Hace 12 días que el slogan de Flybondi “la libertad de volar” ha quedado viejo. Desde hace casi dos semanas que no vuela la compañía de Leonardo Scatturice, el empresario de ascenso fulgurante y estrecho lazo con el asesor presidencial Santiago Caputo. En la firma, que en marzo pasado ofreció retiro voluntario a sus 1.500 empleados, se ha cerrado el área de comunicación y nadie informa por qué ya no despega ni aterriza, pero en el sector aeronáutico atribuyen la enésima crisis de la low cost fundada en 2018 al encarecimiento del combustible por la guerra de Irán.

Entre los empleados que quedan en Flybondi después del ajuste comentan que “técnicamente” están suspendidos todo este mes y hasta septiembre próximo, pero que “teóricamente” esta semana iban a volver a volar. Pese a que dejaron de operar en julio, todavía su página web sigue ofreciendo vuelos para mañana y los días posteriores, como si nada raro pasara.

Pero las agencias online de viajes han dejado de vender pasajes de la low cost hace tiempo, incluso antes de que dejara de volar. Es que ya venían profundizándose las cancelaciones, que ya eran frecuentes en el anterior gobierno, entonces con el argumento de que la escasez de dólares impedía abonar el alquiler de aviones. En el caso de Almundo, desde el 11 de junio que no ofrece tickets de Flybondi. En el de Despegar, desde mayo.