América necesita producir y liberar unos 600 millones de moscas estériles cada semana para contener el avance del gusano barrenador del ganado entre Panamá y Estados Unidos, seis veces más de las que genera actualmente.

El desafío afecta a América Latina, una región que produce alrededor del 28% de la carne bovina consumida en el mundo y entre el 7% y el 10% de la leche, por lo que la expansión de la plaga puede tener consecuencias para la seguridad alimentaria más allá de las zonas ganaderas afectadas.

Ante el rebrote, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) pusieron en marcha un proyecto para reforzar el control de la plaga en Centroamérica, México y Estados Unidos mediante la técnica del insecto estéril.

La estrategia consiste en criar larvas de la mosca causante de la enfermedad y someterlas a radiación para volverlas estériles, sin matarlas ni alterar las características que necesitan para competir con los ejemplares silvestres, lo que representa una ventaja frente al uso extensivo de plaguicidas.

Así, el proyecto contempla optimizar esa tecnología, capacitar a los países y acompañar su aplicación con vigilancia epidemiológica, diagnóstico veterinario, bioseguridad y trabajo directo con los productores, explicó el oficial de Ganadería Sostenible de la FAO, Andrés González Serrano.