). Pero, al menos, existen"No se puede culpar a los autores de las listas por la falta de transparencia respecto a esos l�mites. La mayor�a ofrece detalles sobre su metodolog�a, aunque a menudo en una p�gina aparte de la clasificaci�n principal.Bloomberg, por ejemplo, publica una puntuaci�n para cada estimaci�n que elabora su equipo. Cinco estrellas indican una fortuna invertida principalmente en empresas que cotizan en bolsa, o en la que el multimillonario en cuesti�n proporcion� informaci�n directa sobre su patrimonio, mientras que una estrella indica un patrimonio almacenado en activos privados opacos y de gesti�n cerrada. En el momento de la publicaci�n, tras la salida a bolsa de SpaceX, su estimaci�n de la fortuna de Musk, de 876.000 millones de d�lares, obtuvo tres estrellas."En caso de que no podamos confiar en una estimaci�n por tener muy pocos datos, no utilizamos esos datos y explicamos al lector o usuario que esta valoraci�n incluye �nicamente, por ejemplo, las acciones cotizadas [de una empresa]", afirma Sree Vidya Bhaktavatsalam, responsable editorial del departamento de Bloomberg News que incluye las listas de los m�s ricos.Esto deja algunas lagunas. Matthew Haddow, que dirige el equipo de an�lisis y valoraciones de la firma de contabilidad Menzies, afirma que parte del problema radica en que las clasificaciones generan la necesidad de presentar cifras muy precisas que se basan en estimaciones inciertas. En cambio, las valoraciones patrimoniales elaboradas por un contable con fines legales suelen presentarse como un rango.La valoraci�n de empresas privadas es un verdadero quebradero de cabeza para quienes elaboran estas listas. Normalmente, se comparan con empresas similares del sector, pero los precios pueden depender de cientos de variables.En algunos casos, las enormes fluctuaciones en la riqueza entre las distintas ediciones de una lista de los m�s ricos pueden deberse m�s a un ajuste en alguno de esos criterios de valoraci�n que a un cambio real en la fortuna. Por ejemplo, la reina Isabel II fue excluida de la lista de The Sunday Times despu�s de que Beresford decidiera excluir la colecci�n de arte real de su patrimonio personal. Liam y Noel Gallagher entraron en la lista este a�o despu�s de que la exitosa gira mundial de Oasis el a�o pasado disparara el valor de su discograf�a. Noel Gallagher declar� a una emisora de radio que tendr�a que llamar a su contable tras leer su entrada en la lista, "porque estoy convencido de que no tengo tanto dinero".M�s grave a�n, como se�al� Piketty, la riqueza din�stica podr�a estar siendo subestimada. Las listas se basan en grandes participaciones p�blicas, por lo que la riqueza concentrada —la de Mark Zuckerberg est� estrechamente ligada al precio de las acciones de Meta— es m�s f�cil de detectar. Estos estudios son menos eficaces para reflejar la diversificaci�n de activos com�n en las extensas fortunas familiares.Adem�s, existen miles de millones de d�lares desconocidos ocultos en para�sos fiscales, fideicomisos ciegos u otros rincones oscuros del sistema financiero global, a menudo gestionados por una compleja red de gestores de patrimonio y empresas fantasma.Christopher Harborne, que ha donado millones de libras al partido populista de derecha Reform en Reino Unido, figur� este a�o en la lista de los m�s ricos del Sunday Times principalmente gracias a sus inversiones en criptomonedas. Al parecer, lo que no quedaba reflejado en ning�n momento era la compa��a de combustible de aviaci�n con la que amas� su fortuna, ya que The Sunday Times no pudo acceder a sus cuentas. Su valor para Harborne podr�a ser de varios millones de libras.La riqueza pol�tica y real es otro punto ciego, afirma Rupert Hoogewerf, fundador del Hurun Report. "�C�mo se cuantifica la riqueza de los l�deres de grandes pa�ses que llevan muchos a�os en el poder? Es muy dif�cil, porque este tipo de personas hacen todo lo posible por ocultarla... Forbes no puede hacerlo, nosotros tampoco, Bloomberg no puede hacerlo". En su opini�n, entre la riqueza pol�tica y las criptomonedas, faltan al menos "un par de billones" en las listas de los m�s ricos del mundo.La cuesti�n de la precisi�n cobrar� m�s importancia a medida que aumenten las demandas pol�ticas de un mayor control de las fortunas privadas.En noviembre, California votar� sobre un impuesto �nico del 5 % a los multimillonarios para gravar las fortunas de los residentes con m�s de 1.000 millones de d�lares en activos (lo que plantea la cuesti�n de c�mo decidir a qui�n se aplica). En Reino Unido, Wes Streeting, destacado pol�tico laborista, y el Partido Verde han propuesto introducir impuestos sobre el patrimonio. Propuestas similares han ido ganando terreno en Australia y Sud�frica, mientras que Brasil public� recientemente un esbozo de un impuesto sobre las grandes fortunas.Si estas propuestas se concretan, los medios de comunicaci�n que publican una de las pocas fuentes sobre dicha riqueza podr�an verse sometidos a mucha m�s presi�n que antes.En China, el Informe Hurun ha sido calificado como una "lista negra" por el rumor de que las autoridades lo utilizan para detectar a los evasores fiscales. Un estudio revel� que figurar en la lista casi triplicaba el riesgo de que los empresarios fueran detenidos o investigados. (Hoogewerf lo refuta y explica que menos del 1,2 % de las personas incluidas en la lista han tenido problemas de este tipo).Aunque es poco probable que esto ocurra en una democracia occidental, la posibilidad de introducir m�s impuestos podr�a hacer que los ricos se muestren m�s en contra de colaborar con quienes elaboran las listas, lo cual representa un problema no solo para las listas en s�, sino tambi�n para cualquier investigaci�n futura que pretenda utilizarlas.Algunos compiladores se han resignado al papel de las listas de personas ricas en la pol�tica. "Sin parecer demasiado pretencioso, creo que es importante en una democracia controlar d�nde reside la riqueza y d�nde se acumula", afirma Watts. "No estamos en el �mbito de la perfecci�n. Estamos en el �mbito de hacer el mejor trabajo posible".Pero otros cuestionan si se nos est� dando una falsa idea de c�mo funciona esa riqueza, o incluso si existe un problema filos�fico al preguntar cu�nto vale una persona: si realmente puede existir una cifra que capture la riqueza de una persona. "No es posible conocer la cantidad total de riqueza. "�Qu� significa exactamente poseer riqueza cuando existe tanta complejidad?" concluye William Davies, profesor de econom�a pol�tica en Goldsmiths, la Universidad de Londres.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribuci�n, copia o modificaci�n. EXPANSI�N es el �nico responsable de esta traducci�n y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.