El rescate de Hernán Gil, quien permaneció atrapado durante cinco días bajo los escombros de un edificio colapsado en La Guaira, Venezuela, representó una de las operaciones de ingeniería humanitaria más complejas y dramáticas realizadas por las brigadas internacionales que acudieron a la zona de desastre tras el doble terremoto que azotó a la nación sudamericana.
Efectivos de la Cruz Roja Mexicana que participaron de forma directa en las maniobras revelaron que el éxito del operativo radicó en una coordinación permanente con delegaciones extranjeras, jornadas extenuantes de remoción manual de losas de concreto y el papel protagónico de los binomios caninos especializados en la localización de sobrevivientes.
Marco Antonio Franco, subcoordinador nacional de Socorros y líder del equipo de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR, por sus siglas en inglés) de la Cruz Roja Mexicana, detalló que el edificio multifamiliar presentaba un riesgo latente de colapso total.
"Era un rescate sumamente técnico.
El edificio estaba muy inestable, seguía moviéndose con las réplicas y también había riesgo de que las construcciones contiguas cayeran sobre nosotros mientras trabajábamos", relató el especialista.






