De mis notasCada vez son más los países donde mueren más personas de las que nacen.
En marzo de 2023, dos adolescentes japoneses caminaron por última vez hacia su escuela en la pequeña aldea de Ten-ei, prefectura de Fukushima. Se llamaban Eita Sato y Aoi Hoshi. Eran los únicos alumnos que se graduaban ese año. Al recibir sus diplomas, la Escuela Secundaria Yumoto cerró definitivamente sus puertas después de 76 años de historia. El cierre no fue por falta de maestros ni de presupuesto. Cerró porque simplemente ya no quedaban niños.
Esa escena, documentada por Reuters, resume uno de los mayores cambios de nuestro tiempo. La estuve investigando a raíz de un libro de Paui Morland sobre demografía que me impactó mucho.
Durante décadas, el mundo temió la explosión demográfica. Medio siglo después, el demógrafo británico Paul Morland publicó su obra No one left. Why the World Needs More Children (2024), que sostiene exactamente lo contrario: el gran desafío del siglo XXI no será que sobren personas, sino que falten.
China lo está comprobando. El país que durante años limitó los nacimientos intenta ahora convencer a sus jóvenes de tener más hijos. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, en 2025 nacieron 7.92 millones de niños —así como lo oye—; en una población de mil 400 millones, murieron 11.31 millones de personas. En un solo año perdió 3.39 millones de habitantes, y más de 321 millones de chinos ya superan los 60 años. Algunos hospitales incluso han cerrado sus servicios de obstetricia porque ya no nacen suficientes bebés para mantenerlos abiertos.








