El Gobierno nacional decidió poner sobre la mesa los traumas económicos más profundos de la historia reciente para justificar su nueva hoja de ruta. Con un discurso crudo y sin medias tintas, el vocero presidencial, Adrián Ravier, advirtió desde la Casa Rosada sobre el riesgo latente de un cambio de ciclo político que tire por la borda el plan de estabilización actual. Bajo la premisa de que Javier Milei dejará el sillón de Rivadavia en algún momento, el funcionario blanqueó que las reformas estructurales que impulsa el oficialismo buscan convertirse en un cerrojo institucional para evitar que un futuro gobierno "se quede con los ahorros de la gente". El centro de esta estrategia defensiva es la modificación radical de la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina (BCRA). La iniciativa libertaria pretende sacarle a la entidad cualquier función extra y devolverle un único mandato innegociable: preservar el valor de la moneda. Para el Ejecutivo, garantizar la independencia absoluta de la institución respecto del poder político de turno es el único remedio efectivo para terminar con la volatilidad.
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