Hace exactamente 40 a�os, Antonio Fidel Holgado, un chaval de 20 a�os, guardia civil, se dispon�a a convertirse en h�roe involuntario y muy a su pesar. Se mont�, junto a otros 69 compa�eros, en el convoy que sal�a de la Escuela de Tr�fico de Pr�ncipe de Vergara de Madrid con destino a unas pr�cticas de moto en la Venta de la Rubia y a la altura de la plaza de Rep�blica Dominicana, apenas unos 500 metros despu�s de que arrancaran, el infierno se hizo carne. Su cuerpo rezumaba sangre, ten�a la masa encef�lica de uno de sus compa�eros por todo el pecho y sus dos amigos m�s queridos hab�an quedado despedazados por el coche bomba que el etarra Domingo Troiti�o hab�a hecho estallar al paso de la comitiva y que conten�a, en cinco ollas, 35 kilos de goma-2 reforzada con torniller�a, metralla y restos de cadenas cuyo objetivo era destrozar con sa�a y con crueldad consciente lo que el explosivo no hab�a podido destruir. La vida de los doce j�venes asesinados por el comando Madrid de ETA, en el atentado m�s brutal sufrido por la Guardia Civil con el que la organizaci�n terrorista inaugur� una s�rdida estrategia, el testimonio de todos los que quedaron heridos, el dolor de sus familias, vienen recogidos en este 40 aniversario en una emocionante exposici�n organizada por el Centro Memorial de V�ctimas del terrorismo y por la Fundaci�n de V�ctimas del Terrorismo titulado 1986. Plaza de la Rep�blica Dominicana. 12 vidas, una herida permanente, que lucha contra el olvido y por dejar en su justo lugar en la historia de este pa�s a los asesinados.Uno de los supervivientes de aquel atentado que dej� el centro de Madrid como si fuese un escenario de guerra, resume con precisi�n, en el documental elaborado por ambas instituciones, quienes fueron y quienes son aquellos j�venes que, vivos o muertos, vieron truncada su vida para siempre: "H�roes y baluartes de una sociedad a la que han ayudado a apuntalar su sistema de convivencia y de valores". Sin embargo, lo cierto es que, hasta celebrarse este reconocimiento, nadie les hab�a tratado as� ni de lejos. Al contrario. En aquellos a�os, nadie les llam�, ni les atendi�, ni por supuesto les reconoci� nada. Se les enterr� y ya est�. "Hemos sido los grandes olvidados", afirma Antonio Fidel a Cr�nica. "Fue peor la incomprensi�n, que el mismo atentado", resumir� Juan Jos� Anta.Evacuaci�n de los heridos en el atentado de ETA contra un autob�s de guardias civiles, en la Plaza de la Rep�blica Dominicana de Madrid, el 14 de julio de 1986.Luis LavinEFERespecto a estos a�os, entre los supervivientes queda una sensaci�n de incredulidad y de amargura, que tambi�n viene recogida en el documental de la exposici�n. Por dos principales motivos. El primero, por el comportamiento de los gobiernos con los presos de la organizaci�n terrorista. El hecho de que, a pesar de las condenas de casi 3000 a�os que les cayeron a los autores, De Juana Chaos "cumpliese menos de un a�o de prisi�n por asesinado y despu�s lograra escaparse a Venezuela". Que el propio Troiti�o, "se escapase a Reino Unido por una contabilizaci�n err�nea de condena y pudiese seguir militando desde all� antes de ser detenido de nuevo". Que el arrepentido Soares Gamboa "s�lo estuviese siete a�os en prisi�n". Que In�s del R�o pudiese "salir antes por la anulaci�n de la Doctrina Parot y ahora se dedique a hacer footing para curar su depresi�n". Que Idoia L�pez Ria�o, se haya podido acoger a beneficios "escribiendo una carta rid�cula de no arrepentimiento que ni ella se cree".Hay un testimonio especialmente duro sobre este aspecto, y es el de Manuela Lanchano, la hermana de Antonio, uno los j�venes asesinados. Manuela, que entonces ten�a 17 a�os, cuenta c�mo la tarde anterior a ese 14 de julio maldito tuvo una premonici�n. Tras pasar el fin de semana con su familia, Antonio tuvo que regresar a Madrid para incorporarse, pero volvi� cuando apenas hab�a cubierto la distancia hasta el pueblo m�s pr�ximo porque no estaba seguro de haberse despedido de todos. Ella qued� llorando durante horas. Cuando a�os despu�s, el Gobierno de Rodr�guez Zapatero, en la negociaci�n con ETA, excarcel� a De Juana Chaos, ella recuerda c�mo el ministro del Interior les asegur� que a De Juana le quedaba poco de vida y c�mo su padre se sinti� manipulado y sorprendentemente culpable. "Falleci� en 2009. No