Las olas de calor extremo que golpearon Europa occidental el mes pasado han dejado más de 10.000 muertes por encima de lo esperado para ese periodo, según los datos publicados por EuroMOMO, el observatorio de vigilancia de mortalidad de la UE. Más de 9.000 fallecimientos correspondieron a personas mayores de 64 años, el grupo más vulnerable ante las temperaturas extremas, que pueden agravar dolencias respiratorias y cardiovasculares. PublicidadLos registros europeos, recopilados a partir de estadísticas de 27 países, incluyen el exceso de mortandad por todas las causas durante la semana de mayor impacto, no únicamente las muertes certificadas como directamente relacionadas con el calor. "Es inusual que se produzca este tipo de exceso en esta época del año. Es una cifra verdaderamente elevada", señaló a Reuters Lasse Vestergaard, médico jefe del Statens Serum Institut de Dinamarca y responsable de EuroMOMO, citado por La Vanguardia. "Es difícil explicar este elevado exceso de mortalidad por otra causa que no sea el calor extremo", añade el experto.Los científicos que han analizado las sucesivas olas de calor sostienen que habrían sido "prácticamente imposibles" sin la influencia del cambio climático, según recoge la web del canal francés Euronews a partir del trabajo del grupo World Weather Attribution. Las muertes se produjeron en un contexto de temperaturas récord en varios países europeos y de una intensificación de los fenómenos extremos vinculados al incremento de la temperatura de la Tierra.2.056 muertes adicionales en EspañaEspaña registró también un aumento significativo de la mortalidad atribuible al calor. Según los datos del sistema MoMo, coordinado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), entre el 15 de mayo y el 12 de julio de 2026 se contabilizaron 2.056 fallecimientos atribuibles a las altas temperaturas, casi el doble que en el mismo período del año pasado.El investigador del ISCIII Julio Díaz, citado por el periódico catalán, explica que la cifra debe interpretarse teniendo en cuenta la intensidad de la ola de calor y otros factores asociados, como la contaminación atmosférica. "Lo que más mata en verano es el dióxido de nitrógeno", afirma Díaz, que sostiene que parte de la mortalidad atribuida al calor puede estar relacionada también con contaminantes como el ozono y las partículas en suspensión.PublicidadFrancia es uno de los países más afectados según la agencia Santé Publique France, desde el 24 de junio se registraron alrededor de 1.000 muertes adicionales respecto a los niveles habituales durante la ola de calor, aunque las autoridades advirtieron de que se trataba de una cifra provisional. El organismo dependiente del Ministerio de Sanidad francés indica que el 85% de los fallecimientos correspondían a mayores de 65 años y que el incremento fue especialmente acusado en las regiones sometidas a alerta roja.La evidencia científica acumulada apunta a que episodios similares serán cada vez más peligrosos si continúan aumentando las temperaturas. Así lo certifica un estudio publicado el año pasado en Nature Climate Change, que analizó cómo habrían afectado al continente algunas de las grandes olas de calor de las últimas décadas bajo las condiciones climáticas actuales. Christopher Callahan, autor principal del trabajo, señaló que "si los mismos eventos meteorológicos tuvieran lugar después de haber atrapado mucho más calor en la atmósfera con gases de efecto invernadero, la intensidad de las olas de calor se vuelve mayor y el número de muertes aumenta".PublicidadAdaptación insuficienteLos investigadores advierten también de que la adaptación de los países europeos sigue siendo insuficiente para afrontar episodios extremos. Según el citado estudio, las medidas actuales solo permitirían evitar una parte limitada de las muertes atribuibles al calor. Marshall Burke, profesor de Ciencias Sociales Ambientales en la Universidad de Stanford y coautor del trabajo, resumió el problema al afirmar que "gran parte del exceso de muertes se debe a que estamos tremendamente poco preparados para estos episodios". La prevención, según los expertos, pasa por mejorar la protección de los grupos vulnerables, adaptar las viviendas y reforzar las medidas sanitarias ante un escenario de calor extremo cada vez más frecuente.