La madrugada del 19 de junio, Andy Burnham, el aspirante a primer ministro del Reino Unido, celebró su victoria electoral flanqueado por los demás candidatos en un distrito del norte de Inglaterra, que, como es tradición, escuchaban juntos los resultados. Uno iba disfrazado de zorro. Otro llevaba un cubo de basura metálico sobre la cabeza.

Es una escena habitual en las noches electorales del Reino Unido, donde cualquier británico mayor de edad puede ser candidato si paga 500 libras (unos 580 euros) de depósito y tiene 10 firmas de apoyo en el distrito donde se presenta. Ser candidato garantiza un puesto en el escenario mientras se leen los resultados. Las campañas simbólicas y humorísticas se repiten desde los años 70, pero suelen obtener unos pocos centenares de votos. Eso puede cambiar el 13 de agosto.