soport� haber votado al que dej� escapar al asesino de su hijo. Se sinti� muy mal. Y luego le vimos pavonearse de que hab�a acabado con ETA y nos pareci� intr�nsecamente perverso".El otro motivo de amargura es el pacto del Gobierno con EH-Bildu, que consideran una humillaci�n y una revictimizaci�n. "Nunca pens� que esto fuera a pasar. Que hayan sido capaces de pactar con el demonio para conveniencia de los de siempre. Es decepcionante. ETA fue derrotada por la Guardia Civil y el Gobierno les ha dado un arma pol�tica", se�ala Juan Jos� Anta.En el documental de la exposici�n, algunos de los supervivientes cuentan c�mo todos ellos eran buenos amigos porque, aun siendo tan j�venes, llevaban compartiendo trayectoria en la Academia de Acceso de la Guardia Civil, en la de Acceso a la Profesional y a la de Tr�fico. Cuentan c�mo hab�an regresado ese lunes de estar con sus familias (uno ven�a de disfrutar de hija de ocho meses) desde todas las partes de Espa�a. Relatan cu�les eran sus sue�os y sus aspiraciones, sus motivos para estar en la Guardia Civil. Unos por vocaci�n de servicio, otros buscando una salida profesional y otros porque ten�an pensado prosperar en la vida militar.Estado en el que qued� la Plaza de la Rep�blica Dominicana tras el atentado de ETA contra el autob�s de la Guardia Civil.Luis LavinEFEExplican lo inexplicable. El gesto que les libr� de la muerte segura cuando lleg� "el Apocalipsis". El amigo al que hab�an prestado un dinero para que pudiera ir a Alicante a ver a sus padres porque no ten�a y que luego le salv� la vida al empe�arse en que se cambiase de asiento para estar a su lado. El compa�ero que par� con su cuerpo la torniller�a que pod�a haberle atravesado. El silencio inexplicable y sobrecogedor tras la explosi�n. El olor a combustible y a carne quemada que han vuelto a sentir despu�s, aunque no hubiese hombres quem�ndose a su alrededor. Son historias de hombres decentes que se lamentan de no haber podido dar las gracias a quienes les salvaron. Uno de ellos recuerda al propietario del Citro�n azul que le traslad� al Hospital La Paz, al que nunca conoci�. Todav�a hoy siente no haber podido pedirle perd�n por dajarlelos asientos perdidos de sangre.Los supervivientes cuentan con m�s discreci�n las miserias posteriores. "Chaval, no eres ning�n h�roe", le dijo un alto mando a Antonio Fidel Holgado en contra de toda evidencia y le puso, como al resto, a patrullar. A muchos de los heridos por el atentado les mandaron a trabajar al Pa�s Vasco apenas se recuperaron. Holgado consigui� impedirlo para s� y para los compa�eros que a�n no hab�an sido desplazados mandando una instancia y someti�ndose, por exigencia, a un tribunal m�dico para demostrar su incompatibilidad con el servicio en el lugar donde ETA m�s partidarios ten�a. Cobraba 2.100 euros cuando tuvo que pedir la baja por estr�s en 2017 y le dejaron el sueldo en 1.700. Tuvo que pleitear la diferencia. As� pues, cuentan con m�s discreci�n las pastillas, la ansiedad, la impotencia que les gener� todo aquello de lo que no hablaron hasta pasados muchos a�os y para lo que se tuvieron que pagar su propio soporte m�dico. Y, a pesar de todo, destaca su convicci�n de que la venganza s�lo hubiese generado una espiral de violencia y hubiese ido en contra de los principios democr�ticos que ellos defienden.Entre sus mensajes hay varias peticiones planteadas con mucha serenidad, pero con el desasosiego de quienes ven que la acci�n pol�tica va por el camino contrario: "Que se deslegitime el terrorismo", "que no se blanquee la historia de lo ocurrido durante 40 a�os con el terrorismo de ETA", "que se cuente la historia tal como fue. Con unos verdugos y unas v�ctimas"; que se haga todo lo posible por resolver los m�s de 300 asesinatos cuyos autores se desconocen; "que se deje claro que no exist�a ning�n conflicto armado entre el Estado y el pueblo vasco", y, sobre todo, que se recuerde "el honor con el que murieron los compa�eros y que no caigan en el olvido".Para sorpresa de nadie, la exposici�n no tendr� como sede el Congreso de los Diputados ni el Senado, que est�n en otras cosas. El Memorial y la Fundaci�n han ubicado muy propiamente su inicio en el Colegio de Hu�rfanos de la Guardia Civil, en septiembre estar� en el Centro C�vico Nicol�s Salmer�n y luego pasar� por Elche, Vitoria, Logro�o y M�rida.