La Unión Europea ha convertido la electrificación en el eje de su estrategia de competitividad y descarbonización. España comparte ese objetivo y, de hecho, ha acelerado los procesos de planificación de las redes de transporte para adaptarlos a las nuevas necesidades industriales y energéticas. Sin embargo, existe una contradicción difícil de explicar: mientras la CNMC alerta de más de 10.000 millones de euros de inversiones en redes sin ejecutar y flexibiliza la planificación para responder con mayor rapidez a la demanda, las infraestructuras siguen acumulando retrasos que superan incluso un ciclo completo de planificación. El problema ya no es planificar; es que el modelo actual no garantiza que las redes se construyan cuando el país las necesita. Durante años se sostuvo que el gran cuello de botella de la transición energética era la planificación. Hoy esa explicación ya no sirve. La CNMC ha impulsado un marco regulatorio que obliga a iniciar una nueva planificación cada tres años, introducir modificaciones al menos cada dos y habilitar mecanismos de actualización técnica para responder con rapidez a proyectos industriales y nuevas necesidades de electrificación. Son avances positivos, pero insuficientes si las inversiones siguen sin ejecutarse. Los datos son elocuentes. Un informe elaborado por PwC sobre el País Vasco concluye que numerosas infraestructuras estratégicas acumulan retrasos de varios años, con una demora media cercana a los seis. Se trata de líneas y subestaciones imprescindibles para conectar nuevos consumos industriales, integrar energías renovables y garantizar el suministro. Mientras tanto, empresas que quieren electrificar sus procesos o ampliar su capacidad productiva descubren que la energía existe, pero la red no llega. Además de los 10.000 millones de euros pendientes, la tercera modificación de la planificación 2021-2026 incorpora otros 607 millones de euros destinados a reforzar la seguridad y la estabilidad del sistema. Es una paradoja: seguimos añadiendo nuevas actuaciones mientras buena parte de las anteriores continúa sin materializarse. Corremos el riesgo de que cada nueva planificación nazca condicionada por los incumplimientos de la anterior. Las consecuencias van más allá Las consecuencias van mucho más allá del sector eléctrico. La disponibilidad de capacidad de acceso a la red se ha convertido en un factor decisivo para atraer inversiones industriales. Centros de datos, plantas de hidrógeno, proyectos de almacenamiento, nuevas fábricas o instalaciones renovables dependen de que las infraestructuras eléctricas entren en servicio a tiempo. Cuando eso no ocurre, las inversiones se retrasan o terminan instalándose en otros países. La cuestión, por tanto, ya no es cuánto planificar, sino cómo garantizar que lo planificado se ejecute. Y aquí conviene mirar a Europa. La reforma del mercado eléctrico contempla la posibilidad de recurrir a procedimientos competitivos para desarrollar determinadas infraestructuras cuando ello resulte necesario para asegurar su construcción. No se trata de cuestionar el papel de Red Eléctrica como operador del sistema ni el carácter estratégico de la red de transporte. Se trata de evitar que la falta de ejecución de un único agente termine bloqueando la transición energética de todo un país. "España debe demostrar que también sabe construir las redes que hagan posible el despliegue de energías renovables" En esa dirección apunta la propuesta defendida por el PNV, que plantea introducir subastas para adjudicar aquellas infraestructuras de transporte ya planificadas pero que permanezcan sin ejecutar. El objetivo es sencillo: alinear los incentivos con los plazos, garantizar que las inversiones estratégicas se materialicen y evitar que proyectos industriales queden paralizados por retrasos acumulados. Si una infraestructura es esencial para la competitividad del país y no se desarrolla en el plazo previsto, debería poder ser construida por quien pueda hacerlo. España ha demostrado que puede liderar el despliegue de energías renovables. Ahora debe demostrar que también sabe construir las redes que las hagan posibles. Porque la transición energética ya no depende de aprobar más planes, sino de ejecutar las inversiones comprometidas. Mantener un modelo en el que la construcción de la red depende exclusivamente de un único actor puede haber sido razonable en otro contexto. Hoy, cuando Europa exige acelerar la electrificación y la competitividad industrial depende de disponer de infraestructuras a tiempo, introducir competencia mediante mecanismos de subastas no es una cuestión ideológica. Es, sencillamente, una cuestión de eficacia y de sentido común. *Maurici Trullas es el presidente de Foro Mercado Libre. La Unión Europea ha convertido la electrificación en el eje de su estrategia de competitividad y descarbonización. España comparte ese objetivo y, de hecho, ha acelerado los procesos de planificación de las redes de transporte para adaptarlos a las nuevas necesidades industriales y energéticas.