El primer chapuzón del verano exige una puesta a punto del famoso dos piezas con nuevos escotes, colores, estampados y una silueta inesperada
Es el gran enigma del verano. Si en materia de una pieza está claro que las rayas en blanco y negro son las ganadoras indiscutibles de la partida (con otras muchas alternativas a tener en cuenta en el traje de baño), el misticismo que rodea al bikini renueva temporada con más tendencias superlativas a su alrededor que otros veranos.
Con la paleta cromática más o menos definida (el fenómeno del color mantequilla se impone, junto a una larga lista de verdes como esmeralda, oliva o pistacho, además del púrpura y los omnipresentes negro y blanco roto), el color en bloque goza de buena salud siempre que lleve tiras a contraste. En cuestión de escotes, la ausencia de tiras conocida en el mundo anglosajón como strapless –o más comúnmente con el bandeau– sube puestos de manera vertiginosa, con el favorecedor balconette siguiéndole muy de cerca.
Pero si hablamos de una silueta clave para este 2026 esa es, sin duda, la que marca el regreso del bikini de cortinilla a nuestras vidas. Este diseño clásico de los años 80, reconocible por los triángulos ajustables que se deslizan por una tira en la prenda superior, vuelve con estampados bohemios como el tie-dye, los paramecios (alerta tendencia) o de manera minimal en el siempre infalible negro total de Calvin Klein.







