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Tras analizar uno de los fósiles de huevo del Cretácico tardío en China, los paleontólogos no encontraron restos embrionarios ni sedimentos, sino un interior revestido de minerales cristalizados. Según un estudio publicado en Journal of Palaeogeography, el huevo de dinosaurio se transformó en una geoda natural: una cavidad rocosa cerrada cuyas paredes están tapizadas de cristales.
El ejemplar procede de la Formación Chishan, en la cuenca de Qianshan, y permitió identificar una nueva especie de huevo: Shixingoolithus qianshanensis. Un estudio de la Universidad de Anhui determinó que tiene alrededor de 70 millones de años y confirmó su origen gracias al análisis de la microestructura de la cáscara.
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Para que se formen cristales dentro de un huevo fósil, se requiere un proceso gradual. Primero, el embrión se descompone y deja la cáscara vacía. Luego, el agua subterránea entra lentamente por microporos y fisuras y, con el tiempo, los minerales disueltos se precipitan para formar cristales de calcita que recubren el interior.







